A siete años de la muerte de Agustín Arrau legado sigue en la nebulosa

Por: Carolina Marcos Fotografía: Fundación Arrau 09:40 PM 2016-05-21

Corría marzo del año 2009 y las relaciones entre la ciudad y Agustín Arrau no podían estar mejor. El alcalde Sergio Zarzar había logrado comunicarse con el albacea, quien le aseguró que estaba preparando todos los pormenores para su regreso a Chile, abriendo de esta forma la posibilidad de diálogo para que parte del legado del maestro descansará finalmente en Chillán. Y no solo eso. Agustín ya tenía, además, preparada la repatriación de los restos de Lucrecia, la madre del pianista, por expresa petición de Claudio Arrau. 

Sin embargo, a mediados de abril todo cambió drásticamente. Agustín había sufrido un accidente automovilístico que lo dejó en mal estado, falleciendo el 29 de ese mes en un hospital de Estados Unidos. Su muerte no se notificó en Chile sino un año después, luego que el Ministerio de Relaciones Exteriores lo confirmara a través de Cancillería. Se cortaba el hilo más delgado de la relación que Agustín, el albacea escurridizo, había establecido de una vez por todas en la ciudad. 

Cancillería informó que los trámites quedarían en manos de la familia directa de Arrau en Chile y de inmediato sus hermanos Patricia y Jaime tomaron el mando en todo lo que se refería a los trámites, que no eran pocos. 

“Teníamos que traer a Maureen, hija de Agustín y Violeta; teníamos que traer a mi hermano y su mujer, que se encontraban criogenizados por petición de Agustín. Teníamos que procurar traer los restos tanto de la señora Lucrecia como de la esposa del tío, Ruth; además de las cosas que, se supone, se encontraban en una custodia a la espera”, recuerda Patricia desde Santiago. 

Sin embargo, a través de los años, la familia directa del albacea comenzó a encontrarse con problemas en el camino. Uno de ellos fue la localización del container que supuestamente guarda las pertenencias de Claudio Arrau, además de finiquitar los gastos hospitalarios de Agustín y Violeta. Eso sin contar con todo lo que han debido cancelar a los abogados de Agustín en Estados Unidos, quienes han seguido procurando los asuntos del albacea y director de la Fundación Arrau en Norteamérica. 

Este año debía darse el corte final a la historia, pero hace 15 días se sumó el fallecimiento de Jaime Arrau, hermano de Patricia y Agustín. Él se había propuesto viajar dentro de los próximos meses a Estados Unidos para finiquitar todo lo concerniente a los Arrau. 

“Fue una muerte repentina de la cual aún estamos tratando de recuperarnos”, admite Patricia a LA DISCUSIÓN. “Cada año que pasa, más incertidumbre nos genera todo lo relacionado al tema porque no sabemos qué otras cosas más nos esperan y ahora estamos solos con esto”, relata.

A lo anterior se suma el hecho de que nunca se haya podido dar con el paradero de Jean Paul, el otro hijo de Agustín, a quien se le perdió el rastro cuando decidió radicarse en Europa. Agustín y su esposa Violeta ya no están criogenizados, puesto que en el país del norte ese servicio se presta por un periodo determinado de tiempo. Ellos ya descansan en tierra, trámites que ha liderado un ex amigo norteamericano del propio Agustín, quien también se ha acercado a Maureen para estar al tanto de su estado de salud (tiene Síndrome de Down y avanzada edad). 

Salida gubernamental 
Al morir Agustín Arrau, Cancillería logró establecer fehacientemente la muerte del albacea, pero nadie (ni en Chillán ni en Santiago) llegó con una petición formal para que el estamento pudiese hacerse cargo de los trámites y los asuntos de Agustín en Estados Unidos. 

El Ministerio de Relaciones Exteriores sí ha logrado hacerse parte de otras exitosas gestiones, como la que permitió que el legado de Gabriela Mistral llegara tras la muerte de la celosa albacea de la Premio Nobel, Doris Dana. Al morir la secretaria de Mistral, su sobrina comenzó los acercamientos con el país considerando que el mejor lugar para la conservación de la herencia artística de la poetisa era Chile. 

Algo a lo que apela ahora la familia directa de Agustín Arrau, la que quiere cerrar de una vez por todas una historia que aún provoca sentimientos encontrados entre quienes han estado vinculados al tema desde la década de los noventa, cuando tras la muerte del maestro Arrau comenzó esta frenética búsqueda del legado y se produjo el quiebre de las relaciones con el sobrino. 

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