Disparar a las AFP no es buen criterio

Por: Marcos Delucchi Fonck 2016-08-01
Marcos Delucchi Fonck

Director de la Universidad de Concepción.

Presidente Comisión de Energía, Colegio de Ingenieros.

Director de la Corporación Cultural de la Universidad de Concepción.

Director de la Incubadora de Empresas de la Universidad del Bio Bio.

Director de la Incubadora de Empresas de la Universidad de Concepción sede Chillán.

Director del Centro de Biotecnología de Concepción.

Director Diario La Discusión de Chillán.

Miembro del Consejo Superior de Innova Biobio

Miembro del Directorio de Bosques para Chile.

Miembro Comité de Atracción de Inversiones Extranjeras, CORFO

Han producido escándalo unas 50 pensiones muy altas a funcionarios de Gendarmería, al compararlas con las pensiones que entrega el sistema de AFP, lo que ha dado fuerza mediática al desacertado movimiento “No + AFP”.

Es un movimiento irreflexivo y populista, pues sus dirigentes desinforman a la población, desviando la atención del problema principal. Enmascaran que los sistemas de reparto son vulnerables a abusos por quienes administran desde el Estado los fondos previsionales y sostienen que éste es mejor que el sistema de capitalización individual.

Es bien sabido que las pensiones del sistema de AFP son bajas y en muchos casos indignas. Como en Chile tenemos un sistema mixto de seguridad social, podemos comparar los resultados de ambos sistemas. En el sistema de reparto existe hoy un pago de 1,3 millones de pensiones relativamente estable en los últimos años, con un costo para el erario nacional de 0,7% del PGB, es decir casi US$3.000 millones o dos veces el presupuesto dedicado a Investigación y Desarrollo. 

De estas cifras se desprende que la pensión promedio es de casi US$200 al mes, es decir menos de $150.000 mensual, lo cual está lejos de ser digno. Conozco el caso de una esforzada mujer que trabajó toda su vida como empleada doméstica donde se le impuso por el mínimo y logró una pensión de $120.000 mensual, por tanto sigue trabajando a los 60 años en el mismo oficio. Por otro lado un distinguido médico otorrinolaringólogo, ex jefe de Servicio del Hospital más grande de Chile y profesor universitario, obtiene una pensión mensual de $550.000.

En el sistema de capitalización individual, no existe carga fiscal. Un millón de pensiones empezarán a crecer rápidamente en los próximos años. Quien no ha tenido lagunas previsionales y tuvo la suerte de imponer toda su vida activa hasta los 65 años en el tope imponible, que por muchos años fue de 60 UF recibe una pensión líquida de 61 UF. Por cierto, esta maravilla no se repetirá, pues en los próximos años la tasa de interés permanecerá baja. Esto lo atestigua el caso de este columnista. De las 61 UF, 40 fueron aportadas por la administración de las AFP y 20 por el 10% del sueldo base.

Pero el imponente común tiene lagunas y consiguientes pensiones similares al sueldo mínimo, por tanto no son dignas. Recordemos que las pensiones en el sistema de capitalización individual se calculan suponiendo una esperanza de vida de 110 años, y si la persona fallece antes, el saldo que no se retiró constituye herencia. Es aquí donde está el meollo del problema, pues hoy el común de las personas no cree posible que podamos ser tan longevos. Actualmente, la esperanza de vida sube en 2 meses por cada año que pasa, es decir, ganamos un año extra de vida cada 6 años, aunque de espera que con los avances de la medicina, este promedio mejore sensiblemente.
Un aspecto importante es el desbalance entre los afiliados a las AFP (10  millones) y los cotizantes (5,2 millones), demostrando que el problema está radicado en un mal sistema laboral, demasiado inestable e informal.

Dado que el fondo total que administran las AFP ya superó los US$168.000 millones, se ha transformado en un virtual botín requisable a los chilenos, en especial cuando el país crece menos que el 2% anual y el déficit fiscal supera el 3% del PGB, siendo necesario aumentar anualmente el endeudamiento en más de US$10.000 millones para sostener el gasto social ya comprometido. Solo falta desvincular al ministro de Hacienda, quien ha insistido que en lo que resta de esta administración no habrá cambios a las AFP.   

En consecuencia nuestros fondos individuales podrían ser expropiados para satisfacer las promesas populistas.  Los ejemplos del tristemente recordado “corralito” están ominosamente cercanos. 

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