La alegría del amor

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2016-08-08
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

Enseñar y cuidar el amor es el mensaje que el Papa Francisco nos regala en su Exhortación Apostólica “Amoris Laetitia”. En su estilo sencillo y directo, el Papa ilumina nuestras mentes y enciende corazones invitando a un renovado esfuerzo por fortalecer a la familia y volver a ponerla como el lugar donde la existencia humana alcanza plenitud. El sínodo de la familia, con un método transparente y participativo, permitió un nutrido compartir sobre temas en los que no hay un acuerdo absoluto dentro de la Iglesia, como es el matrimonio homosexual, la comunión de los separados vueltos a casar y otras realidades que presentan nuevas formas de vida familiar.

Más allá de ofrecer cambios de doctrina, con una clara orientación pastoral, el documento del Papa nos invita a caminar por el sendero del amor auténtico, como si fuera una larga conversación que devuelve la alegría del amor. Las palabras del Papa nos hacen muy bien, en un tiempo en que cuestionamos y dudamos de los grandes principios humanos que son parte del corazón de la sociedad, pues nos recuerda que la vida familiar surge del matrimonio y se prolonga hasta el final de la vida en este mundo conduciendo a sus miembros por el camino hacia el pleno bienestar, cultivando la misericordia y la acogida para conducir a la felicidad.

Con su estilo paternal y humilde, Francisco nos dice que es en la familia donde la buena convivencia se aprende y cultiva, como si fuera en la escuela la asignatura fundamental. Que, como en cualquier experiencia de aprendizaje, habrá dificultades que superar, pero también ayudas para alcanzar el proyecto del amor. Por otra parte, la generación y educación de los hijos, requiere del matrimonio aprender a ser padre y madre, y responsables en la educación de sus hijos. El Papa destaca el ejercicio de la sexualidad como elemento fundamental de la vida matrimonial, que más allá del placer egoísta, implica dominio de sí mismo, apertura a recibir la vida humana como su fruto, al mismo tiempo que debe ser valorada en sí misma. 

El paso del tiempo requiere lo que el Papa llama “reinventarse” en cada etapa de la vida de forma que, aunque los años lleguen, el amor auténtico no se envejece. Termina Francisco destacando la importancia del carácter abierto de la vida en familia, que se hace realidad cuando la familia es capaz de tejer relaciones con otras familias, en amistad, vecindad, preocupación por el otro, y generosidad, haciéndose testigos del evangelio de la familia. 

En el contexto de la familia chilena de hoy, inserta en una situación de cambio de lo conocido y tradicional a nuevas expresiones de convivencia, el documento de Francisco nos interpela a todos, dentro y fuera de la Iglesia, para cultivar vínculos profundos y significativos que fortalezcan la vida familiar y nos ayuden a enfrentar airosos la tendencia al individualismo que conduce al aislamiento y la soledad. 

La invitación es a valorar lo bueno que hay en cada situación familiar, con una mirada global que integre a la “familia grande”, con todos sus miembros, padres, niños, adultos mayores, parientes, madres solteras, discapacitados, etc., enseñando y cuidando el amor para que la familia sea fermento de una sociedad más plena y feliz.

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