Renovación política

Por: La Discusión 11:30 AM 2016-07-23

En general, los partidos políticos sufren poca renovación, los mismos candidatos postulan varias veces y queda poco lugar para nuevos rostros. De hecho, la primera gran barrera que enfrentan está al interior de sus propios partidos. Sin embargo, la elección municipal del 23 de octubre se este año se realiza en un momento donde la sociedad ha cambiado y reclama mayor representatividad política, menos exclusión, y sobre todo, que los partidos dejen de actuar como grupos protegidos donde siempre participan los mismos, quedando muchas ideas y estilos fuera de la vida política, lo que afecta, en definitiva, la relación de ésta con la comunidad. 


Indefectiblemente, la política lleva el sello de las personas que la practican y quienes durante demasiado tiempo -en algunos casos, durante largas y desgastantes décadas- han sido protagonistas excluyentes de las disputas por el poder están adheridos en muchos casos a conductas y hábitos no demasiado recomendables y de los cuales difícilmente podrían prescindir. Ello, explica, por ejemplo, los casos de no pocos alcaldes que, merced a la construcción de redes clientelistas, vienen perpetuándose en sus cargos y quieren nuevamente repetirse el plato. 


Por lo mismo, la depuración a la que deberíamos aspirar a producir en el escenario público y en el cuerpo político deberá provenir de un relevo sistemático de las personas que actúan en esos campos. Para ello, es clave crear instancias para que ingresen nuevos actores a la política, principalmente, en el caso de los gobiernos locales, donde además, se debe mejorar el nivel de preparación de alcaldes y concejales, pues muchos de los problemas que enfrentan actualmente las comunas por falta de capital humano calificado en los municipios repercuten en la gestión y calidad de vida de los vecinos, por lo que incorporar en la toma de decisiones a profesionales que desean ser parte de la actividad política, podría traer buenos dividendos.


Según la definición consagrada por el uso -y avalada por los diccionarios-, “renovar” significa “cambiar una cosa vieja, o que ya ha servido, por una cosa nueva”. 
La dirigencia política, sin embargo, casi sin excepciones, se empeña en darle un significado distinto, reñido con lo que indica la razón y con lo que prescriben las enciclopedias de la lengua. 
Obviamente, nadie pretende defender literalmente un cambio total, por lo impracticable e injusto que resulta para figuras de amplia trayectoria que mucho tienen que aportar a la vida local, pero es evidente que para recobrar la confianza que paulatinamente ha ido perdiendo la dirigencia política, es indispensable que los partidos renueven y oxigenen sus viejas estructuras. 
Desde esta columna editorial hemos señalado en reiteradas oportunidades la necesidad de encarar una profunda reforma política, que incluya, entre otros temas, un control severo sobre el financiamiento de las campañas y el reconocimiento de la idoneidad y la probidad como efectivos criterios de selección para quienes aspiran a ocupar cargos públicos. Y hemos reclamado un necesario proceso de recambio y renovación de las dirigencias, a fin de que el escenario público no sea un carrusel en el que siempre están presentes las mismas caras. 
Poco se ha avanzado para lograr esos objetivos y salta a la vista que muchos de los que reclaman una oportunidad para producir los cambios son, en no pocos casos, los mismos que se han aferrado a sus posiciones en el pasado y se resisten aún hoy a dejar la escena política.

 

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