[Editorial] Nueva Región y año electoral

Por: 2016-03-07

En medio de un año que tendrá una alta intensidad política por las elecciones municipales -afectando y no pocas veces trastornando la marcha normal de las instituciones y la agenda local, las autoridades, instituciones y toda la sociedad civil que cree que Ñuble debe convertirse en Región tiene dos tareas prioritarias.

Una es seguir atentamente el proceso de análisis y discusión del proyecto de ley, aportando argumentos técnicos, sólidos y coherentes para resolver los nudos internos que han aparecido (básicamente, la nueva división administrativa y las capitales provinciales y el presupuesto fiscal), como también para enfrentar el rechazo que enfrentará entre parlamentarios que descreen de la su viabilidad y otros que se cuadrarán con intereses centralistas.

La otra prioridad, a no dudarlo, es persistir en el planeamiento estratégico y la creación de una masa crítica que aporte a definir el futuro de la nueva región. 

Ya en su condición de provincia, carecer de una estrategia de desarrollo le ha costado caro a Ñuble, que ha crecido más lento que el resto de la región y el país.

En efecto, este mal entendido laissez faire respecto de la marcha de nuestra territorio y el voluntarismo de sucesivas autoridades que han confiado en que una estrategia regional diseñada en Concepción y para los penquistas puede resolver nuestros problemas es culpable de indicadores como la mayor tasa de pobreza regional (Casen 2013), el promedio per cápita de ingresos más bajo del Bío Bío (Fundación Sol 2015) y de seis comunas que están muy arriba en el ranking de atraso y peor calidad de vida del país (PNUD 2014). 

Esta carencia también ha debilitado la gestión y consecuencia de ello es la inequidad de la inversión pública, con diferencias de hasta 600% entre las provincias de Concepción y Ñuble en las partidas presupuestarias de diferentes sectores y servicios públicos. 

Pero no sólo debe existir un rol activo de las autoridades provinciales para la creación de la estrategia, sino también una amplia participación de los distintos estamentos, de modo de generar desde un principio una estructura capaz de coordinar los esfuerzos públicos y privados hacia el objetivo central y fundamental como es elevar el crecimiento de Ñuble, que en términos comparativos e históricos se ha ido quedando peligrosamente rezagado.

En la estrategia deberán identificarse los lineamientos y programas que deben hacerse cargo de los puntos fundamentales del porqué las economías crecen en forma sostenida en el tiempo. Seminarios y talleres como los que han programado para este año las universidades de Concepción y del Bío Bío, lo mismo que el diario La Discusión, deberían aportar en este sentido y permitir comenzar a visualizar ejes centrales en áreas como la tecnología e innovación aplicada a la producción agrícola, la integración y conectividad territorial, la gestión pública, la energía y el medioambiente.

Además, y a propósito de la coyuntura electoral de este año, conviene también tener presente que las diferencias ideológicas no deben encontrar un eco favorable en este debate, muy por el contrario, ya que retrasan los procesos y generan incertidumbre en una discusión que es eminentemente técnica y que poco importa a la gran mayoría de los ñublensinos. Lo que sí importa es la continuidad de los esfuerzos y el liderazgo para construir una hoja de ruta que nos convoque a todos y sea impermeable e independiente del ciclo político. Hablamos de una visión de futuro que se gesta en el corazón de Ñuble y que para su éxito requiere de la continuidad y un esfuerzo sistemático y constante en el tiempo.
 

Galeria de articulo

Comentarios