[Editorial] Nuestro tesoro natural

Por: 10:50 AM 2016-06-03

El Corredor Biológico Nevados de Chillán–Laguna del Laja es el más grande de este tipo en la Región del Bío Bío. Son 565 mil hectáreas, desde la comuna de San Fabián de Alico hasta Antuco, en la Provincia de Bío Bío. Se trata de una gigantesca reserva de biodiversidad, con una muestra representativa de lo que se considera un área de transición ecológica, en el límite de dos ecosistemas en peligro a nivel mundial: el matorral mediterráneo de Chile central y el bosque lluvioso valdiviano. Estas características le confieren que sea considerado clave a escala de paisaje y ecosistemas y desde hace tres años sitio prioritario de conservación de la biodiversidad a escala nacional y global. 

Ante ojos inexpertos, aparentaría ser un paraíso, tal como lo certifican los miles de visitantes que cada año lo visitan. Sin embargo, una mirada en profundidad y especializada sugiere que, a pesar de los desvelos de ambientalistas y naturalistas, el prolongado desinterés de las autoridades ha puesto en riesgo muchos de sus atractivos naturales. De hecho, esta fragilidad hizo que en 2011 fuese reconocido por la Unesco como reserva de la biósfera, declaratoria que persigue conciliar la conservación de la diversidad biológica con la búsqueda de un desarrollo económico y social ambientalmente sostenible, pero que también plantea una serie de responsabilidades a las autoridades regionales y nacionales sobre cómo generar estrategias de acción para salvaguardar el extenso territorio. 

Su gestión está a cargo de un consejo que agrupa a 28 autoridades y representantes del sector productivo, de organizaciones sociales y académicas y desde el punto de vista operativo de un comité ejecutivo que agrupa a 8 servicios públicos y asociaciones de municipios. Este último sesiona con cierta regularidad y ha impulsado algunas acciones de educación ambiental, pero carece de una hoja de ruta para preservar esta reserva que constituye un patrimonio natural único y, como tal, un recurso fundamental para el desarrollo local. Si se degrada, su calidad disminuye no solo desde el punto de vista ambiental, sino también turístico. 
La planificación entonces aparece como imprescindible, más todavía si en el sector hay importantes proyectos de infraestructura que ponen en riesgo este patrimonio. Justamente por ello, la decisión del Consejo Regional de financiar los 65 millones de pesos que cuestan los estudios que deben anteceder al diseño de un plan de gestión para la reserva es una buena noticia que merece destacarse. 

Cabe recordar que en esta área se construirá el embalse La Punilla y hay proyectadas otras millonarias inversiones en materia energética y turística, de modo que establecer los contenidos mínimos para la gestión de este territorio representa no solo una oportunidad para impedir la pérdida de biodiversidad, sino un desafío para que diversas actividades económicas puedan crear desarrollo sustentable. 

El Corredor Biológico Nevados de Chillán–Laguna del Laja tiene igualmente una función de educador ambiental para que los ciudadanos puedan inspirarse en la naturaleza para aprender a valorarla y adoptar mejores conductas ciudadanas para el uso responsable de sus recursos. Para ello, además de profesionalizar la gestión, es imprescindible contar con recursos suficientes, por lo que es de esperar que las autoridades aprueben los fondos solicitados para estos estudios y continúen impulsando otras iniciativas que permitan armonizar los valores de conservación de su enorme riqueza biológica con las necesidades del desarrollo de un modo sustentable e inteligente.

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