[Editorial] Inversión en energía

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:20 AM 2016-06-08

Existe una visión compartida entre los expertos de que estamos atravesando por un período complejo en materia de abastecimiento eléctrico. Del mismo modo, hay consenso en que el sistema presenta fragilidades y en los años venideros esta situación va a empeorar, lo que obliga a actuar con sentido de urgencia. 

Con las lluvias recientes, y de persistir esta tendencia climática, la situación puntual para 2016 debería mejorar. Sin embargo, el mayor problema se prevé para los años siguientes, ya que la falta de nuevos proyectos de generación eficiente hará que la situación se complique más en el futuro. Por eso es necesario que exista una política de Estado que trascienda los períodos de cuatro años de Gobierno. Esta visión, a no dudarlo, es la única capaz de otorgar confianza a proyectos de larga maduración, generalmente los de mayor inversión.

En efecto, los proyectos de generación son de largo aliento, toman más de tres años solo en su construcción, sin contar el tiempo que tardan los estudios y permisos necesarios. En Ñuble existen al menos diez, pero solo uno de ellos, la minicentral Itata que se inaugura este viernes en Yungay, está en condiciones de iniciar su operación. Los restantes, que completan casi 2.000 MW de potencia instalada, deambulan en medio de la burocracia estatal. 

El ejemplo más cercano y revelador de los obstáculos que enfrentan los proyectos de generación es la central termoeléctrica El Campesino, que aún no cuenta con su aprobación de impacto ambiental, razón por la cual resulta difícil anticipar la fecha de su puesta en marcha debido a la fuerte oposición que ha generado en la zona. De hecho, el pasado lunes el Consejo Regional del Bío Bío aprobó por una contundente mayoría un informe desfavorable del proyecto que la empresa Biobiogenera pretende instalar en Bulnes. Para ello, tuvo en cuenta dos aspectos: la compatibilidad territorial del proyecto considerando los usos de suelo definidos en los instrumentos de planificación territorial vigente y si el proyecto se relaciona desde el punto de vista ambiental con políticas, planes y programas de desarrollo regional. Al respecto, los cores argumentan que la visión es que este tipo de proyectos no son compatibles con la nueva estrategia regional de desarrollo, donde se privilegia el uso de energías limpias, renovables y no convencionales. Y agregan que en su rechazo también tuvo mucho que ver la idea de fortalecer la producción agrícola como elemento central de la economía e identidad de Ñuble.

Sin embargo, olvidan los consejeros regionales que los proyectos de ERNC, y en particular los de menor tamaño, siguen enfrentando complejas barreras; que los instrumentos de planificación territorial pueden ser modificados, y que la agricultura, como cualquier actividad económica, también requiere energía y a precios competitivos. 

Si bien es posible y saludable integrar un mayor porcentaje de ERNC, no se debe olvidar que la incorporación de otras tecnologías -como las centrales a gas natural- es algo absolutamente necesario para lograr abastecer adecuadamente la demanda. Hoy no existe riesgo de un racionamiento, sin embargo, conviene no perder de vista que el sistema atraviesa por una situación altamente frágil y de allí la necesidad de que las diferentes autoridades convocadas a pronunciarse sobre los proyectos de generación lo hagan con realismo, sin renunciar a criterios de sustentabilidad, pero tampoco cayendo en visiones románticas que a lo único que conducen es al desincentivo de la inversión, con sus consecuencias obvias en crecimiento y empleo.

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