Bondades de la personalidad quijotesca

Por: José Luis Ysern de Arce 2016-06-13
José Luis Ysern de Arce

Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC

Al cumplirse cuatrocientos años de la muerte de Cervantes me parece bueno dedicar una pequeña reflexión a la figura del Quijote y observar algunos rasgos de su personalidad. Es posible que todos llevemos dentro de nosotros un pequeño o gran Quijote; si no lo reprimimos y, al contrario, dejamos que se manifieste libremente, es seguro que cada uno seríamos más felices, mejores personas, y haríamos mucho bien a la sociedad en que vivimos. Si nos pareciéramos algo más a Don Quijote nos luciría mejor la vida y nuestra sociedad también luciría mejor.

Don Quijote es ante todo un caballero que sabe que es caballero y que se comporta como caballero. ¿Cuáles son las características de un verdadero caballero o de una verdadera dama? Ante todo la fidelidad a sí mismo. En nuestro lenguaje de hoy podríamos decir que es alguien con apropiado nivel de autenticidad y autoestima.

Efectivamente, una persona auténtica y con buena autoestima es una persona digna como el mejor de los caballeros, y digna como la más valiosa de las mujeres. En la persona quijotesca brilla ante todo la verdad y el amor a la verdad. La verdad de sí mismo -aspecto relacionado con la autoestima- que se expresa en la verdad en el pensar, hablar y actuar. Así son las personas auténticas.

Por lo mismo viene en seguida la pasión por la justicia. Estas virtudes van de la mano. Por eso a una mujer y a un hombre con este tipo de personalidad les nace luchar por las causas nobles aunque ello les acarree consecuencias ingratas y no pocos problemas. Estas personas Quijotes van por la vida “desfaciendo entuertos”, es decir, destruyendo males y construyendo bienes, destruyendo muros de separación y construyendo puentes de comunicación. Son personas de gran sensibilidad social al lado siempre de los más pobres, marginados y olvidados. 

Aunque a primera vista no lo parezca, pero es verdad que los ideales del Quijote son secundados hoy por muchos hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos. Verdad, libertad, justicia, honestidad, respeto, fidelidad a los compromisos, esfuerzo y tesón, son valores quijotescos apreciados y acariciados por muchas personas. 

Nos cuesta creerlo porque las personas cultivadoras de estas virtudes no hacen ruido, no son noticia, no aparecen en la primera plana de los informativos. A pesar de que los medios de comunicación social nos dicen que nuestra sociedad está marcada por enormes injusticias, groseros individualismos y egoísmos a todo trapo, también debemos reconocer que estamos rodeados de muchas personas, sanamente indignadas, cuyos motivos en la vida son de un sincero altruismo y generosa entrega. 

Puedo dar testimonio de jóvenes universitarios que conozco muy de cerca cuya motivación para haber elegido la carrera que estudian está muy lejos de una motivación al éxito en términos de ganar más y más dinero y hacerse famosos al estilo que presenta la propaganda de turno. Al contrario, los veo incómodos en ese tipo de fama. Las buenas personas -decía D. Quijote- no buscan “la vanidad de la fama que en este presente y acabable siglo se alcanza”. Ese tipo de fama lleva a que las personas se hagan infames, es decir, carentes de honra, crédito y estimación (DRAE). 

Dice Zygmunt Bauman que la de hoy es una sociedad “líquida”, donde nos falta consistencia y parece que todo se nos va de las manos como el agua. Por eso bien está promover en todos nosotros la personalidad quijotesca que construye esa consistencia que tanto necesitamos.

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