Edificación en altura

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 11:15 AM 2016-07-06

La aprobación del Plan Regulador comunal de Chillán, que constituye, en la práctica, la actualización del que estaba vigente desde 1989, representa un avance importante en materia de planificación del uso del suelo en la ciudad, intentando anticiparse al crecimiento urbano, de manera que éste sea armónico, definiendo zonas de expansión y nuevas áreas verdes, así como también la conservación patrimonial, haciéndose cargo asimismo, de definir la conectividad adecuada para los próximos años.

Sin embargo, más allá de las críticas que se pudieran hacer a la errática tramitación, en que una seguidilla de errores por parte del municipio dilataron su aprobación cerca de cuatro años, lo que realmente merece preocupación es que el Plan Regulador quedará obsoleto muy pronto, una realidad que ha sido planteada con sutileza por las autoridades del Ministerio de Vivienda y del Serviu, las que han dicho que se trata de un instrumento flexible, que puede ser modificado.

Lamentablemente, a la luz de las declaraciones de las propias autoridades, dichas modificaciones debieran comenzar a trabajarse desde ya, y no precisamente por la extensa tramitación que supone, sino porque al ser un instrumento que terminó de confeccionarse en 2012, se ha ido quedando atrás en varias materias, como las zonas de expansión urbana, varias de éstas ya ocupadas por proyectos habitacionales que han ido ganando terreno a los valiosos suelos agrícolas.

A ello se suma que en el corto plazo deberá comenzar la actualización del Plan Regulador Intercomunal Chillán-Chillán Viejo, que ya suma diez años de vigencia, lo que también exigirá una adecuación del instrumento a la nueva realidad de la ciudad, afectada por las consecuencias del crecimiento inorgánico en extensión, hacia sectores como Las Mariposas, Parque Lantaño, Camino a Coihueco, Camino a Yungay (en Chillán Viejo) y Panamericana Norte, entre otros. La mejor prueba de ello es la congestión vehicular que se registra a diario en las arterias estructurantes.

En ese sentido, la discusión sobre la altura máxima de las edificaciones surgida a partir de la preocupación expresada por la Cámara Chilena de la Construcción, no hizo más que reafirmar que el nuevo plan requiere de modificaciones. De hecho, la tozudez inicial del municipio de establecer límites a la altura se ha ido flexibilizando, al tiempo que los argumentos que se esgrimían para mantener dicha medida se han ido desvaneciendo ante la evidencia de la necesidad de potenciar la densificación del casco urbano para mitigar el crecimiento en expansión y sus efectos negativos. En este caso, fue la urgencia por obtener la aprobación la verdadera razón para desestimar las observaciones presentadas al respecto; por ello, no es difícil anticipar que será ésta una de las primeras correcciones a realizar.

Es clave entender, sin embargo, que los planes reguladores son solo cartas de navegación, orientadores del crecimiento de las ciudades, y en ningún caso deben ser vistos como estructuras rígidas o reguladoras con extremo detalle.  Un buen Plan Regulador es precisamente aquel que da mayores libertades para definir cómo se va construyendo la ciudad, y en ese sentido, la altura de los edificios debe ser libre, a menos que determinado proyecto amenace el patrimonio o la calidad de vida de un sector, pero sostener que con una restricción como ésta se busca privilegiar la escala humana es un argumento que pierde fuerza cuando se enfrenta a la realidad de los chillanejos que sufren con las consecuencias de la falta de un plan de repoblamiento del centro a través de la densificación en altura.

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