[Editorial] El debate que nos falta

Por: Fotografía: Víctor Orellana 10:20 AM 2016-08-10

El costo de instalación de la nueva Región de Ñuble es el tema que actualmente ocupa a la Comisión de Gobierno Interior, Descentralización y Regionalización del Senado, que ayer escuchó a la Dirección de Presupuesto (Dipres), pero sin quedar conforme con lo expuesto, pues varios de los parlamentarios que la integran dudan de la pertinencia de los números presentados. 

Si bien el informe presentado actualizó y complementó las cifras (de $17 mil millones, el gasto aumentó a casi $19 mil millones para el primer año de instalación, ya que se incluyeron los costos asociados al Ministerio Público), la pregunta del senador UDI Víctor Pérez, respecto de cómo se llegó a dicha cifra, no pudo ser contestada. De esta forma, la próxima semana la Dipres deberá aclarar las dudas sobre un tema que es clave para un buen inicio de la nueva unidad político-administrativa.  
Sin embargo y pese a su importancia, no son los recursos para el funcionamiento del aparato público lo que debería preocuparnos, sino la capacidad que tendrá Ñuble para avanzar en cuestiones que no dependen de la billetera fiscal, como la capacidad de atraer inversiones y capital humano calificado, crear emprendimientos y generar capacidades para agregar valor a la producción. 

Existe consenso entre los expertos en que la creación de la Región de Ñuble no garantiza por sí sola un mayor crecimiento económico, sin embargo, constituye una oportunidad de abordar con una mirada local y asociativa entre el sector público y el privado, las definiciones en torno al desarrollo que se quiere para esta provincia. 
En otras palabras, si bien se da por descontado que la instalación de la nueva región traerá consigo una mayor inversión pública, para que ésta tenga un efecto multiplicador en la inversión privada, debe focalizarse en aquellas áreas definidas previamente por una planificación del desarrollo territorial. 
Para ello hay recursos. El Gobierno recientemente destinó 50 millones de pesos a la elaboración de la futura estrategia de desarrollo, a fin de que Ñuble tenga una hoja de ruta definida cuando se convierta en la décima sexta región del país, lo que podría ocurrir el primer semestre del próximo año. 

Para ello, es necesario que dicha planificación responda a una estrategia común, surgida del diálogo entre todos los actores de Ñuble, y no de la burocracia actual, pues en tal caso se trataría de una mera réplica del centralismo nacional y regional que hoy ahoga a la provincia. 

Efectivamente, contar con mayores recursos públicos para apalancar el desarrollo local es muy positivo, pero los nuevos proyectos que se financien deben tener un objetivo estratégico definido a partir del diálogo entre los alcaldes, la comunidad, las universidades y las empresas, ya que así se podrá construir una región que dé respuesta a las actuales demandas por una mejor calidad de vida para sus habitantes. 

Ñuble tiene una oportunidad enorme para dar un giro y establecer una carta de navegación que proyecte nuestro futuro sobre las bases de una nueva economía, más sustentable e innovadora. Es deber entonces de las actuales autoridades promover la necesaria discusión en torno a una estrategia de desarrollo que convoque a la clase política, a la sociedad civil en su conjunto y por supuesto a los empresarios que a fin de cuentas son los responsables de asumir riesgos, capacidad de inversión y creatividad frente a los desafíos de este nuevo período. 

 

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