El desafío de Pablo

Por: Rodrigo Oses 2016-05-23
Rodrigo Oses

El retorno del técnico argentino Pablo Abraham a la banca de Ñublense ha desatado un vendaval de críticas en las redes sociales por parte de hinchas que consideran que no era el estratega ideal para asumir este desafío.

¿Pero cuál es el desafío de Ñublense para el próximo torneo? ¿Es luchar de inmediato por el ascenso o sentar las bases de un equipo que apuesta a largo plazo? ¿Rebajar los costos para amortiguar el desangramiento económico que significará pagar casi 200 millones de pesos a ex jugadores despedidos injustificadamente? ¿Disfrazar la falta de recursos con una política que busca subir a canteranos que ayuden a bajar la planilla?

Aún no lo sabemos con claridad, pero sí una cosa es clara. Abraham no es un desconocido ni primerizo que viene a conducir un equipo de la B.

El trasandino que comenzó como videísta de Jorge Sampaoli, y desde el 2012 inició su carrera como entrenador dirigiendo a Fernández Vial en la Segunda División Profesional, ya dirigió a Curicó Unido, Deportes Temuco, Magallanes y Ñublense, club en el que buscará su revancha. En ninguno de estos clubes hizo un papelón para que los hinchas lo aniquilen de antemano.

Es más, en Vial a pesar de los dramas económicos insostenibles, le había dado un sello al equipo que prometía meterse en la lucha por los primeros lugares. A Curicó Unido renunció para venir a Ñublense, tras jugar la final por el ascenso y protagonizar una campaña espectacular.

En Deportes Temuco no logró el ascenso, pero el equipo no estuvo en el foso como años anteriores.

En tanto, en Magallanes, tras un primer semestre auspicioso, bajó en el clausura para rematar 13º en la tabla general. En Ñublense, entre el 2013-2014 sacó al equipo del último lugar y lo llegó a tener séptimo. En el segundo semestre, sus diferencias con algunos referentes del plantel, que se resistían a su intensa metodología de trabajo y decisiones tácticas, enturbiaron la relación. El equipo decayó ostensiblemente y tuvo que renunciar. Ahora el plantel lo armará él y le pondrá su sello desde el inicio.

Tendrá tiempo para trabajarlo y moldearlo. Antes de crucificarlo, prefiero creer que será capaz de forjar un equipo con hambre de gloria.

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