YO DISCREPO

Por: Renato Segura 2016-06-19
Renato Segura

Chile ha cambiado. Para bien, según unos, o para mal, según otros, la sociedad chilena no es la misma de hace 20 años. Las redes sociales y el destape de las redes de influencia que tejieron los grupos de poder, han sido uno de los elementos que han implicado la incredulidad manifiesta de la ciudadanía sobre la estructura formal de las comunicaciones.

Sin embargo, algunos “dinosaurios” a cargo de las relaciones de los grupos de poder con la comunidad, han mantenido inalterable su estrategia de relacionarse con un medio que no está dispuesto a aceptar las buenas razones, sin antes despejar las sinrazones en la relación. En particular me referiré a la relación de la comunidad con las inversiones productivas.

Entre los ejecutivos a cargo de gestionar la relación de las grandes empresas con el medio que las cobija, existe la profunda convicción de estar haciendo las cosas bien. De una forma unilateral, pero con un montaje bien armado de participación ciudadana, sellan la relación con la comunidad en un conjunto de acciones que, estiman, dan cuenta del “enorme esfuerzo” que realiza la inversión privada en su relación con el desarrollo económico y social del territorio. 

He experimentado personalmente la frustración de querer cambiar los paradigmas que subyacen en las personas encargadas de conducir el protocolo de política de las grandes empresas en su vinculación con la comunidad. Al final de cada intento, se percibe en la actitud de los involucrados, la arrogancia y convicción de primacía de sus acciones, las cuales, tarde o temprano, no tienen otro camino que ser validadas por los actores locales responsables de la toma de decisión.

Uno de los paradigmas de mayor peso, en dicha relación, es la certeza que todo se resuelve con recursos, desnaturalizando el fondo de un problema social que se origina por el contraste entre la generación de riqueza y el desarrollo de las comunidades. Desde la pavimentación de caminos hasta la construcción de centros de formación técnica, gratuitos para la comunidad, dan cuenta de esta realidad. 

El aura de magnificencia que ha caracterizado al ser humano, frente a la contemplación de lo obrado, muchas veces juega en contra del avance que se requiere para validar socialmente las mega inversiones que el país requiere para su desarrollo.

Mientras tanto, no pasa inadvertido para la sociedad el montaje comunicacional que deriva del proceso de tramitación de los permisos para la construcción de las mega inversiones. ¿Qué motiva a los actores relevantes de las comunidades a ser partícipes activos de dicho montaje?

Es posible que los altos cargos, que más de un ex servidor público ha ocupado en los holdings de las grandes corporaciones, pueda explicar en parte dicho comportamiento. Sin embargo, en mi opinión, la búsqueda del reconocimiento, acompañado del desprecio al sentido común, es una de las principales fuentes que activa el show que se organiza para lograr la aprobación de las comunidades afectadas con los proyectos. Iniciativas que, con una alta contribución para los accionistas involucrados, poco y nada aportan al desarrollo del territorio y su gente.

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