[Editorial] Mirar al Perú

Por: Fotografía: Agencia Uno 10:20 AM 2016-07-14

El año pasado la economía chilena creció 2,1%, y para este año el Banco Central mantiene una previsión de entre 1,25 y 2%, mientras el Gobierno rebajó este lunes su  apuesta en un cuarto de punto, desde un 2 a un 1,75%.
La Encuesta de Expectativas Económicas (EEE), que realiza el Banco Central, reveló que los agentes del mercado mantuvieron en 1,7% su proyección de crecimiento para este año, sin embargo, empeoraron de cara a 2017 por tercer mes consecutivo. Para el próximo año, recortaron su previsión desde 2,3% a 2,1%, y además, dejaron en 3% la proyección para 2018.
Muchos ya no se sorprenden con estos guarismos, pues basta conversar con los inversionistas para percibir el clima de incertidumbre y pesimismo que reina en el país, un escenario que ha estado marcado por la llamada crisis de los commodities, con un fuerte impacto en el precio del cobre, por la desaceleración de la economía china, y por la crisis de confianza que existe en Chile.
De hecho, algunos economistas sostienen que el crecimiento de Chile será incluso menor, que no superará el 1,5%, y que el desempleo continuará aumentando, acompañado de una precarización de las fuentes de trabajo, una realidad que se ha comenzado a observar en la Provincia de Ñuble, pues las positivas cifras de ocupación en la zona esconden un empeoramiento de la calidad de los empleos, vale decir, sin protección social y con sueldos inferiores.
Ante esto, surge la interrogante sobre las opciones del país de enfrentar de mejor forma este temporal, y si bien Chile es una economía pequeña y abierta, y por lo tanto, muy vulnerable, hay muchos desafíos que puede abordar.
En primer lugar, es urgente reducir la incertidumbre a nivel local que ha generado la discusión de proyectos de reformas estructurales impulsadas por el Gobierno. Si bien la reforma tributaria ya concluyó su debate, dejó una amarga sensación en el empresariado por el tono de la discusión, en la que el Ejecutivo fue muy poco dialogante. En el caso de la reforma laboral, los errores en su diseño aún la tienen trabada y dejó al descubierto el sesgo ideológico de La Moneda en un tema que requería una visión moderna.
A todo esto se suma el creciente desprestigio de la actividad política, las numerosas trabas a la inversión, el alto costo de la energía y el encarecimiento de la mano de obra. 
Ante este panorama, no sorprende que algunos empresarios locales estén mirando hacia Perú, el vecino del norte que exhibe tasas de crecimiento superiores al 3% anual, que fomenta las inversiones, que se abre al mercado mundial, donde la energía y la mano de obra son más baratas, donde se están desarrollando importantes obras de infraestructura de riego, de energía, de minería y de conectividad para mejorar su competitividad.
Si bien en Perú hay mucho por hacer y todavía no enfrenta los retos de una economía más madura, como la chilena, el llamado “milagro peruano” no es más que la consecuencia de una política estable en el tiempo, cuyo modelo es básicamente una copia del chileno, y que de seguir creciendo al actual ritmo, pronto superará al “maestro”, un tema que no pasa inadvertido, por ejemplo, para los empresarios frutícolas, que ven en Perú a un competidor serio.
El gran desafío de Chile debe ser diversificar su matriz productiva, orientándose a la agregación de valor, pero ello se logrará solamente con una reforma a la educación que apunte a mejorar la calidad, para contar con trabajadores mejor calificados, algo que todavía está ausente en la práctica y en el discurso.
Dejar atrás el pesimismo y comenzar a invertir es una tarea pendiente para el empresariado, pero sin señales claras del Ejecutivo sobre el futuro del modelo, ello no será posible. Quizás sea momento de comenzar a mirar al “alumno”. 

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