[Editorial] Gestión del Teatro

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:30 AM 2016-07-01

En las próximas semanas está previsto que el alcalde Sergio Zarzar inaugure la que será, sin duda, la obra más emblemática de su segundo periodo al mando del gobierno comunal: el Teatro Municipal de Chillán. Y la trascendencia del hecho se resume en que se trata de un proyecto que la ciudad ha esperado por su concreción cerca de 60 años.
Sin embargo, existe el fundado temor de que esta infraestructura se convierta, a la larga, en un elefante blanco. Para evitar eso, se creó la Corporación Cultural Municipal, presidida por el alcalde, e integrada, además, por un vicepresidente, un tesorero y cuatro directores, quienes tienen la misión de gestionar su funcionamiento, para lo cual contarán con profesionales para gerenciar y administrar su operación y definir la cartelera.
Para su operación, no obstante, el Teatro requiere de, al menos, $546 millones en 2016 y 2017, recursos que el municipio considera cubrir con fondos propios y con un importante aporte del Gobierno Regional, para lo cual ya se hizo la solicitud formal al organismo, solicitud que aún no ha sido evaluada por los consejeros.
Y fue precisamente en este trámite que entre los cores surgió el interés por tener una participación más activa en la operación del Teatro a cambio del traspaso de recursos, tal como ocurrirá con el recinto penquista, donde los cores tendrán representantes en el directorio de la entidad cultural.
Pero en la Corporación Cultural Municipal esta idea no ha sido bien acogida, y algunos han señalado que no es aceptable una intromisión como ésta en un proyecto municipal, pues pondría en duda la honorabilidad de los integrantes de la Corporación, ya que la incorporación de representantes del Core es percibida por algunos como una suerte de auditoría permanente. Algunos, incluso, han calificado la actitud del Core como un chantaje, pues estaría condicionando la entrega de recursos a la aceptación por parte del municipio de la petición de ser parte del directorio.
Lamentablemente, esta lucha de egos que poco tiene que ver con el aporte que realizará el Teatro a la comunidad, ha desviado la atención del tema de fondo, que es el financiamiento permanente de los gastos operacionales, porque quien piense que un teatro puede funcionar solo con los aportes del Estado o con donaciones de la Ley Valdés, no tiene idea de gestión cultural en el Chile del siglo 21.
De hecho, la clave para que el Teatro no sea el elefante blanco que algunos pronostican se reduce a una sola palabra: autogestión.
Ciertamente, el Estado tiene un deber con la comunidad en términos de subsidiar el acceso a la cultura, pero siendo realistas, es impensable un subsidio total a la oferta en el actual modelo, razón por la cual, la gestión de espectáculos artísticos y culturales debe ser el corazón de la gestión de la Corporación, así como ocurre con otros recintos privados.
Naturalmente, algunos se resisten a entender que así funciona el modelo, y con la consigna de democratizar el acceso a la cultura, defienden la cómoda postura de pedirle recursos al Estado para traer la ópera gratis en vez de gestionar auspicios y cobrar entradas.
En ese sentido, independiente del gallito entre la Corporación y el Consejo Regional y más allá de los recursos que se obtengan para los dos primeros años de funcionamiento del Teatro, lo realmente importante es conocer el modelo de negocios que se implementará, porque ello determinará la sustentabilidad de este proyecto en el tiempo.

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