[Editorial] Promoción de la creatividad

Por: 11:55 AM 2016-06-30

Dar opción a los niños para que pongan en juego su capacidad de crear constituye un camino pedagógico que merece su oportunidad y su promoción. Para los adultos también se presenta, cuando la presión de las demandas o la realización de los proyectos empujan a encontrar respuestas originales. 
Ese llamado a soluciones nuevas no es una propuesta de hoy, pero su estimulación generalizada sí ha sido un avance contemporáneo, entre nosotros desde fines de los 90. A partir de entonces se han alentado -no con muchas convicción eso sí- la investigación, el pensamiento sin fronteras, la invención y el patentamiento. En ese proceso creador básicamente pueden distinguirse dos formas: una espontánea y otra experimental. La primera se manifiesta en la actividad de los niños, especialmente ligada a la actividad lúdica. La otra sigue los pasos de una metodología de la investigación para desembocar en el descubrimiento.
Pueden distinguirse en la creación humana dos etapas: el proceso y su logro final, es decir, el objetivo perseguido, obra o producto de valor al que se ha llegado. Asimismo, se puede reconocer el mérito determinante del proceso seguido que generó la innovación, aunque haya demandado fracasos antes de llegar a ser exitoso. Importa mucho, pues, que la espontaneidad con la que suele mostrarse la creatividad en los años de infancia no se agote por infructuosa o por inhibida. 
De hecho, desde estas páginas hemos destacado ejemplos que alientan a los más pequeños a ser creativos, como también hemos advertido sobre las dificultades que enfrentan. 
Ahora bien, esa libertad de gestación mental se va limitando a medida que los alumnos deben encauzar el pensamiento en el cuadro del planteo y de la solución de problemas estructurados. Lo propio del esfuerzo creativo es alcanzar su meta a través de un camino que gradualmente se va descubriendo. Ese avance exige algo más que inteligencia o conocimiento; también hace falta una cuota de audacia para animarse a saltar en el vacío y acertar con una idea original.
A medida que se avanza en los años de escolaridad, las relaciones son más complejas y estandarizadas, por lo tanto, la innovación encuentra mayores resistencias y el creativo requiere fortalecer ciertas cualidades que le permitan ser productivo: sensibilidad para recibir estimulaciones del ambiente, disposición favorable a lo nuevo, conducta dispuesta a ensayar, experimentar o probar con distintos medios.
De estas consideraciones resultan otras consecuencias de interés. Así, si el colegio solo premia el pensamiento probado al calificar a los alumnos y se marginan búsquedas o logros alcanzados por caminos no enseñados, resulta fundado afirmar que se marchita tempranamente la iniciativa original. 
En efecto, la edad en que suele ubicarse el retroceso de la originalidad infantil es hacia los 9 años. La exigencia, no solo escolar, sino también social, de que existan patrones de uniformidad tiene un efecto no deseado: reducir la potencialidad creadora. 
El segmento de la creatividad que perdura está vinculado al juego y a la libertad en que se mueven niños y adolescentes. Ese espacio debe preservarse y el sistema escolar, en sus versiones pública y privada debe estudiar cómo insertar en su tarea talleres que promuevan la creación.

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