El cambio climático obliga a tener buenas políticas públicas

Por: Marcos Delucchi Fonck 2016-05-31
Marcos Delucchi Fonck

Director de la Universidad de Concepción.

Presidente Comisión de Energía, Colegio de Ingenieros.

Director de la Corporación Cultural de la Universidad de Concepción.

Director de la Incubadora de Empresas de la Universidad del Bio Bio.

Director de la Incubadora de Empresas de la Universidad de Concepción sede Chillán.

Director del Centro de Biotecnología de Concepción.

Director Diario La Discusión de Chillán.

Miembro del Consejo Superior de Innova Biobio

Miembro del Directorio de Bosques para Chile.

Miembro Comité de Atracción de Inversiones Extranjeras, CORFO

Las movilizaciones sociales de Chiloé nos permiten meditar los catastróficos efectos que el cambio climático está causando a las economías tanto locales como nacionales.  Rápidamente nos olvidamos del huracán Catrina, pues sucedió en Estados Unidos, pero ahora el desastre lo tenemos en nuestro propio terruño con dos manifestaciones de gran potencial destructivo como el bloom de algas que causó gran mortandad de salmones y ahora estas otras algas que producen toxinas y que comunmente se llama “marea roja” que ha dejado sin ingresos a toda la industria acuícola de mitílidos.

Debemos tener conciencia del origen de estos fenómenos, que por cierto se repetirán y con mayor intensidad, para ver forma de mitigar sus efectos adversos y crear estrategias de defensa ante futuros episodios similares. Para ello me permito citar al profesor de la UdeC Dr. Jorge Oyarzún, quien lleva algunos años estudiando estos procesos climatológicos: “Los aumentos de temperatura del aire y de las grandes masas oceánicas se producen por causas naturales y por causas generadas por el hombre”.

Nos referimos primeramente a las causas generadas por el hombre. La revolución industrial nos llevó a usar combustibles fósiles para aumentar notablemente nuestro bienestar generando cada vez más los llamados gases con efecto invernadero, CO2 y CH4. Esto ha producido que la presión parcial del CO2 en la atmósfera pasara de 280 a 400 partes por millón. La presencia de estos gases genera el efecto invernadero.

El clima ha variado permanentemente en la Tierra, teniendo etapas en que la temperatura de la atmósfera era mayor a la actual, sin hielo en los casquetes polares y el océano sobre 150 metros sobre el nivel actual. Los gigantescos bosques de esas etapas captaron el CO2, que luego de millones de años se transformaron en carbón y petróleo, reduciendo el CO2 de la atmósfera y volviendo a eras de glaciación presentes no hace muchos años atrás.

Hay teorías que indican que en paralelo al origen antrópico, hay causas de carácter astronómico cíclicos que determinan aumentos de la temperatura; la precesión del eje de rotación de la Tierra con un periodo de 26.000 años, su grado de inclinación con un período de 41.000 años. Mediciones profundas en los hielos antárticos permiten correlacionar altas temperaturas con altos contenidos de CO2 .

Paralelo a los cambios astronómicos de la Tierra tenemos un aumento de la energía que llega del sol, lo cual potencia aún más el efecto invernadero.

En todo caso, la naturaleza es muy resiliente y posee mecanismos de retardo para el aumento de la temperatura del aire, dándonos un respiro que los científicos estiman entre 20 a 35 años y que es el efecto amortiguador de los océanos. Esto es producto de su capacidad de almacenamiento de CO2 en sus aguas profundas estimada en unas 37.300 Gt frente a las 750 Gt de la atmósfera.

Por tanto, no se trata de salir hoy de la crisis con un par de generosos bonos para las familias afectadas, sino que en un esfuerzo conjunto estratégico público-privado, estudiar primero y luego llevar a cabo formas productivas sustentables para toda la industria acuícola que debe velar por no contribuir más al problema al verter nutrientes a las aguas, en cualquiera que sea su forma.  

Vuelvo así a mi antiguo sueño de joven ingeniero, de los cultivos acuícolas de estanques en tierra y en nuestra Región del Bío Bío, que ya propusiera hace más de 25 años cuando partía la salmonicultura en Chile.

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