[Editorial] Empleabilidad de egresados

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 10:15 AM 2016-05-26

Las carreras universitarias han sido tradicionalmente una aspiración mayor de las familias, un modo deseable y positivo de proyectar el futuro de los hijos. Sorprendentemente para muchos, días atrás se planteó un debate acerca de la supuestamente creciente irrelevancia de la universidad. El hecho ocurrió en Dubai, en las postrimerías de una reunión cumbre de carácter global organizada por la Fundación Varkey, ONG con sede en Londres.
La cuestión central tratada fue “educación, equidad y empleo”. Andreas Schleicher, director de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), planteó la contradicción de formar graduados universitarios que luego no encuentran empleo, en tanto que los empleadores afirman que no encuentran profesionales con las habilidades necesarias.

James McAuliffe, presidente de Education for Employement, organización que se ha consagrado a abrir camino a los jóvenes en sus primeros trabajos, señaló que el rol de la universidad en el campo laboral ha declinado severamente, hasta el punto de afirmar que preparaba para el desempleo. Según quienes compartieron ese punto de vista, la opción adecuada estaría en desarrollar títulos secundarios o superiores con salida laboral.
Para cerrar esta percepción del problema, la Reserva Federal de Estados Unidos añadió otro dato: en el país del norte, el 44% de los jóvenes concluyen trabajando en empleos que no demandan títulos universitarios; por lo tanto, la solución más práctica residiría en promover carreras cortas.
En nuestro país el problema está latente y se han venido multiplicando iniciativas de interés dentro de las carreras universitarias en las que se busca una mayor cercanía con las demandas reales del mundo del trabajo, como también en torno a la promoción de la educación técnica, que hoy recibe a cuatro de cada diez estudiantes de enseñanza media y que en total -considerando centros de formación técnica e institutos profesionales- concentra el 45% de los estudiantes matriculados en la enseñanza terciaria chilena. 

Merece citarse en este punto iniciativas como la reciente feria laboral que realizó el Campus Chillán de la Universidad de Concepción, que más allá de confirmar los positivos indicadores de empleabilidad que tienen los egresados de esa casa de estudios, es un buen ejemplo de cómo abrir ventanas para que estudiantes y egresados de diferentes carreras se conecten con el mundo empresarial. Igualmente, justo es reconocer que otros planteles de la zona realizan iniciativas similares, con los mismos objetivos y otros que son afines a sus perfiles de formación y áreas de desempeño. 

Es evidente que el ritmo cambiante de los fines y medios educativos en relación con las nuevas demandas sociales, la evolución de los conocimientos y el auge de las tecnologías van originando renovados desafíos en la formación de los profesionales. En todo caso, persisten -sin declinar- la misión y la función de la universidad en las sociedades, en especial de aquellas instituciones con vocación pública. El reto, entonces, recae en avanzar hacia una precisa definición de objetivos, entre los que conciernen al nivel universitario y los que pueden asumir con eficacia otros planes de estudio, de orientación más concreta y práctica. El tema posee una tensa actualidad, que debe enriquecerse en los debates que hoy se desarrollan en torno a la reforma de la educación superior que impulsa el Gobierno. 

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