No tenemos Wifi. Hablen entre ustedes

Por: José Luis Ysern de Arce 2016-07-11
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

El título de esta columna corresponde a un simpático letrero que aparece en algunas concurridas cafeterías de España, y supongo que también de Chile. Cualquier avispado lector se da cuenta de que en estas palabras hay más contenido del que a simple vista parece.

Quien más quien menos cada vez que nos movemos de un lugar a otro hemos caído en la manía de buscar conexión Internet para nuestros móviles y aparatos electrónicos. Nos parece que si pasamos unas horas o días sin conexión internauta, algo malo nos puede ocurrir, o alguna noticia importante nos podemos perder. Pero no nos hemos preguntado algo más importante: ¿Cuánta comunicación interpersonal nos hemos perdido o nos estamos perdiendo por culpa de estar siempre conectados? Sí, queridos amigos, así es: podemos estar muy conectados, pero no muy comunicados. Por supuesto que soy defensor de las ventajas que nos ha traído la nueva tecnología, y personalmente las aprovecho todo lo que puedo. El correo electrónico, la mensajería instantánea del WhatsApp, el “subir” documentos a la “nube” del Dropbox para poderlos luego trabajar en cualquier lugar, etc., todo eso es una maravilla y no podemos renunciar a ello; pero más maravillosa es la comunicación interpersonal, y mucho me temo que esa la hemos perdido o hemos bajado en su intensidad y calidad. 

¿No nos parece absurda la escena tantas veces presenciada de varias personas alrededor de una mesa, pero cada una absorta en su teléfono móvil? ¿No nos llama la atención ver en el metro o en cualquier transporte público cómo una persona mayor o mujer embarazada sigue de pie mientras muchas personas, que debieran ceder su asiento, se mantienen escondidas tras sus tecnologías electrónicas? Esas personas están juntas, viajan juntas, pero muy separadas unas de otras. Me parece que será bueno desconectarnos de vez en cuando de la red para poder comunicarnos mejor de persona a persona; desconectarnos de los aparatos electrónicos para tratar de vincularnos mejor con la persona que tenemos al lado. 

La riqueza de la comunicación interpersonal es insustituible. Para nuestro crecimiento personal y social nada hay mejor que la comunicación cara a cara, hablarnos mirándonos a los ojos. Esa es la comunicación donde el intercambio verbal, la expresión gestual, la complicidad en los silencios, las emociones compartidas, los sentimientos revelados, son la sal y pimienta de un intercambio que jamás puede igualar la tecnología por muy perfecta que sea. Por eso bendita sea la desconexión de Internet si nos permite mayor y mejor vínculo y comunicación con las personas que están ahí, presentes y no virtuales, y con las cuales podemos conversar, compartir, llorar y reír. 

Gracias a la comunicación interpersonal de buena calidad logramos crecer en actitud de diálogo, actitud que es necesaria para nuestro crecimiento humano. Nuestra sociedad es plural, compuesta por mujeres y hombres diversos entre sí. Esa diversidad y pluralidad nos enriquece, nos enseña a ser tolerantes, nos ayuda a construir unidad y tender puentes entre personas que piensan distinto, pero que siguen siendo personas. La unidad en la diversidad es más bonita que la borreguil uniformidad del rebaño. Por lo mismo el diálogo interpersonal es creativo, de él surgen ideas nuevas y originales. Y algo muy importante: la sincera conversación interpersonal es liberadora. Cuántos pesados lastres, cuántos grilletes que nos amarran, cuántos traumas que nos oprimen suelen caer de nuestro interior gracias a los buenos encuentros con otras personas. La comunicación interpersonal hace maravillas. 

Comentarios