Ojos que no ven

Por: Rodrigo Oses 2016-06-13
Rodrigo Oses

Juan Leiva se abre paso en silencio entre un puñado de hinchas de Unión Católica que lo abrazan y saludan con orgullo.

El volante chillanejo es jugador de la Universidad de Chile, pero no olvida sus raíces que están en el cuadro cruzado de las poblaciones 20 de Agosto y Purén y en el propio Deportivo Cóndor.

Sin embargo, tampoco olvida que para llegar a cumplir este sueño, también sufrió. Fue desechado en su propia casa. En la misma cantera que debió forjarlo. Pulirlo. Claro, es que como reza la premisa, no fue profeta en su tierra.

Juan fue desechado de los cadetes de Ñublense por Ricardo Toro cuando su entrenador de la sub-15, Marcos Sepúlveda, ya había recomendado que le hicieran un seguimiento para sumarlo a un grupo de proyección.

Pero Toro no quiso ver lo que Sepúlveda había detectado. Quien sí abrió los ojos y se lo llevó a Deportes Concepción fue Felipe Hermosilla, quien lo trabajó físicamente y se las arregló para que Leiva explotara futbolísticamente.

Hace algunas semanas se transformó en el primer refuerzo de la U. de Chile, y pocos saben que fue de Ñublense. Que lo dejaron partir. Que lo desecharon. Que lo tildaron de malo. A un chillanejo que hoy promete hacer historia en la “U”. 

¿Cuántos cadetes formados en Ñublense han sido vendidos a equipos grandes en los últimos años?

Ninguno. A no equivocarse. Las ventas que se han producido han sido de jugadores formados en otros clubes o ya en vías de consagración. Léase Julio Barroso (ex Boca, que de Ñublense saltó a O’Higgins), Mariano Berriex (que fue formado en Independiente de Argentina), Marcelo Jorquera (que hizo su formación en Unión Española y Osorno, y llegó casi formado al Rojo).

¿Pero cuánto ha invertido Ñublense en formar un cadete de exportación?

Juan Leiva pudo ser el primero, pero alguien no quiso ver. 

De las lecciones se aprende. Ojalá que Ñublense no siga dejando escapar diamantes en bruto que no es capaz de pulir con fineza en casa.

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