Quo vadis Gendarmería

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-07-30
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

El artículo 2º de la Ley Orgánica de Gendarmería de Chile, teóricamente vigente, dice textualmente que “Gendarmería, en razón de sus fines y naturaleza, es una institución jerarquizada, disciplinada, obediente y su personal estará afecto a las normas que establezcan el estatuto legal respectivo y el reglamento de disciplina que dictará el (la) Presidente de la República”. 

Basta observar la crisis por la que atraviesa Gendarmería de Chile, para constatar que el Artículo 2º de la Ley Orgánica es en los hechos letra muerta. Gendarmes encadenados a solo 60 metros de La Moneda, forcejeando con la policía uniformada. Otros quemando neumáticos en la vía pública o bien portando armas en protestas callejeras. 

Por otro lado, la prensa informa acerca de la militancia política de oficiales del alto mando y de un apreciable número de funcionarios civiles contratados como asesores. Además, coexisten organizaciones o agrupaciones formales de carácter político partidista, que interactúan tanto con las autoridades de Gendarmería como de las autoridades políticas y de Gobierno. 

A esto se suma una atomización de las organizaciones gremiales que llegan a 11 asociaciones, lo que provoca exclusiones y resquemores entre los distintos estamentos o grupos de interés al interior de la institución.  

Podemos concluir que en la situación descrita está la génesis de la crisis que vive Gendarmería y que ha tenido como consecuencia “la tormenta perfecta”. 

¿Cómo se llegó a la situación actual? 

Como toda crisis, ésta se incuba de manera larvada y se devela cuando se mezclan dos maneras distintas de gestionar una institución del carácter de Gendarmería. Así sucede con las pensiones abusivas, en que las virtudes del actual sistema de remuneraciones del sector público se trasladan a un sistema propio de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Lo mismo ocurre cuando una institución definida como “jerarquizada, disciplinada y obediente” y además armada, incorpora la lógica de la administración civil del Estado y de la acción político partidista. 

Esto ha terminado por sumir a Gendarmería en una de las más graves crisis de su historia y por lo mismo es necesario, con urgencia, recuperar su carácter con medidas estructurales y definidas con nitidez en su funcionamiento orgánico. 

En primer lugar, no es posible que un cuerpo armado, jerarquizado y disciplinado, incluyendo en esto al personal civil, milite de manera activa en partidos políticos. No pueden tener una doble dependencia, por un lado de la jerarquía institucional y por otro del partido político de turno. 

En segundo lugar, la atomización de las organizaciones gremiales, ha terminado por enfrentar a los funcionarios entre sí y debilitar el principio de autoridad, que es el alma de una institución del carácter de Gendarmería, y que tiene un rol en primera línea en el circuito de seguridad ciudadana. En consecuencia, es absolutamente necesario repensar el modelo de estas organizaciones al interior del servicio. 

Por último, la reestructuración debe comenzar por la Escuela de Gendarmería. Ésta debe tener el carácter de una institución de educación superior, al igual que Carabineros o Investigaciones, donde la formación tenga el equivalente a un técnico de nivel superior o de profesional universitarito. 

Para que esto sea posible se necesita con urgencia que recupere el carácter de institución jerarquizada y disciplinada, donde las legítimas aspiraciones de sus funcionarios no solamente deben ser éticamente aceptables, sino que además sean un medio para cumplir la misión institucional y no un fin en sí mismo.

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