¿El Principito está de moda?

Por: Germán Gómez Veas 2016-07-22
Germán Gómez Veas

Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial.

Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial.

Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial.

Me impresiona descubrir en linkedin, Facebook, o whatsapp, que se envían, repetidamente, etiquetas con mensajes extraídos de la famosa, extraordinaria, y siempre actual obra de Antoine de Saint-Exupéry. 

“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que, algún día, cada uno pueda encontrar la suya”; “solo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos”; “lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo”; “es una locura odiar a todas las rosas solo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños solo porque uno de ellos no se cumplió”, son algunas de las fantásticas expresiones del autor francés que, desde la primera vez que me adentré en esta obra inspiradora, no dejan de resonar en mi perspectiva ante la vida. Pero, ¿le pasará algo similar a muchos de los que están plagando el espacio virtual con postales de este clásico? Usualmente me queda la duda.

En este punto, a veces tiendo a creer que deben ser numerosas las personas que simplemente se entusiasman con una frase bien presentada en una etiqueta y la comparten para proyectar lo que no han logrado pensar por sí mismos. Es como si prefiriesen copiar reflexiones o ideas ya probadas, sin tener que hacer el esfuerzo por dar vida a un pensamiento propio. Lo paradójico es que esto último vale la pena incluso cuando se tratara de un razonamiento notoriamente tributario de un lúcido, sugerente, e inspirador autor, pues esta intervención en nada le restaría mérito a la originalidad.

Por otro lado, sí sería extraordinario que la lectura de este fantástico libro estuviese de moda, porque es una obra que presenta múltiples proyecciones en la esfera antropológica, psicológica, filosófica, y en un alcance práctico, en el ámbito propio de la experiencia de llevar y orientar una vida en el sentido más pleno de la palabra. 
Valga como ilustración una de las conexiones o proyecciones que de este incitante escrito se desprende con mayor esplendor. 

Me refiero a los contrapuntos entre el mundo de la niñez y la adultez. En síntesis, el autor desarrolla la perspectiva que mientras al primero lo distingue por amparar una visión lúdica ante la vida, la adultez se encamina por la vía de la seriedad. Asimismo, nos propone que el mundo de la niñez se eleva como la inmensidad donde sobreviene la posibilidad, la fantasía y la imaginación, en tanto que en el ámbito de la adultez impera la realidad. Igualmente, de Saint-Exupéry esboza en este manifiesto que mientras vivamos con (o en) el espíritu de la niñez, experimentaremos la simplicidad, la naturalidad, y la inocencia, mientras que al vivir con la mirada de los adultos tenemos que preocuparnos para no entramparnos con frecuencia, entre la apariencia y el absurdo. Por cierto, todo esto es planteado por el escritor francés en una bella narrativa que complica reflexiva, pero humildemente, la imaginación con la intuición y el sentido de realidad.

¿Acaso este solo contrapunto de los polos vitales planteados en forma sucinta, pero precisa, aguda, intensa a la vez que palpable, no es suficiente para interesarse en hacer del Principito una referencia continua? 

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