[Editorial] Candidatos con visión

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 11:00 AM 2016-06-07

Las elecciones municipales que se realizarán el 23 de octubre de este año, ya están atrayendo la atención de la opinión pública. Las candidaturas comienzan a delinearse con más claridad, lo mismo que las afinidades o conflictos entre los postulantes y las fuerzas o facciones políticas que los apoyan. La ciudadanía, en tanto, observa y no toda, pero una buena parte, intenta profundizar en los programas de cada uno de los aspirantes a las 21 alcaldías de la provincia. 
Sin embargo, al hacer una revisión de lo que está ocurriendo en las comunas de Ñuble, se constata que las principales figuras que se han puesto en carrera no han conseguido, al menos hasta ahora, transponer el umbral de las definiciones tácticas, las confesiones de afinidades o antipatías personales y la manifestación de objetivos de carácter individual. En el mejor de los casos, aparecen críticas o apologías de algunas medidas del actual Gobierno. La elaboración de propuestas concretas de alcance colectivo suele estar ausente por completo. 

Esta carencia debe ser lamentada por muchas razones. La más importante es que la sociedad ñublensina está siendo amenazada por problemas complejos que solo serán superados al cabo de un ejercicio sistemático de estudio, voluntad política y desempeño profesional. El aumento del desempleo, el deterioro ambiental, la inseguridad, el rezago en la educación, el crecimiento desordenado de ciudades como Chillán y el generalizado aislamiento de las corrientes de inversión nacional son algunos de los desafíos que solo se resolverán al cabo de un inteligente intercambio de ideas. 

Sin embargo, la política local no ofrece desde hace tiempo un dispositivo analítico adecuado para ese inventario de dificultades comunales que sumadas y puestas en perspectiva son una de las razones de la declinación que exhibe la provincia cuando se la compara con otras ciudades de igual tamaño. Se trata, en definitiva, de un fenómeno extendido y repetido a lo largo y ancho del país y que encuentra su origen en el paulatino vaciamiento de la actividad política, donde quienes ejercen funciones de gobierno y aspiran a ser reelectos y los candidatos que pretenden reemplazarlos parecen encapsulados, con muy contadas excepciones, en la burbuja del corto plazo. Allí reinan encuestas de dudosa metodología y aplicación, el desfile por poblaciones, los “puerta a puerta” y las canastas familiares, todos instrumentos ya sacralizados y mediante los cuales la dirigencia cree identificar las preferencias de la gente, no obstante lo único que logra es renunciar a una de sus dimensiones esenciales: la capacidad para convocar a la ciudadanía detrás de objetivos ambiciosos. 

Es entendible que algunos candidatos prescindan de grandes propuestas conceptuales, pues se sienten más cómodos con el lenguaje simple y la gestión concreta, el hacer cosas, pero lo que no se puede permitir es que el pragmatismo disfrace la inmoralidad de no tener plan de gobierno.  

Es inmoral porque resistirse a ofrecer precisiones sobre lo que se piensa hacer es una táctica para ocultar la incoherencia de estar dispuestos a hacer una cosa o la contraria, según la conveniencia del momento. A fin de cuentas mal se puede reprochar el incumplimiento de una promesa a un candidato que no fijó posición alguna. 

Es de esperar que los próximos 100 días sean realmente aprovechados por los candidatos para dar a conocer en profundidad y con claridad sus propuestas y no quedarse en lugares comunes de fácil difusión y poco contenido.

Comentarios