La difícil tarea para convencer a indigentes de irse a hospederías

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Fernando Villa 10:50 PM 2016-06-15

Los ejemplos causan dolor en los chillanejos y su solo avistamiento en horas de las madrugadas invernales pueden impactar a más de alguien. “Pero lamentablemente son pocas las personas que pasan del dolor a la acción y no podemos acostumbrarnos a que sean parte del paisaje, es una tarea de todos el acercarse a ellos y ayudarlos”, dice el director del Hogar de Cristo en Chillán, Héctor Higuera, a propósito de los riesgos que corren quienes duermen en las calles.

Y si el tema estuvo este martes en la mesa de quienes trabajan por sacar a estas personas de esta situación fue porque precisamente uno de los que era regularmente asistidos por estas corporaciones murió en su ley: En la calle, enfermo, en estado de ebriedad y solo.

Se trata de un comerciante ambulante llamado Patricio Hernández, de 41 años, quien fue encontrado sin vida en las inmediaciones de la Escuela Juan Madrid, en el centro de Chillán.

“Esta persona tenía varias complicaciones, presentaba un alcoholismo consuetudinario, tenía tuberculosis y además tenía un solo pulmón, por lo que nuestra primera hipótesis es que murió por una falla multisistémica, como suele ser la constante en este tipo de decesos”, explicó el subprefecto Claudio Arias, jefe de la Brigada de Homicidios de la PDI de Chillán, unidad que para descartar cualquier arista criminal en este fallecimiento, descartó toda intervención ajena.

El caso de Hernández fue el segundo que se lamenta en la ciudad este año. El primero, registrado en las inmediadiones de la Plaza Sargento Aldea, afectó a José Parra Núñez, de 44 años, el pasado 16 de mayo.

En la agrupación “Apoyo y Esperanza”, dijeron esa vez que Parra Núñez quería cambiar su vida, sin embargo sus problemas con el alcohol se lo impedían.
Y el caso de Hernández no es muy distinto.

De hecho hubo veces en que aceptó dormir en la hospedería municipal, otras que aceptaba ayuda de los voluntarios que hacen las llamadas “rondas nocturnas”.

Tenía una hermana y un tío viviendo en esta ciudad y su madre es de la comuna de Pinto.

“Pero justo la noche anterior lo fueron a ver y no se quiso ir a la hospedería, no quiso aceptar ayuda, al otro día lo encontraro muerto y a diferencia de lo que dice la PDI e independiente de lo que se llegue a certificar en el Servicio Médico Legal, las personas que lo encontraron dijeron que había vomitado y se ahogó con esos mismos fluidos”, apuntó Héctor Higuera.

Conforme a las estadísticas del Hogar de Cristo, el año pasado murieron tres personas más por estas mismas circunstancias.

De libertades y dificultades
José Luis Campos, un tío político de Patricio Hernández fue entrevistado por LD Noticias de Radio La Discusión, y habló no tanto de su muerte, sino de su vida.

“Él quería siempre estar en  la calle, hacer su vida afuera, nunca quiso estar en una casa, ni siquiera en la casa de su mamá, que fue donde llegó después de estar hospitalizado”, dijo.

En efecto, Hernández, quien había sido carpintero y maestro soldador, estuvo cerca de tres meses hospitalizado, sin embargo sus ansias por estar fuera de cuatro paredes, lo hicieron salir del centro de salud sin ser dado de alta y abandonar su tratamiento.

“La última vez que conversé con él le dije que se fuera a vivir a mi casa, pero no quiso, me dijo que él quería morir en la calle. Y así fue”, apuntó su tío.

No es fácil entender por qué la enorme mayoría de las personas en situación de calle evita pernoctar en las hospederías.

Mientras algunos de los que suelen pasar las noches en el sector del Paseo La Merced hablan de libertades, de no querer “madrugar” toda vez que los obligan a salir a las 06.30 horas en algunas de las hospederías; otros dicen que no pueden pasar la noche en un lugar donde no les dejan entrar sus perros y otros incluso apelan a argumentos como que “a eso de las tres de la mañana es cuando más me gusta salir a caminar porque así funciona mejor la mente” o, como José (“así no más, sin apellidos, advierte”) quien de hecho conocía a Hernández y sabía de su muerte, asegura que “yo no me puedo ir al albergue por varias razones, una es porque soy yo quien cuida a los que se quedan afuera; y dos porque “¿dormiría usted en una hospedería, donde hay gente sucia, borracha y algunos hasta agresivos? Yo sé que soy uno de ellos, pero uno se aguanta a sí mismo, no los olores ni mañas del resto”.

Son realidades y objeciones de este calibre los que noche a noche los voluntarios y funcionarios de las instituciones como el Hogar de Cristo deben tratar de rebatir para lograr el objetivo de convencerlos a acudir a alguna hospedería.

“Pero para entenderlos hay que partir por saber que cada persona que está en la calle llegó allí luego de vivir un episodio traumático en su vida, como la muerte de un hijo, la pérdida de su familia, alguna depresión por enfermedad y la consiguiente adicción al alcohol y a las drogas”, advierte el director del Hogar de Cristo.

Entre sus papeles se anotan los resultados del último catastro de 2011 que ubicaba a 161 personas en situación de calle en la ciudad de Chillán, mientras que en el total de la provincia son 192. De ellas, solo cuatro son mujeres.

“Pero según nuestras estimaciones en el próximo catastro de 2016 se debería llegar fácil a las 200 personas en Chillán”, calculó Higuera.

En contraste, el personal rentado y voluntarios de las instituciones de beneficencias que se encargan de personas en situación de calle  como la Corporación Hallazgo, El Hogar de Cristo y la Hospedería Municipal, totalizan cerca de 60 personas.

La edad de estas personas también ha aumentado, hallándose en las rutas nocturnas cada vez personas que superan los 50 años.

Los puntos más frecuentes para ellos son el Hospital Herminda Martín, la Plaza San Francisco (cuando no llueve), detrás del Jumbo, bajo el techo exterior del Colegio San Vicente, los vagones de la estación de trenes, bajo la pasarela de Ultraestación, las afueras del Terminal Línea Azul, “y el grueso está en el sector del Mercado y el Paseo Las Palmas, aunque cada vez están más dispersos y eso hay que entenderlo como las personas itinerantes que son”, explicó Higuera.

De la rabia a la acción
Existen diversos programas de asistencia para personas en situación de calle, algunos los organiza el municipio, otros la gobernación y también el Hogar de Cristo.

Todos apuntan a “convencerlos” para que dejen de dormir en las calles, toda vez que la capacidad hotelera existe.

El llamado de Higuera es aportar como voluntarios, sumarse a quienes ayudan a estas instituciones a realizar las rutas nocturnas, conversar con estas personas, escucharlos, ayudarlos con mantas, café, y por sobre todo, ganarse su confianza para que acepten ir a las hospederías, acostumbrarse a ellas.

Los estudios hablan que una persona en situación de calle en cinco años se puede rehabilitar y volver con la familia e incluso encontrar algún oficio de manera regular, “pero para eso hay que comprometerse, salir del estado de rabia y ayudar”, finalizó Higuera.

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