Saquémonos la capucha para mirarnos a los ojos

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2016-06-06
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

Como debe ser en democracia, las manifestaciones son expresión del sentir popular y son necesarias para mantener caminos de expresión libre de los ciudadanos. Sin embargo, las cosas se complican cuando se convierten en plataformas para hacer presente el disgusto de algunos grupos anárquicos que, más allá de expresar legítimamente su opinión, producen desmanes actuando con una violencia irracional de tristes consecuencias, condenable bajo todo punto de vista.

Una vez más hemos constatado un preocupante aumento de la violencia en Chile, la que no es tan distinta a la que se da en muchos otras naciones amigas de América y del mundo. El pasado 21 de mayo no será olvidado tan fácilmente pues, más allá de anuncios más o menos, nadie puede aplaudir la muerte de un trabajador inocente, que en condiciones de violencia extrema perdió su vida por el solo hecho de estar en el edificio donde se concentró el odio contenido. 

Por otra parte subsiste ya por décadas la pendiente atención al conflicto mapuche, que requiere no solo de buena voluntad, sino que de un efectivo trabajo que ningún Gobierno aún ha asumido como se espera. Es probablemente el problema más serio que enfrenta la nación y que, al parecer, seguirá como tarea pendiente para los próximos años, dejando a su paso muerte, quemas y destrucción sin sentido. 

Todo lo anterior, y mucho más que el lector puede sumar, refleja la realidad de una profunda agresividad instalada en las redes sociales y expresada en el mal trato verbal y físico que conlleva violencia y la engendra cada día más. La pregunta es ¿cómo podemos superar esta realidad que nos conduce, aún sin darnos cuenta, cada vez más lejos del ideal de un futuro promisorio, en justicia y paz? 

Hace unas semanas despedimos en Ñuble al querido alcalde de Pinto don Fernando Chávez, que recibió el conmovido homenaje de muchos que, desde distintos ángulos de la vida política y social, destacó su cercanía al pueblo, su consecuencia, y apertura al diálogo. La partida del alcalde siguió, en el tiempo, muy de cerca la muerte del ex Presidente don Patricio Aylwin, quien asumió la primera magistratura en tiempos de gran polarización que caracterizaron el retorno a la democracia. Ambos líderes nos han mostrado que el camino del encuentro y el diálogo es el único que garantiza la construcción de la patria futura y unida.

Es fácil pasar el día recordando los fracasos de nuestra convivencia nacional, cultivando aún más el desgastado esquema de gobierno oposición, renunciando al desafío hermoso de transitar por caminos nuevos de confianza y credibilidad. La violencia se superará cuando nos saquemos las capuchas para vernos las caras, en el encuentro personal que se da cada día en familia, entre amigos, en el trabajo, y que precede a las redes sociales y a los medios de comunicación. 

Si no deseamos que la violencia engendre más violencia en Chile, renovemos nuestro compromiso de superar todo individualismo, indiferentismo, y desconfianza, recordando lo que el Papa Juan Pablo II nos dijo en relación a la necesidad de reconstruir constantemente el tejido de la fraternidad, porque “Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento”.

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