No hay primarias sin segunda

Por: Claudio Martínez Cerda 2016-06-04
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Pasó la tormenta y la democracia se anotó finalmente un triunfo. Todos o casi todos declaraban que estaban por la realización de primarias, pero unos lo hacían con más convicción que otros. Algunos declaraban ser partidarios de las primarias como si estuvieran haciéndole un favor a la gente. 

Lo cierto es que finalmente se ha impuesto la realización de primarias en la comuna de Chillán, más allá de los de los ocultos deseos de algunos. 

Pero qué significa hacer primarias en este escenario de crisis de la política chilena. Significa, según acertadamente han manifestado algunos, el inicio de un proceso de sanación de la política. Significa entregar o transferir a los ciudadanos lo que antes hacían unos pocos entre cuatro paredes. 

Pero las fortalezas de este mecanismo van más allá. Las primarias son el espacio necesario para que surjan nuevos liderazgos en la renovación de la política y de los políticos. Sin este mecanismo, las preferencias de las encuestas u otros sondeos siempre se darán entre rostros conocidos, en el caso de las municipales es aún más patente este aspecto. Por ello las primarias son el espacio para la renovación, hoy más necesaria que nunca. 

Un viejo político español decía que en los procesos electorales las sociedades entraban en celo y se comportaban como una gallina clueca, y que los candidatos eran como los gallos que quieren seducir y conquistar el favor de la gallina. Bien puede tratarse esta decisión, de la cueca de las primarias, baile adecuado para la fiesta de la democracia que se ha instalado en Chillán. 

Por otra parte, los candidatos tienen oportunidad de desplegar sus capacidades con propuestas concretas para la ciudad. Y los electores ciudadanos decidirán finalmente quién los representará en la lucha por alcanzar el sillón alcaldicio. 

Quien gane, cualquiera que sea, tendrá legitimidad y autoridad moral para exigir a sus contendores apoyo y colaboración. Quien no esté dispuesto a ello, mejor que no participe en estos procesos democráticos y siga esperando que alguna vez lo nominen a dedo, a través del viejo y conocido procedimiento de la “dedocracia” o “democracia de la repartija”, por fortuna en retirada. 

No ha ocurrido eso en Chillán, y las primarias son una realidad. Pero para que tengan plena validez, tendrán que darse en el contexto de amplios debates de cara a la gente. Solo así los ciudadanos podrán votar libre e informadamente por quien creen que reúne las competencias y cualidades para liderar la gestión de la ciudad. Esa es la segunda pata de la cueca de las primarias. En cada esquina, en cada foro ciudadano, en las calles y plaza de la ciudad, deberán realizarse debates. 

Es una forma ilustrada de abaratar los costos de las campañas, además de ser un formidable ejercicio de educación cívica, tan necesario como indispensable en la sociedad de hoy. 

No hay cueca que no tenga a lo menos dos patas, y la segunda pata de las primarias son los debates. Por el contrario si esto no es posible, no quedará otra opción que bailar la cueca en solitario. Aún así la segunda pata parece irrenunciable. No hay primarias sin segunda.

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