[Editorial] Brecha salarial de género

Por: Fotografía: Víctor Orellana 10:30 AM 2016-07-13

El último Índice de Ocupación y Remuneraciones de la Asociación de AFP reveló que en el primer trimestre de 2016 la remuneración imponible promedio de las mujeres representaba un 85% de la de los hombres, a diferencia de lo que ocurría en los años noventa, en que el sueldo promedio de las mujeres solo alcanzaba al 68,5%.
Asimismo, se observa que a marzo, las tasas de crecimiento de renta imponible han crecido, llegando a niveles de 1,7% y 2,8% real, para hombres y mujeres, respectivamente.
El informe reveló también que el 55% de los hombres cotiza por rentas más altas (desde $500 mil en adelante), mientras que solo el 44% de las mujeres contribuyen por este mismo rango de ingresos. Lo contrario ocurre si se observan los aportes por ingreso imponible menor o igual a $500 mil, donde son las mujeres quienes muestran mayor proporción.
Lo anterior da cuenta de un fenómeno positivo que ha tendido a reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres, un tema en el que ha puesto especial interés el Gobierno, generando incentivos y programas de capacitación y certificación orientados a mujeres, principalmente jefas de hogar.
En opinión del economista Alejandro Puente, de la Universidad Santo Tomás, esta disminución en la brecha salarial se puede atribuir, en parte, a un cambio cultural, pues en los últimos 30 años la composición de la matrícula universitaria ha cambiado notablemente, de ser una dominada por los hombres, a una prácticamente paritaria, lo que si se traslada al mercado del trabajo, se traduce en una mayor proporción de mujeres con mejor calificación y por tanto, mejor remuneración.
En ese sentido, las cifras, sin bien son alentadoras, plantean el desafío de seguir apuntando a uno de los orígenes de la brecha salarial, que es el acceso a la educación superior, razón por la cual es clave continuar avanzando en la eliminación de las barreras de entrada a la universidad, que son principalmente económicas, mediante el aumento de la cobertura de la gratuidad.
Sin embargo, también es importante que el Estado asegure el acceso efectivo para las mujeres a la enseñanza superior, facilitando, por ejemplo, la participación de las embarazadas y las madres, que muchas veces ven limitadas sus posibilidades de seguir estudiando. Para ello, si bien se valora el esfuerzo desplegado por el Estado en las últimas décadas, con el aumento de cobertura de salas cunas y jardines infantiles, todavía es insuficiente.
De igual forma, es urgente trabajar en materia de flexibilización laboral, lo que permitiría aumentar la participación femenina en el mercado laboral, un tema relevante en la Provincia de Ñuble, donde apenas el 47,7% de las mujeres trabaja, versus el 72,1% de los hombres. 
Por lo anterior, se lamenta que el Gobierno haya vetado los pactos de adaptabilidad que estaban contenidos en la reforma laboral que frenó el Tribunal Constitucional, pues una medida como ésa hubiese permitido a las trabajadoras pactar jornadas más flexibles, que se adecuen a las necesidades de los empleadores, pero también de mujeres que estudian. Quienes se oponen a esto argumentan que ello contribuiría a precarizar aún más el empleo y por tanto, los salarios, sin embargo, dicha postura pretende negar la existencia de esta realidad y coartar las opciones de las mujeres que se ven obligadas a trabajar y estudiar.
Finalmente, otro desafío relevante dice relación con combatir la fuerte dicriminación que enfrentan las profesionales en el mundo laboral, pues a igual función, las mujeres perciben, en promedio, un ingreso inferior al de los hombres.
Desde una perspectiva económica, la mantención de las actuales brechas representan una distorsión en el mercado que debe ser corregida, una tarea que deben acometer en conjunto el Estado y el sector privado.

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