El lateral que conoció el cielo y el infierno con la roja de Ñublense

Por: M. Herrera/R.Oses Fotografía: Fernando Villa 08:30 AM 2016-06-13

Manfredo González, “Gonzalito”, es recordado como uno de los mejores laterales derechos de Ñublense. Este tomecino que se encariñó con Chillán, vivió con la divisa roja la gloria y el infierno, ya que fue campeón en 1976, sufrió la crisis de 1981 y como entrenador salvó de la caída a Cuarta División al cuadro ñublensino en la última fecha.


-¿Cómo llegó a Ñublense?
-Yo llegué el 75’, soy tomecino, llegué desde Huachipato, yo le pedí por favor a don Pedro Morales que me mandara a préstamo, el 71 y 72 fui titular y tuve una lesión y me costó recuperarme, se presentó la posibilidad y llegué a Ñublense con don Luis Ibarra en 1975. Fui titular y considerado el mejor lateral. Jugué todo el 76’ y el 77’ me fui a Cobreloa. El 75 estaba Luis Ibarra, estábamos como quintos, se jugaban por dos grupos, muy lejos de la clasificación. Después llegó Ramón Climent, quien estuvo hasta mediados de febrero, no teníamos cancha para entrenar solo cancha de tierra, Quilamapu, la cancha de San Martín, pero igual él armó el equipo.


-Después llegó Isaac Carrasco, que llevó el equipo al ascenso...
-Isaac Carrasco llegó al inicio del campeonato del 76’, trajo a Sergio Pérez, que había estado con él en Deportes Concepción. El equipo era Estaban Antonio Muñoz, (o Lara un arquero que venía de Colo Colo), Manfredo González, Germán Rojas, Mario Cerendero; Avila, el “Chino” Marín, aunque Filimón Contreras jugaba más; San Juan, Víctor Ulloa, Aballay, Julio Iturra; Vicente Tadeo Lugo, Oscar Roberto Muñoz y también Herrera. 


-¿El 76’ que recuerdos tiene de ese plantel histórico?
-El 76’ tengo gratos recuerdos de un equipo que se fue conformando con mucho sacrificio, se creyó que podríamos responder y hacer historia, lo bueno es que nadie se lesionaba, se mantuvo la defensa del año anterior y don Isaac Carrasco puso el conocimiento y el ordenamiento de todos nosotros, juntó más al equipo.


-¿Qué partido fue clave en esa campaña para mantenerse en la lucha por el título? 
-El partido clave donde pudimos darlo vuelta fue con Magallanes en Santa Laura, porque era clave ganar o empatar. Faltaban dos minutos, perdíamos dos cero, vino un córner del sector norte de Santa Laura, va Aballay tira el centro, arquero de Magallanes era Danuelo Díaz, y Sergio Pérez hace el primer gol. Nuevamente sale Magallanes, nosotros recuperamos la pelota, viene otro córner por el otro sector, Díaz la puñetea y la pelota viene elevándose, le iba a pegar yo, pero apareció Ulloa y le metió un cabezazo desde fuera del área. Al final del partido el técnico de Magallanes, Donato Hernández, pasó por el lado mío y me dijo  “andan con la suerte del campeón”. El otro recuerdo fue cuando Coquimbo quiso sobornar a Antonio Muñoz. Por el tipo de formación que tuvimos, a veces había atrasos en el sueldo, pero siempre estuvimos comprometidos, éramos todos jugadores intachables comprometidos con la institución. 


-¿Cómo recuerda el triunfo ante O’Higgins, que significó el ascenso a Primera?
-Llegó el partido clave con O’Higgins. Estaban Miguel Ángel Layno, Germán Concha, Guillermo Yávar en O’Higgins. El partido era trascendente, por lo que el árbitro fue Alberto Martínez, el mejor de primera división.  En esos años los camarines del estadio tenían una corredera de pequeñas ventanas arriba, desde la cual se podía mirar la cancha y las graderías. Yo me subí a la banca y me asomé para mirar. Quedé impresionado. Recién ahí fue cuando dimensioné la expectativa que había, tienen que haber habido fácil unas 18 mil o 20 mil personas, no cabía un alfiler, incluso miré detrás de las graderías, camiones llenos de gente.


-El 81’ fue parte del grupo de jugadores que en Primera se fue a huelga por sueldos impagos...
-Pasamos cuatro meses impagos. Pero hubo un problema interno. Lo que pasa es que el capitán, Roberto Hernández, intentó hablar con los dirigentes, pero siempre le vendieron pomadas. Renato Solar era el presidente. No aparecían los dirigentes en la gerencia y lo peor es que había un técnico que no pesaba mucho (Juan Rodríguez). Y debió defender la causa de sus trabajadores. Para mí fue penoso ese año.  El 63 o 64 también hubo inconvenientes, pero quedaban en amenazas. Nosotros quisimos meter esa presión, pero no apareció el billete. En un partido jugaron los juveniles y al partido siguiente se fue desgranando el choclo. El técnico no fue leal, porque terminaron 11 jugadores fuera que él no quiso. Él se quiso arreglar, pero al final igual lo echaron. Estábamos en un régimen militar, pero nunca vi milicos en el camarín. El plantel no era bueno. No habían buenos compañeros, pero sí buenos jugadores. Lo curioso es que cuando me vine a O’Higgins desde Ñublense firmé el mejor contrato de mi carrera, pero nunca me lo pagaron. Después de dos años me pagaron a puras chauchas.  Lo que pasa es que el 81’ vino Hernán Carrasco, que había sido técnico en Centroamérica, y antes había dirigido a Aviación, era un hombre tranquilo, frío, educado, inteligente, pero Juan Rodríguez le empezó a hacer la cama y asumió como a la tercera fecha. El plantel tenía dos grupos, estaba dividido un lote de jugadores de la “U” que estuvieron con Manuel Rodríguez, y otros que no jugaban como Belisario Leiva. Yo pude irme a Naval y conversé con un dirigente que era gerente del Banco Sudamericano, pero Renato Solar no me quiso dar la libertad. Ahí pasó un problema. Antes de echarnos, los jugadores que podían irse eran los que no jugaban. Yo siempre estaba en la banca, pero en el último partido Juan Rodríguez me puso de lateral y jodí.


-¿Como era Renato Solar?
-Conversé poco con él. No era muy cercano al jugador. Don Pedro, bueno, nunca tuve un problema con él. Me decía directo “vos gueón te la jugai, mojai la camiseta”. Al plantel lo tenía al día. Pero al final mintió porque ofreció antes que terminara el torneo un auto para cada uno, pero nunca llegó el auto para nosotros, Nos ofreció un Fiat 600 para cada uno. Todavía lo estamos esperando.


-Cómo entrenador salvó a Ñublense de caer a Cuarta División...
-Asumí cuando quedaban como cuatro fechas para irse a Cuarta División. Ese camarín era una casa de putas. Eché a cinco jugadores y recluté a chicos del fútbol amateur. Uno de esos fue el “Cuqui” Edgardo Medina, quien marcó el gol que nos salvó.

Comentarios