Los “sin techo”

Por: 08:10 AM 2016-05-25

Aunque desde entidades de Gobierno se asegure que hay menos gente “sin techo” en la ciudad, la mera observación aporta otros datos bien distintos.

Evidentemente, hay más personas que han hecho de las veredas y plazas de Chillán su “hogar”, corridos de su normalidad cotidiana por la pobreza, falta de trabajo y trastornos psicológicos que han cambiado radicalmente sus vidas. Esto los ha llevado, en la mayoría de los casos, a ocupar lugares públicos que, aunque los obligan a vivir en una situación de semi intemperie, también les posibilitan acceder a alimentos y bebidas alcohólicas, como también a faenas precarias que les reportan algunos ingresos.

Dentro de esos espacios, la Plaza Sargento Aldea ocupa un lugar destacado, pues después de las 19 horas el tradicional centro de abastos de la capital provincial se transforma en la habitación al aire libre más grande de la ciudad. Allí, al menos una docena de personas llega a diario en busca del refugio que les permita sobrevivir al menos un día más en su eterna lucha contra la indiferencia social, que a veces se rompe con algunos actos caritativos. Precisamente, uno de esos casos conocimos la semana pasada -el rescate que hizo un joven profesional de un anciano que vivía bajo un puente- y se viralizó rápidamente en las redes sociales. Sin embargo, al mismo tiempo en que la comunidad local celebraba el gesto solidario, otro indigente corría una suerte distinta, falleciendo producto de una fuerte neumonía y otros problemas de salud derivados de un prolongado alcoholismo. 

Los llamados “sin techo” son personas sin domicilio fijo ni trabajo permanente sumidas en el más terrible abandono, en ocasiones sin ningún tipo de vínculo con sus familiares. Muchos se pierden en el alcohol y terminan con serios problemas psiquiátricos, producto de largas estadías en los laberintos de las calles.

En los últimos años, no pocas víctimas de la falta de oportunidades en los campos han pasado a engrosar las filas de los “sin techo”. Entre ellas hay quienes vinieron a la ciudad porque habían quedado desempleados en sus lugares de origen y aquí no pudieron tampoco ocuparse. Otros se han instalado definitivamente y convertido en parte del paisaje, con sus colchones sucios, deshilachadas frazadas y algún brasero para calentar lo que se consiga.

¿Cuántos son? Aproximadamente 160 personas viven en las calles de Chillán, según estimaciones oficiales de la Seremi de Desarrollo Social, basadas del último catastro nacional que data del año 2011.

¿Qué ofrece la sociedad civil para sacarlos de ese desamparo? Son varias las organizaciones que trabajan todos los días para mejorar, aunque sea un poco, su calidad de vida y recuperar su dignidad. Por ejemplo, el Hogar de Cristo, hoy los asiste en alojamiento y salud, aunque en esta fecha las hospederías no logran dar abasto. También la agrupación “Apoyo y Esperanza”, con una trayectoria reciente de un año y medio, brinda ayuda a personas en situación de alta vulnerabilidad y lo mismo hacen el Ejército de Salvación y la fundación “Hallazgo”, cuyo trabajo apunta a reinsertarlos laboralmente. 

Quien habita en nuestra ciudad no puede menos que sufrir ante el doloroso cuadro de quienes muestran que la indigencia está frente a los ojos. Porque más allá del importante trabajo de asistencia realizado por las organizaciones no gubernamentales y las autoridades, muchas veces su ayuda no alcanza para modificar la situación de estas personas. 

La proximidad de las noches frías de invierno y las inclemencias del tiempo obligan a redoblar los esfuerzos para modificar esta triste realidad con urgencia. El rescate de esos náufragos “sin techo” es misión del Gobierno y de toda la sociedad.

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