Uber ofrece tarifa 61 por ciento más barata que los radiotaxis

Por: Camilo Díaz Fotografía: Mauricio Ulloa 10:30 AM 2016-07-03

$1.300 sale un viaje desde 18 de Septiembre 721 -dirección de LA DISCUSIÓN-, hasta el terminal de buses María Teresa, en Uber. ¿De vuelta en radiotaxi? El mismo recorrido al revés costó $2.100, tarifa un 61,5% más cara para el mismo tramo.

La llegada de Uber, tal como lo anticipó LA DISCUSIÓN hace dos semanas,  ya se hizo efectiva en la capital de Ñuble, que hasta ayer sumaba al menos cinco vehículos registrados como “socio conductores” de la innovadora, pero polémica  aplicación.

La propia encargada de comunicaciones en Chile de la app, Soledad Lago Rodríguez, afirmó a este medio que el arribo del servicio de transporte que se contacta por internet a Concepción, le abría la posibilidad a Chillán para que también cuente con él, admitiendo que la capital de Ñuble estaba considerada en los planes de apertura nacional. 

“Chillán, como parte de la Región de Bío Bío, entra dentro de nuestra próxima expansión a la región. Si bien en una primera etapa el foco estará concentrado en Concepción y Talcahuano, la disponibilidad del servicio en Chillán va a tener relación directa con que socios en la ciudad se activen y estén listos para hacer traslados en el momento en que demos de alta la aplicación”, comentó el pasado sábado 18 de junio.

Esos socios no tardaron en inscribirse, y ya están ofreciendo el servicio en la ciudad. LA DISCUSIÓN probó el servicio, haciendo el tramo de ida al terminal de buses de la ciudad.

En Uber al terminal de buses
Poco más de 5 minutos demoró en arribar el vehículo Subaru Impreza, conducido por Carlos Gutiérrez, a las oficinas de LA DISCUSIÓN. El conductor, administrador público, aprovecha la disponibilidad horaria que le da su trabajo, la que le hizo optar por apuntarse en el servicio de traslado privado, aprovechando de juntar dinero extra en los tiempos que no tiene nada que hacer. 

“Si tienes tiempo libre, abres la aplicación y la activas. Es bastante bueno el sistema. Es complicado para las personas que tienen taxi, o sea yo entiendo igual la molestia de ellos, pero hay un descontento general de la gente por los precios. Aún no sé si saldrá a cuenta al 100%, pero uno está probando en el fondo, no es como en Santiago que sale en la ‘tele’ que los tipos se hacen un sueldo trabajando en esto. Yo creo que la gente que va a trabajar en esto no lo hace con ese objetivo, sino que va como algo alternativo. Y hacer algo en el tiempo libre”, explica Gutiérrez, mientras conduce rumbo al destino establecido, el terminal de buses María Teresa.

Mientras maneja, y baja levemente el volumen de la música rock que traía reproduciendo en la moderna radio del vehículo, agrega que para inscribirse le bastó simplemente presentar un certificado de antecedentes, licencia de conducir y el padrón del automóvil, que no debe superar el año 2004 en cuanto a antigüedad.

Tras exactos 4 minutos y 26 segundos desde comenzado el recorrido, el Subaru Impreza  llega a destino, momento de arribo que se hace efectivo en la aplicación para cobrar el monto resultante del viaje, que consideró una distancia de 1,74 kilómetros.

No hay dinero de por medio para el pago. Basta tener la aplicación en el celular con una respectiva sesión personalizada, la cual está asociada a una tarjeta de crédito bancaria, que es de donde se hace efectivo el cobro una vez concluido el recorrido. Al correo electrónico definido llega un detalle del servicio, el tramo recorrido, los kilómetros y la hora, más el monto. El próximo mes, en el nuevo estado de cuenta, se hará efectivo el pago: $1.300.

De ese total, cerca del 15% recae para la empresa Uber, y el resto para quien realiza el traslado.

“Uno registra su tarjeta de crédito y lo único que haces al tener al cliente es abrir la aplicación y seleccionas la opción de que se inicia el viaje y también cuando se termina. Ahí el mismo sistema hace el cálculo y se paga el porcentaje que queda para el chofer y lo que se lleva la empresa, que es como alrededor del 15% en valor aproximado”, explica el conductor.

Como usuario que busca traslado, se puede aceptar o rechazar al conductor que haya respondido satisfactoriamente a la solicitud del recorrido hecho en la aplicación, indicando previamente tanto el lugar de origen, como el lugar de destino, que a su vez arroja de manera inmediata la estimación del valor del viaje.
“Hay gente que elige de acuerdo a donde está uno como conductor ubicado, calculando cuanto demoraría en llegar a recogerlo, o simplemente por el vehículo que uno tiene”, comenta  Gutiérrez.

A su vez el conductor que está con la aplicación activada, bien puede aceptar o rechazar acudir a dicho llamado, considerando el viaje solicitado así como cuan lejos está del lugar en que se encuentra el o los pasajeros.

“Te avisa cuando hay una persona que requiere el servicio y uno dispone si te conviene o no, porque por ejemplo en Chillán, donde hay pocos autos, te puede quedar al otro lado de la ciudad, entonces, no se puede”, acota Carlos, quien valida que el  sistema sea transparente para el usuario, pues “tú puedes ir evaluando al chofer, el cómo lo hizo, etc. Entonces está acorde a los nuevos tiempos, ya que es más moderno el sistema”.

El tradicional Radiotaxi
Concluido el trayecto de ida, en las puertas del principal terminal de buses de la ciudad se replicó el mismo trayecto de vuelta, pero esta vez en un radiotaxi. 
Instalado próximo al mismo terminal, a la espera de clientela, un taxista chillanejo emprendía el desplazamiento de vuelta a 18 de Septiembre 721, punto de origen.

“Parece que llegaron los Uber a Chillán”, fue el primer comentario del agudo chofer, que como muchos buscan entablar conversaciones con sus clientes para hacer un poco más ameno el recorrido.

“¡Mil trescientos pesos desde el centro hasta el terminal!, dijo sorprendido el conductor al saber el costo de ida al terminal en Uber, dejando además en entredicho la real conveniencia monetaria para quién maneja, por todos los gastos que implica.

“Creo que aquí en Chillán están pidiendo vehículos. Creo que necesitan vehículos, pero igual Chillán es más chico que Concepción por ejemplo”, manifestaba mientras conducía, sumando a sus palabras evidentes críticas a un sistema de transporte privado, poniendo en tela de juicio la real seguridad que puede ofrecer a los usuarios.

“Yo no sé qué seguridad le dan a los pasajeros, si anda una persona manejando con clase ‘B’ no más. O sea, con suerte sabe manejar. En mi caso, el auto que yo manejo no es mío, yo le pago al dueño 70 mil pesos semanales, aparte yo corro con el gasto de la bencina”, explica el conductor, que prefiere no dar su nombre.

Finalmente reflexiona que la fiscalización al respecto será clave, y no deja de ser un riesgo adicional para quien conduce sin permiso alguno. “Si te para carabineros y tú andas con pasajeros trabajando para Uber, es parte inmediato. Nosotros no, tenemos un cartón de recorrido y que también tiene un costo no menor”, sentencia. Y agrega  que esté o no la aplicación funcionando en la ciudad, “uno tiene que salir de igual manera a trabajar como todos los días”.
Finalizado el recorrido,  el taxímetro registra $2.300 por la espera sin detener el motor antes de descender, a lo que el propio conductor exclama: “dejémoslo en $2.100 no más”.

Aún falta oferta de automóviles
Por una cuestión de curiosidad y contrastar la real diferencia entre el habitual uso de radiotaxi con Uber, Adolfo Rodríguez hizo uso del servicio el pasado miércoles, cerca de las 21.00 horas, ahorrándose $500 de lo que normalmente le sale desde el centro al sector norte de la ciudad, demorando eso sí cerca de 10 minutos en llegar el vehículo, un Nissan Qashqai,  donde él se encontraba, a una cuadra de la Plaza de Armas.

“Era un chico joven, universitario, que había bajado la aplicación porque lo veía como una posibilidad para juntar plata para salir de viaje. Él durante el día estudia y después en la tarde se conecta a la aplicación, y esa era la primera vez que hacía un traslado de personas vía Uber”, dijo el pasajero, reconociendo que quedó en evidencia lo anterior, pues el conductor tampoco tenía pleno conocimiento de la ruta y recorrido para llegar al destino solicitado, apoyándose tanto en el cliente como en el GPS propio de la aplicación.

Adolfo agregó que “los choferes de radiotaxis son más experimentados en las rutas de la ciudad y manejan con más seguridad”.

Al día siguiente, Rodríguez buscó volver a probar el servicio, desde otros de sus recorridos habituales. Pero se encontró con la sorpresa de que no había conductor alguno conectado, debiendo recurrir al llamado de un radiotaxi.

“Al otro día yo quise ocuparlo de nuevo, pero no habían vehículos disponibles. Eso me llamó la atención. Ese día quería ver los trayectos que yo hago habitualmente para comparar. Pero hubo esa falencia, no habían choferes conectados y tuve que tomar un taxi normal”, precisó, agregando que como usuario, junto con descargar la aplicación a su celular, se registró con sus datos básicos, número de teléfono, correo electrónico y el número de la tarjeta de crédito.

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