La dispar evaluación de los centros de acopio de uva vinífera

Por: Roberto Fernández Fotografía: Archivo 08:05 PM 2016-07-07

Saltarse a los intermediarios y obtener mejores precios, gracias a la asociatividad de los productores que conformaron empresas para comercializar la uva, era el objetivo de la instalación de cuatro centros de acopio de uva vinífera en Ñuble: en Quillón, Coelemu, Portezuelo y San Nicolás.


La iniciativa, cofinanciada por Indap, logró transar 6 millones 60 mil kilogramos de uva en los cuatro centros (cerca de un 5% de la producción total del Valle del Itata), lo que permitió, en la práctica, acceder a mejores precios que los logrados en la temporada anterior.


A modo de evaluación, Indap informó que Portezuelo adquirió 450 mil kilos de uva a través de la empresa Ecoparra, integrada por 10 productores; Quillón compró 2 millones 700 mil kilos a través de la cooperativa Covicen, que integran 60 socios; Viñas Guarilihue, que cuenta con 20 asociados,  logró adquirir 2 millones 800 mil kilos; y Copabío, de San Nicolás, conformada por 16 socios, compró 110 mil kilos, debido a que partió más tarde que las otras.


Resultados en Cerro Negro
Juan Carlos Lagos, presidente de la cooperativa Covicen, de Cerro Negro, Quillón, se mostró satisfecho con los resultados obtenidos: “logramos saltar a los intermediarios, hicimos trato directo con las grandes viñas y logramos asociar a los productores en la conformación de una empresa”, comentó.


Expuso que Covicen compró uva a más de 100 productores de Quillón y que logró vender a $103 el kilo de uva Moscatel, a $88 la País, y a $85 la Corinto; lo que representó un aumento de $23 por kilo en la Moscatel, de $28 en la País, y de $25 en la Corinto, en comparación con la temporada anterior.


Según explicó, los mejores precios se explican, en parte, por una mayor demanda de uva blanca, pero también por la negociación directa con los poderes compradores.


Consultado respecto de los costos, comentó que se lograron ganancias entre 5 y 10 pesos por kilogramo, aunque precisó que ello se explica porque en Quillón los rendimientos de las vides son más altos que en las lomas del secano, pues mientras en Cerro Negro se pueden cosechar entre 20 y 25 mil kilos por hectárea, en buena parte del Valle del Itata el promedio oscila entre 7 y 8 mil kilos. En ese sentido, el mayor volumen permite aprovechar las economías de escala y lograr costos unitarios más bajos.


Tomadores de precios
Una mirada opuesta es la de Yenny Llanos, una de las impulsoras de la empresa asociativa Ecoparras, de Portezuelo, quien sostuvo que en términos generales, los centros de acopio no lograron un aumento significativo de los precios que permitiera cubrir los costos de producción -que bordearon los $170-, salvo excepciones, y que estos centros actuaron como meros tomadores de los precios que puso el mercado, es decir, los grandes poderes compradores.


“Este bonito ejercicio sirvió de mucho en términos de fortalecer la asociatividad y capacidad de gestión de estos cuatro grupos asociativos con miras a proyectos de vinificación, no obstante, si queremos seguir fortaleciendo la asociatividad y recuperar confianzas, hay que reconocer que el impacto en el precio fue prácticamente nulo, fuimos solo tomadores de precios de mercado, a pesar de que había una alta demanda por uva”, dijo Llanos. Al respecto, hizo la comparación con el Maule, donde los productores obtuvieron mejores precios pese a no contar con centros de acopio.


“Estos centros de acopio terminaron pagando lo mismo que el resto de los intermediarios, el precio de mercado, con excepción del centro de Quillón, que decidió renunciar a sus utilidades y algo más para traspasar tres pesos más a los productores, pero eso no es sustentable como negocio (...) Considerando los volúmenes vendidos y los márgenes por kilo, me atrevería a decir que solo el centro de acopio de Coelemu pudo salvar todos sus gastos operacionales y obtener alguna utilidad, debido al volumen y al margen”, puntualizó la dirigenta de Portezuelo.

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