El goleador que a punta de cabezazos llevó al Rojo a Primera

Por: Marcelo Herrera 09:05 PM 2016-06-20

Sergio Nichiporuk Kulik, o simplemente “Niki”, dejó una tremenda huella hace 36 años en Chillán. Como si se tratara de un gigante. Sí, pero de un gigante del área.

 El otrora centrodelantero del Ñublense subcampeón de 1980 que logró el ascenso a Primera División, fue el artillero del equipo y se ganó el cariño de toda una hinchada a punta de goles. Verlo cabecear era un espectáculo. Por arriba mataba a sus rivales y sembraba el terror como si fuera un gigante de las alturas. Como si en la cabeza tuviera un pie o un pedazo de fierro. Bajo la lluvia o con frío. Su cabezazo era letal. Y los defensas rivales lo sabían cuando lo veían elevarse.

“Fue un gran equipo ese, teníamos lo justo, pero de calidad, yo comencé en Chillán una carrera que seguí prácticamente en todo el mundo, desde ahí me fui a España, jugué en México y varios países más, la verdad es que llegué a Chile a Ñublense y de ahí no paré. Fui lo que podría llamarse un trotamundos”, evoca desde un banco de la plaza de Santiago el rubio y fornido atacante de un metro 82 de estatura, goleador de aquel equipo que comandaba un ex azul, Manuel Rodríguez Vega.

Tras ascender con los “diablos rojos”,  luego jugó en Deportes Iquique, Santiago Wanderers, Magallanes y Lota Schwager. Pero principalmente vistió la polera del Atlante mexicano (donde también militó su pupilo estrella) y del Mallorca.

Tras colgar los botines, fue entrenador. De hecho, él descubrió a Esteban Paredes en Santiago Morning. También dirigió a Puerto Montt, Cobresal y Arica. Hace cinco años dejó el fútbol y hoy conduce un bus de Santiago a Lampa y los negocios de sus vehículos. Toma el volante alrededor de las 6.30 horas y da tres idas y vueltas de Santiago a Lampa, trabajando unas 11 horas diarias. Pero no olvida su glorioso pasado por Chillán.

-¿Quién lo trajo a Ñublense? 
-Él (Rodríguez) me vio en Paraguay, donde fue a mirar jugadores, yo me formé en Nacional, pero en ese entonces jugaba en San Lorenzo de Asunción. Al término del partido conversamos y decidí de inmediato ir a Ñublense, se dio todo muy fácil. Yo era hijo de inmigrantes rusos que escaparon de la Segunda Guerra Mundial, previa escala en Polonia. De ahí que erróneamente me apodaron “Polaco”. 

-¿O sea usted es de origen ruso?
-Mis padres llegaron a Paraguay huyendo de la Segunda Guerra Mundial, como varios inmigrantes. Incluso en Chillán llegó una vez una familia rusa que me contactó y me llevó a su casa donde compartimos un rato. Mis padres eran rusos, pero huyeron por Polonia y desde ahí salieron como inmigrantes polacos, por eso por ahí me nombraban siempre como el ‘Polaco’ y no ucraniano o ruso y fue porque Polonia daba pasaportes, no así Rusia, que estaba en la guerra.

-¿Es verdad que le costó acostumbrarse al frío y la lluvia en Chillán?
-Ese año llovió de forma impresionante, yo recuerdo inclusive que me quería ir de vuelta porque venía de un país tropical y me lo pasaba enfermo, además no teníamos nada, la utilería era una cosa poca. Me acuerdo del utilero, “Pajarito” (Manuel Ibarra), a quien me lo encontré en Osorno, este hombre trasnochaba para secar la ropa. Como llovía tanto no había ropa seca y él juntaba unos pocos leños y en una piececita que hizo con unas tablas para mantener el calor secaba la ropa que usábamos. Fue una maravilla lo que hizo “Pajarito” ese año con nosotros, un utilero fuera de serie. La verdad es que me tenía complicado el clima, sin embargo el calor humano que había fue vital para poder adaptarme e incluso me hice de grandes amigos, como Lucho Castillo y Roberto Hernández.

Pese a su corta estadía en Chillán, Nichiporuk marcó época. Segundo goleador del torneo con 22 goles –“me superó solamente Pititore Cabrera” (hizo 29), afirma aludiendo al artillero de San Luis, cuadro comandado por la estrella de la época, Patricio Yánez, que a la postre sería el campeón. No fueron extraños ese año los dobletes y hasta tripletes que de inmediato lo convirtieron en la cara visible de ese equipo.

 -Usted fue el goleador de ese recordado equipo. ¿Qué partidos evoca?
-Recuerdo varios partidos, pero uno especial ante Rangers, que ese año era un clásico, tuve un encontrón con el arquero de ellos, (Milton) Rodríguez, a quien le mostré los dos dedos como diciéndole “dos goles te voy a hacer hoy”. Ganamos tres a uno e hice dos, uno de jugada y otro de cabezazo, fue una anécdota porque nunca pensé que le iba a ser justo dos, ahí me resultó la ‘canchereada”.

-¿Qué goles recuerda de esa campaña que quedó grabada en los hinchas de Ñublense? 
-Hay muchos, convertí varios y bonitos, el que le hice a Huachipato en Higueras, ganamos 4-2 allá, otro a Colchagua… en Copiapó ganamos tres a cero con tres míos. La mayoría de cabezazos. Habré metido unos 22 goles y de esos fácil unos 14 fueron de cabeza. La verdad es que tenía esa virtud, además contábamos con un puntero muy bueno como Enrique Castillo que iba bien por las bandas, me buscaba a mí y afortunadamente las convertía. También había un buen lanzador como Jorge Arias, que te ponía los balones precisos.

-¿Qué jugadores destacaron en esa histórica campaña?
-En aquel equipo de inicios de los 80’ destacaba también el arquero Francisco Espinoza, el defensor central Juan Rodríguez, los volantes José Burgos, Nelson Parra, Carlos Araneda,  José Miranda, Jorge Arias y Jorge Briones. Junto a ellos, dos promesas chillanejas, Michelle Atanasovici y Pedro Pablo Díaz, que continuarían sus pasos en Universidad de Chile. Especialmente destacó además el puntero Luis Enrique Castillo, figura del torneo y quien me daba las habilitaciones.

-¿Se siente querido por Chillán?
-Sí, gracias a Ñublense me hice conocido en Chile y en el fútbol. De ahí salté al extranjero. Todavía me recuerdan. Cuando fui dirigiendo a Arica me hicieron un homenaje.

Comentarios