[Editorial] Incertidumbre

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:40 AM 2016-06-17

Sin inversiones, no hay crecimiento. Así de sencillo. Lamentablemente, el Gobierno ha perdido dos valiosos años en los que su foco no estuvo puesto en mantener o elevar los niveles de crecimiento económico que venía exhibiendo el país en los primeros años de la presente década, sino que ha volcado sus esfuerzos en la aprobación e implementación de reformas estructurales que tienen objetivos loables, como mejorar la equidad en el acceso a oportunidades y reducir las grandes brechas de ingresos en la población, pero que en la práctica han enfrentado grandes tropiezos.

Primero, la reforma tributaria hizo más compleja la tributación y mantuvo en vilo por largo tiempo a los actores económicos, debido a su larga tramitación legislativa, además de sus correcciones posteriores; luego vino la polémica reforma educacional inconclusa; le siguió la reforma laboral, que no superó la valla del Tribunal Constitucional, que evitó la promulgación de una ley que coartaba las libertades y fomentaba el antagonismo entre empleador y trabajador, aumentando las rigideces de un mercado que requiere flexibilización.

A estas reformas se deben sumar la del Código de Aguas, que es percibida por los regantes como una expropiación ilegal de los derechos ya adquiridos; y el proceso constituyente, respecto del cual existen dudas sobre su grado de representantividad, pero principalmente, sobre el resultado que arrojará, pues existe la fundada preocupación sobre los cambios que podría introducir en las reglas básicas que definen la libertad económica que rige en Chile.

Este cóctel de transformaciones pocas veces visto en la historia se ha convertido en uno de los principales factores de incertidumbre actual, lo que se ha traducido en una fuerte caída de la inversión y un mayor pesimismo de los inversionistas y los consumidores, quienes observan con inquietud el futuro económico.

Si bien el escenario económico de desaceleración es consecuencia de una serie de factores internos y externos, como el bajo precio del cobre y de las materias primas en general, así como el menor dinamismo de los principales países de destino de las exportaciones chilenas, entre otros; no es menos cierto que la incertidumbre generada por las llamadas reformas estructurales tienen un rol fundamental en la configuración de este clima.

Las proyecciones de crecimiento para el país durante 2016 y 2017 no son auspiciosas y bordean un mediocre 2 por ciento, lo que está muy por debajo del promedio de los últimos diez años, así como del promedio de Latinoamérica. En ese sentido, conviene preguntarse cuánto han influido estos factores internos en este deteriorio de las expectativas y del crecimiento.

Y es que no se trata solo de números, sino que también de los efectos que esta desaceleración está mostrando en el empleo y en la competitividad del país.
Ante la evidencia de los hechos, recién ahora el Gobierno ha vuelto a colocar al crecimiento entre sus principales prioridades, intentando enmendar el rumbo con medidas apropiadas y otras más efectistas, sin embargo, la incertidumbre no ha desaparecido, pues el Ejecutivo ha decidido insistir con su plan reformador, pese a no contar con un mayoritario apoyo ciudadano. 

En ese sentido, se podrá argumentar que estos cambios son parte de un programa de Gobierno que votó la mayoría, pero también es clave entender que un programa no es un dogma, y que en pos de un bien superior, como la recuperación del crecimiento, es factible de ser adaptado a los requerimientos del presente. 

La aspiración redistributiva del Gobierno no tendrá sustento en la medida que el país no genere riqueza, pues nadie puede postular seriamente que se podría redistribuir pobreza, y la riqueza vendrá solo si se concretan las inversiones que están congeladas esperando que se disipe la incertidumbre.

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