Luis “Bigote” Godoy: “Ñublense me vio nacer y proyectarme”

Por: Rodrigo Oses Fotografía: Fernando Villa / Archivo LD 2016-05-23

Corría 1969 y un veloz volante ofensivo de la Selección Adulta de Bulnes, de tan solo 19 años, deslumbraba al técnico de Ñublense, Walter Pedutto, quien tras el partido de exhibición en la comuna llamó a su camarín a quien había sido la figura bulnense de la cancha.

Se trataba de Luis Godoy, un hábil e incisivo “10”, que también podía ser puntero, quien tras esa presentación fue integrado al plantel de los “diablos rojos”. Ahí comenzó su romance con la tienda chillaneja, donde se ganó el apodo de “Bigote”, por su vistoso “mostacho”, y el cariño de la hinchada.

Integró el recordado plantel de 1971 que estuvo 22 fechas invicto y rozó el título de Segunda División. Después fue campeón con Huachipato en 1974 y brilló en Audax Italiano, para cerrar su carrera en el cuadro chillanejo en 1981, siendo uno de los 11 jugadores despedidos por iniciar una huelga tras estar tres meses impagos en Primera División.

Hoy con 66 años, y convertido en un respetado empresario gastronómico, a cargo de la concesión del restaurante de la Sociedad de Empleados de Comercio de Chillán, evoca esa época teñida de rojo

-¿Su inscripción en Ñublense fue fruto de una colecta?
-Sí, porque el club no tenía plata para pagarme la inscripción y tuve que salir con un amigo en Bulnes con una caja donde se depositan los votos para hacer una colecta y juntar recursos para pagar la inscripción. Creo que tuvimos que reunir 800 pesos, un equivalente a unos 600 mil pesos actuales, así de pobre era el fútbol en esa época.

-¿Y cómo recuerda su estreno oficial en Ñublense en 1969?
-Estuve esperando una oportunidad, porque yo jugaba de “10” y en ese puesto jugaba Miguel Ángel Stella, la figura de Ñublense. Por esas cosas del destino se lesionó y me tocó debutar ante la Universidad Técnica, ganamos 4-2 e hice dos goles. Después jugamos en Chillán e hice dos goles más. Para desgracia de Stella, me afirmé en el puesto y él no entró más. Para ese debut dormí poco, por los nervios. Era en Santiago,  todavía con escasa personalidad, porque venía de un pueblo chico, los primeros minutos estaba nervioso, pero después me solté gracias  a que los jugadores de experiencia me apoyaron mucho. Fue el momento más hermoso de mi carrera.

-¿Qué jugadores de ese plantel lo respaldaron?
-Recuerdo a Esaú Bravo, que fue una persona que ayudaba a los jóvenes, a los arqueros Miguel Durán y Lucho Pérez. Siempre fueron muy nobles con la juventud. Benito Ríos y Orlando Aravena.

-La campaña del 71’ es muy recordada por el invicto de 22 fechas y la amarga pérdida del título en la recta final. ¿Qué les pasó?
-Pedro Morales, un técnico con poca experiencia, porque venía de ser ayudante de Andrés Prieto, formó un equipo que fue sensación. Hicimos una campaña extraordinaria, estuvimos 22 fechas invicto, teníamos siete puntos de ventaja sobre Naval, pero como éramos el equipo sensación, fuimos de invitados a jugar con Deportes Concepción para despedir a Osvaldo Castro, el “Pata Bendita”, y para mala suerte se lesionaron tres jugadores, entre esos, yo, que me quebré la clavícula. Y como no éramos un plantel, sino que un equipo, tuvimos un bajón. Perdimos los partidos siguientes y Naval se nos metió un punto arriba,  fue súper frustrante para toda la hinchada, después de tener un torneo en la mano, se nos escapó.

-¿Qué jugadores fueron vitales en esa campaña?
-Neftalí Vásquez, el “Talo”, que murió; Aarón Ávila, “Camello” Salazar, Santiago Ripoll, José Bravo, Oscar Salinas, un arquero extraordinario, que fueron aportes interesantes como Orlando Aravena y Mario Osbén, que llegó como juvenil, pero era un arquero de cepa. 

-Un partido clave el 71’ fue el que perdieron ante San Luis en Quillota. ¿Ahí se les fue el título?
-Uff, fue lo más frustrante en mi carrera. Atacamos todo el partido y debimos ganar cuatro cero, pero fue frustrante para la hinchada. Esteban Varas perdió dos veces un penal y seguimos atacando, yo entré los últimos 20 minutos porque venía saliendo de la lesión de clavícula. Nos pasó Naval y perdimos el título.

-¿Cuáles eran sus cualidades como jugador?
-Yo creo que mi mayor virtud fue la velocidad jugando por las puntas. Yo jugaba de 10, pero desde el  72’ en Huachipato, empecé a jugar como “win” izquierdo. En ese aspecto, Pedro Morales fue un gran apoyo y pude llegar a la Selección Chilena con el técnico alemán Rudi Gutendorf. Fue a ver jugadores por todo Chile y fui prenominado dentro de los 28 que iban al Mini Mundial de Brasil.

-Un ñublensino en la Roja. Me imagino su orgullo.
-El mayor orgullo de un jugador chileno es sentir que le late fuerte el corazón por defender a Chile. Habiendo un Mini Mundial por delante, trabajamos 28 en Pinto Durán, pero no fui entre los 20. Los otros ocho quedamos considerados para ir con el DT Raúl Pino a jugar a China. Viajamos 42 horas en avión. Jugar en Pekín ante 120 mil personas, estar en la Muralla China, fueron vivencias que te enriquecen. 

-¿Es verdad que la hinchada chillaneja era fiel y se hacía sentir?
-El fútbol era un espectáculo esperado en Chillán. Ñublense era la entretención de la gente cada 15 días y se jugaba con 8 mil, 10 mil personas, porque era la novedad y la hinchada era incondicional. La barra del Mercado era única. Identificó siempre a Ñublense, algunos cerraban sus locales para ir al estadio.

-¿Quién lo bautizó como ‘Bigote’?
-En esos años nadie usaba bigote, yo aparezco como un jugador novato con bigote y el diario El Clarín, que acostumbraba a ponerle apodos a los jugadores, se le ocurrió ponerme “Bigote”. Lo tenía más ancho y largo, ahora lo uso más recatado.

-¿Qué significa Ñublense en su vida? 
-Todo. Ñublense me vio nacer, mostrarme en el fútbol, identificarme con mi pueblo de Bulnes, con mi ciudad Chillán y mi provincia. Por eso la gente me tiene mucho cariño y yo me siento identificado con ese afecto.

Luis “Bigote” Godoy (abajo, el último a la derecha), integró el plantel de 1971 que casi logra el título de 2da División.

Godoy era un atacante encarador y rápido, que solía explotar su velocidad para provocar peligro.

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