Expectativa descentralizadora

Por: La Discusión 10:30 AM 2016-05-28

El discurso presidencial del 21 de mayo fue un Mensaje sin contenidos programáticos y estratégicos para las regiones y la descentralización del poder político. Lo que se dijo, no tuvo relación con los problemas que en materia de centralismo político viene padeciendo Chile desde hace más de una década.


El discurso  tuvo 14.540 palabras. En ese universo de palabras se pudieron distinguir solo 5 menciones a las regiones, una mención a la descentralización, una a los municipios y ninguna a la palabra regionalización. De las menciones hechas para las regiones, la primera fue para hacer alusión al fortalecimiento de la red de salud.


La hipótesis para explicar esta omisión puede ser que el Gobierno debe considerar que los dos proyectos emblemáticos que hoy existen (elección popular de intendentes y traspaso de competencias) son suficientes para concretar la “revolución descentralizadora” anunciada por la misma Presidenta Bachelet en su cuenta pública.


Como ya lo hemos señalado en este mismo espacio, ninguno de los dos proyectos mencionados anteriormente se relacionan directamente con la solución al problema de fondo que padece Chile que es de centralismo político. El primero, si bien democratiza la autoridad regional, la fragmenta creando las figuras de delegados presidenciales y en la práctica divide el poder. La segunda, en tanto, tiene un alcance limitado, según se desprende del mismo proyecto que ingresó el Ejecutivo.


Por lo anterior, el escepticismo respecto de la agenda descentralizadora no solo invade a los regionalistas, sino también a la ciudadanía, que en el caso de la Región del Bío Bío descree de las promesas del Ejecutivo en esta materia. En efecto, la encuesta del Centro de Estudios de Corbiobío muestra que un 68% piensa que la Presidenta Bachelet no va a poder concretar los anuncios sobre descentralización y desarrollo regional efectuados el sábado pasado. Según el estudio, un 60% de los entrevistados opinó que lo que dijo la Mandataria “no va a tener ningún impacto entre la gente común”, mientras que un 62% se manifestó en desacuerdo al consultarle si la Presidenta entregó respuesta a las necesidades de las regiones.


En medio de este escenario, el proyecto que crea la Región de Ñuble va a cumplir 10 meses de tramitación en el Congreso, con avances mínimos y en ello mucho tiene que ver el Gobierno, que lo ha mantenido con urgencia simple y ha ido postergando la presentación de indicaciones a la iniciativa, configurando un escenario que vislumbra un pesimista futuro de lo que pudiera ser la creación del nuevo territorio, que se ubica en el último lugar de las prioridades legislativas que el Ejecutivo se ha puesto en materia de descentralización.  


Sin embargo, revertir esta postergación es factible, pues de los cinco proyectos de ley en este ámbito, el de la Región de Ñuble es el menos complejo y el que menos controversia genera entre los parlamentarios de ambos bloques. Pero para que ello ocurra los parlamentarios -oficialistas y de oposición-, las autoridades locales -electas y designadas- y la sociedad en su conjunto deben representar ante el Ejecutivo esta urgencia y cobrarle la palabra comprometida en cuanto a reconocerle a este territorio y a su gente la condición de sujeto político capaz de decidir y tomar sus propias decisiones.

Comentarios