El paradigma neoliberal

Por: Renato Segura 2016-06-07
Renato Segura

Posterior a la traumática experiencia de la vía chilena al socialismo de inicios de la década de 1970, se incubó la idea que, la iniciativa individual, debía ser la base para el desarrollo social y el crecimiento económico del país.

Bajo esta concepción de sociedad, la meritocracia se transformó en el paradigma del modelo neoliberal. El bajo nivel educacional de la fuerza de trabajo de inicios de la década de 1980, fue el detonante del vertiginoso crecimiento de la oferta en la educación superior. 

El notable desempeño de la economía chilena durante la década de 1990, era un argumento poderoso para quienes sostenían el modelo neoliberal. En este escenario, el Estado era poco y nada lo que podía hacer en lo referente a la actividad productiva del territorio, salvo el de allanar el camino para desarrollar la capacidad emprendedora individual, escalar en el nivel de estudios de las personas y hacer una gestión pública inteligente para generar un ambiente macroeconómico propicio para la evolución de la capacidad individual.

Sin embargo, el tiempo ha mostrado la necesidad de romper dicho paradigma. 

En efecto, las principales escuelas de economía en el mundo, muchas de las cuales formaron la elite de personas que transformaron a la sociedad chilena, se han dado cuenta que la iniciativa colectiva es en gran medida la responsable del nivel de desarrollo de un país y la meritocracia está lejos de ser la regla de oro para aumentar el stock de riqueza de una sociedad.

Ha-Joon Chang, economista e investigador de la Universidad de Cambridge, ilustraba de esta forma la inconsistencia del modelo neoliberal: “El Reino Unido, con gente menos preparada que Corea, es tres veces más rico”. El investigador pone el énfasis en que es el conocimiento colectivo el que hace la diferencia entre un país rico de uno pobre.

Chile ha dado cátedra en sus esfuerzos por mejorar el conocimiento individual, pero ha renunciado a la intervención del Estado para liderar el conocimiento colectivo, que muchas veces opera como bien público. Solo en el presente siglo la participación de la educación en el gasto público ha aumentado del 17% al 19%; la gratuidad y la reforma educacional seguirán impulsando dicha cifra al alza. Sin embargo, Ha-Joon Chang advierte: “Si Chile no tiene una estrategia para crear trabajos donde las personas mejor educadas puedan desplegar sus habilidades, la enorme inversión que han hecho se va a perder”. 

Mientras el país duerme en sus laureles, el Estado ha rehuido sistemáticamente su responsabilidad en el desarrollo de la industria nacional. El despliegue del esfuerzo público para fortalecer el capital social -cómo es el caso del mecanismo de fondos concursables- termina acumulando aún más el capital individual. La brutal concentración de la riqueza, es el resultado natural de esta exasperante costumbre de borrar con el codo aquello que se escribe con la mano. El umbral del desarrollo se aleja y la confianza pública en las capacidades de los agentes del Estado, se desvanece.

¿Cuánto más debe esperar la sociedad para terminar con este paradigma neoliberal que está horadando el alma nacional?

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