La alfarera que cambia el rostro de la greda

Por: Carolina Marcos Fotografía: Mauricio Ulloa 09:50 PM 2016-06-04

Hija de una tradición alfarera de bisabuelas, abuelas, madre, padre y hermanos, Nayareth Núñez Rodríguez (24) está rompiendo con su trabajo el esquema tradicional de la greda negra en Quinchamalí. Si bien sus piezas mantienen a la mujer (imitando a la tradicional guitarrera) como centro de la intención, la voluptuosidad de los torsos y las barrigas abultadas representando un embarazo son el eje principal de la nueva propuesta de la joven alfarera. 

Nayareth aprendió la técnica de su madre, Marcela Rodríguez, quien en la actualidad se desempeña como maestra de las nuevas generaciones de alfareros en la Escuela de Quinchamalí, más específicamente en el taller “Artesanitos”. Sus dos hermanas menores son parte de este grupo, pero además, trabajan en la casa. Otro hermano también ha puesto sus manos en la greda; y su padre, Ramón Núñez, se dedica a trazar con sus dedos animales del campo y carretas. Más atrás, sus abuelas materna y paterna, también dedicaron una vida entera a la alfarería y ambas continúan trabajando. La familia completa reafirma la idea de que la greda negra en Quinchamalí no es una actividad que se encuentre en peligro de extinción. 

“Aprendí desde muy pequeña, desde que me acuerdo, a los cinco años. Mi mamá ha trabajado toda la vida en alfarería. En la casa tenían una cocina a leña y siempre ayudaba a bruñir las piezas al lado del fuego. Cuando chica me gustaba porque era la instancia de jugar con barro”, afirma Nayareth quien da esta entrevista con las manos metidas en la greda, trabajando una nueva imagen. 

La joven estudió en la Escuela de Quinchamalí durante la básica, en el Colegio Darío Salas de Chillán y en Inacap. “Ahí saqué el título de Telecomunicaciones. Cuando terminé me fui a trabajar a una empresa del área en Santiago hasta que me trasladaron a Concepción. Pero llegó un momento en que sentí la necesidad de ser mamá y me vine a Quinchamalí”, recuerda contenta con la decisión de regresar a su cuna. 

Durante el embarazo surgió la necesidad de plasmar la vivencia en sus piezas. Así nacieron las representaciones del embarazo y la posterior lactancia, todo al lado de Matías, su pequeño que ya tiene dos años. “Todas mis piezas son diferentes. Aparte de la inspiración del momento, quiero reflejar el tema de la maternidad. El torso desnudo es vida, los pechos son vida porque alimentan a los bebés.  Antiguamente no habían tarros de leche y los pechos de la mujer eran la única forma de dar vida, de alimentar. Por eso, la mayor parte de mis piezas son torsos desnudos; también mantengo una pieza embarazada, que hice estando en espera de mi hijo”, puntualiza. 

 -¿Desde siempre quisiste pasar la experiencia de la maternidad?
-Siempre quise ser mamá, fue lo único que he tenido claro en mi vida. No sé si quiero tener más hijos porque ya cumplí mi sueño de ser mamá. Es algo que tengo que pensar, pero por ahora no. 

-¿Qué te dicen dentro de tu familia por no seguir la alfarería tradicional?
-Mi mamá, mi papá me apoyan. Una vez mi abuela me hizo un comentario súper pesado cuando estaba armando unas figuras. Me dijo que hiciera cosas que se vendieran. Le contesté que yo quería hacer esto así. Que no estaba haciendo piezas para ganar dinero. Después entendí que por mi trabajo me ofrecen buenas lucas, pero me cuesta mucho deshacerme de ellas. A veces piezas se han quedado en el taller y mi mamá las vende. A mí no me gusta. 

-¿Te proyectas en la actividad?
 -Si me proyecto, por el momento. No me quiero dedicar a vender todavía. Para el resto yo no soy alfarera. Cuando he ido a las reuniones, tienen la prédica que no hay alfareras jóvenes, pero sí las hay. 

-Ése es un reclamo eterno de las alfareras tradicionales...
-Siempre han dicho, pero conozco a varias que no son hijas de alfareras y que están aprendiendo. Otras que no nacieron acá, pero que se han venido porque se han casado con gente de aquí y quieren aprender la técnica. Muchas quieren aprender. Las mamás de los “Artesanitos” también quieren aprender. Siempre está esto de que nadie va a seguir con la tradición, pero eso para mí es como lamentarse.

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