[Editorial] El Teatro que Chillán merece

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:20 AM 2016-07-28

Hoy Chillán vivirá una de las jornadas más importantes de su historia. La inauguración del Teatro Municipal es un hecho que trasciende lo estrictamente cultural, adquiriendo un profundo sentido identitario, que salda la principal deuda que la ciudad tenía con el terremoto de 1939, el sismo de 8,3 grados Richter que acabó con la vida de 30 mil chillanejos. 

El edificio, desde que fue proyectado por los arquitectos Ricardo Müller y Enrique Cooper, impactó por su majestuosidad. Quienes pudieron recorrer su estructura en obra gruesa bien saben que lo planificado a comienzos de la década de los cuarenta se hizo pensando en el renacer de una ciudad que necesitaba ponerse de pie luego de los dolorosos sucesos de esa noche del 24 de enero, cuando también se derrumbó el viejo teatro, falleciendo 300 personas de entre los 500 asistentes al estreno de la película “El rey sin corona”. Una función benéfica, en ayuda del Cuerpo de Bomberos, que se convirtió en un impensado montaje de muerte y horror. 

El Teatro se convirtió en un símbolo  de miles de hombres y mujeres que vieron destruido su futuro. Por lo mismo, tenía que ser grande, imponente, como una mega escultura urbana del empeño no solo por volver a la normalidad, sino por superarse, reinventarse después del trauma. De hecho, hoy sabemos que el Teatro fue diseñado para albergar a tres mil personas y si bien la cifra de espectadores en el edificio que hoy se inaugura se redujo a la mitad por el diseño de las butacas y otros factores, la idea original deja una valiosa lección plenamente vigente para nuestros días, pues se gestó a partir de la concepción de una ciudad que se planifica y toma decisiones proyectándose en el tiempo, mirando siempre al futuro.

Igualmente importante fue la decisión de las actuales autoridades de conservar la arquitectura original del espacio, una señal de respeto por ese esfuerzo primario y por un diseño modernista donde prevalece el conjunto por sobre la individualidad. El Teatro pudo ser un edificio individual, pero se planteó como un configurador urbano dentro de un centro cívico en torno a la plaza, que armoniza con el resto de los edificios que le dan al corazón de Chillán una fisonomía única e irrepetible. 

Pasaron 77 años para que pudiera terminarse. Insignes y anónimos chillanejos sumaron esfuerzos y voluntades para mantener viva la esperanza. Durante décadas también fuimos testigos de numerosas promesas de políticos que quedaron en el olvido y de destacados artistas, Claudio Arrau incluido, que nunca pudieron volver a presentarse en la ciudad. Finalmente, en 2012 la historia comenzó a reescribirse. Durante la primera administración del actual alcalde Sergio Zarzar el proyecto recibió los recursos necesarios para su terminación, no sin antes sortear las trabas del centralismo penquista y las mezquindades de quienes intentaron utilizarlo para su beneficio político. Sin embargo y como pocas veces ocurre, también fue un momento en que la comunidad y las autoridades políticas locales actuaron unidas, de manera transversal. 

Hoy es un día para sentir orgullo por esa mancomunión y testimoniar el merecido reconocimiento para todos los que a través de los años y desde sus distintas posiciones, han aportado para materializar este sueño colectivo. 

La historia del Teatro recién comienza y el trabajo para mantenerlo vivo también. La discusión respecto del financiamiento para su operación no está cerrada. Lo mismo ocurre con su modelo de gestión y con la forma en que se definirá su administración. Son temas que deben resolverse en el corto plazo y que ocuparán nuestra atención en los próximos días. Hoy, sin embargo, es tiempo de celebrar. Chillán, por fin, recupera su Teatro Municipal. 

 

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