Advierten impactos económicos por fuerte despoblamiento rural en Ñuble

Por: Roberto Fernández Fotografía: Mauricio Ulloa 09:10 PM 2016-05-21

Los procesos migratorios campo-ciudad en la Provincia de Ñuble han generado un fuerte cambio demográfico en la mayoría de las comunas del país, caracterizado por el envejecimiento de la población y las menores tasas de natalidad, pero también cambios económicos relevantes, como la escasez de mano de obra para labores agrícolas y una alta dependencia de los hogares rurales del Estado, tanto como empleador como fuente de ingresos a través de transferencias.

Los expertos advierten que este proceso, cuya velocidad se incrementa en periodos de mayor crecimiento económico, está hipotecando el desarrollo futuro de las comunas de Ñuble, ya que según datos de la Encuesta Casen 2013, la migración está significando una importante fuga de capital humano.

Si bien un número importante se ha trasladado a los centros urbanos más cercanos, como Chillán, hay también flujos relevantes hacia Concepción, Santiago y el norte de Chile, entre otras zonas.

Solo entre 2008 y 2013, un total de 16.915 personas migraron de sus comunas de residencia, tanto al interior de la Provincia (6.915 personas) como hacia otras zonas (10 mil).

“Es el típico caso de centralismo intraprovincial, donde la migración de la población agrícola hacia los grandes centros urbanos genera una alta concentración de la población en las ciudades, donde se supone que hay mejores oportunidades, pero que para muchos, se transforma en un doloroso proceso de expectativas incumplidas y pobreza”, expresó el economista Renato Segura, director del centro de estudios Cerregional.

Este proceso ha significado, en la práctica, que entre 1990 y 2010 la población rural de la Provincia de Ñuble pasara de representar el 64% de la población total, a un 34%.

Asimismo, Segura advirtió que con estos flujos migratorios existe el riesgo de “sobrepoblamiento de las capitales provinciales y una pobreza más dura a nivel social. Además, se pierde paulatinamente la identidad de la población, donde la riqueza que subyace sobre sus costumbres y particularidades se extinguen con el paso de las generaciones, complicando de paso una estrategia regional de desarrollo que se base en la identidad local como ancla de la generación de riqueza y la diferenciación”.

El profesional abordó los efectos negativos que este proceso acarrea: “El principal problema es el desarrollo desigual del territorio, lo que impide el desarrollo del país. El sobrepoblamiento de los centros urbanos genera pobreza dura y pérdida de bienestar social. La calidad del mercado laboral se afecta negativamente por la baja productividad del trabajo, lo que se traduce en bajos salarios de forma crónica. Por otro lado, el insuficiente desarrollo de la industria para sustituir zonas del territorio eminentemente agrícola, genera barreras para mejorar la calidad de la fuerza de trabajo. El fenómeno más palpable en Ñuble es la alta densidad poblacional de la capital provincial, la que supera en más de seis veces el promedio regional”.

En la misma línea, Renato Segura manifestó que “el Estado de Chile ha sido un simple observador del proceso migratorio de la población rural. Durante la década de oro del crecimiento económico del país (entre 1990 y 2000), el proceso migratorio se aceleró. El fenómeno se observó con fuerza en la Provincia de Ñuble. Este mayor crecimiento, en ausencia de una política de Estado, aumentó las brechas del desarrollo territorial del país”.

Factores
Entre los factores mencionados para explicar este fenómeno destacan la ausencia de políticas de apoyo al sector agrícola y de mejoramiento de la calidad de vida en el mundo rural, lo que se expresa en amplias brechas urbano-rurales en áreas como acceso a servicios básicos de calidad, conectividad vial y de telecomunicaciones; pero también se asigna una cuota de responsabilidad a la expansión de los monocultivos, como las plantaciones forestales y de frutales.

Al respecto, la alcaldesa de Ninhue, Carmen Blanco, reconoció las debilidades estructurales de su comuna: “Acá no hay oportunidades laborales, la mayoría de los jóvenes ha emigrado y ha bajado bruscamente la tasa de natalidad, razón por la cual el grueso de la población es de la tercera edad, yo me atrevería a decir que cerca del 80%. Además, tenemos una alta ruralidad”, sostuvo.

La jefa comunal también apuntó al sector forestal como uno de los factores de este problema: “Cerca de un 60% del territorio está cubierto por plantaciones, pero esas plantaciones no han traído riqueza a la comuna, por el contrario, han dejado pobreza, ya que los pequeños agricultores de antaño vendieron sus tierras a las empresas forestales y hoy subsisten con una agricultura muy pequeña, enfrentados a la escasez de agua. En Ninhue no hay campos con riego y en muchos casos ni siquiera hay disponibilidad de agua para consumo humano, y los agricultores culpan a los pinos”.

Esta realidad no es exclusiva de Ninhue, sino que se va repitiendo en las comunas del Valle del Itata, donde la superficie de riego es menor, los cultivos agrícolas son menos rentables, la propiedad de la tierra está altamente atomizada y gran parte de la superficie corresponde a suelos erosionados o a plantaciones forestales. La declaración de Zona de Rezago, en marzo de 2015, para este territorio, da cuenta de la amplitud de las brechas que se observan en la zona.

Y es que según la investigadora de la Universidad del Bío-Bío, Julia Fawaz, experta en estudios sobre ruralidad, en el campo se observan brechas importantes en cuanto al acceso a oportunidades, como la modernización de los procesos productivos, el acceso a tecnologías y a la información. “No todos son capaces de incorporarse a la modernización, pues junto con sectores competitivos, capitalizados, coexisten otros que no han logrado dar ese salto productivo que sí se observa en la fruticultura de exportación, por ejemplo. El tema de internet es otro ejemplo, pues el acceso a tecnologías de información también determina el acceso al conocimiento y el desarrollo empresarial”.

Fawaz reconoció como un problema relevante la fuerte migración campo-ciudad, que en los últimos años ha reducido su velocidad; así como también una dinámica cambiante en los usos de suelo, con aspectos negativos, como el aumento de la superficie de plantaciones forestales de la mano de grandes empresas, lo que ha reducido el espacio para el agro, pero también subrayó que se han generado otras actividades económicas complementarias con el agro, como el turismo, servicios sociales y comunitarios y la artesanía, entre otras.

Sector agrícola
Desde el gremio agrícola surgen las voces más fuertes pidiendo apoyo. Carlos Smith, vicepresidente de la Asociación de Agricultores de Ñuble, apunta al abandono en que el Estado dejó el agro, lo que se traduce en la falta de políticas de fomento y en general, en la desprotección frente a amenazas como el ingreso de importaciones a bajo valor.

“En este país no existe una preocupación por preservar la actividad agrícola, no existen incentivos o subsidios, y es algo que no tiene que ver con este Gobierno en particular, sino con todos los gobiernos”, sostuvo el dirigente, quien afirmó que en el actual escenario, será muy difícil ser potencia agroalimentaria, si en un país donde los suelos agrícolas son escasos, se siguen restando predios para convertirlos a la actividad forestal.

“No estamos pidiendo un decreto ley 701 para la agricultura, pero sí que existan políticas de apoyo y que el Gobierno no tenga que esperar que los agricultores nos tomemos la carretera para reaccionar frente a situaciones que estamos advirtiendo hace tiempo”, dijo Smith.

Sector forestal
Desde el sector forestal, en tanto, descartan que la industria sea responsable de problemas como la pobreza, la migración o la escasez de agua, frente a un aumento del tono de las críticas desde algunos sectores. Para argumentar su postura, en los últimos años se han presentado algunos estudios. Uno de ellos es “Plantaciones y pobreza en las comunas forestales”, dirigido por Iván Nazif, gerente general  de Cotrisa y ex consultor de la FAO, a petición del Departamento Forestal de Conaf.

Según Nazif, “la migración está relacionada con el tipo de desarrollo que se define para la región y considero que es demasiado extremo responsabilizar a una actividad productiva de fenómenos de este tipo”.  El investigador expuso que “deberíamos reformular el tipo de desarrollo que estamos planteando”.

Nazif añadió que “aprovechar la Reforma Educacional y de este modo, fomentar la formación para jóvenes de localidades rurales en carreras técnicas afines al sector para que luego se puedan incorporar a la fuerza laboral. Eso es algo de lo que el Gobierno también debiera preocuparse, definir currículos relacionados con los territorios y sus dinámicas productivas. De lo contrario, seguiremos viendo a futuro migración desde regiones y, por ende, la escasez de mano de obra, lo que es un contrasentido porque los niños rurales no tienen estímulo para estudiar aquello en lo cual tienen más ventajas”.

Frenar el proceso
Segura mencionó que “expertos de la Cepal han concluido que las brechas sociales y de productividad que se registran entre los países latinoamericanos, también tienen una expresión territorial, por lo cual son necesarias políticas que aborden la desigualdad territorial para reducirlas. En lo que respecta a las políticas para abordar la desigualdad territorial en Chile, el Estado ha hecho poco, y lo que ha hecho, lo ha hecho mal, como los cluster, por ejemplo”. 

Segura fue enfático en afirmar que “sin la intervención del Estado, la migración de la población rural seguirá en curso”.

Planteó que “el desarrollo equilibrado del territorio se enfrenta con la integración productiva. Esto se traduce en agregar valor a las actividades productivas tradicionales del territorio. En mi opinión, el problema se puede abordar con una presencia más activa del Estado en inversiones productivas que se orienten en agregar valor a las actividades productivas locales. Ejemplos existen, lo que falta es voluntad política y un marco legal moderno que permita la coinversión productiva del Estado: turismo de intereses especiales (granjas modelos); silvoagricultura; silvoganadería; modelos productivos sustentables; etcétera. La integración de la industria vitivinícola con turismo, gastronomía y alojamiento en la Provincia de Colchagua, es un buen ejemplo de desarrollo territorial”.

Por su parte, Carlos Smith subrayó la necesidad de implementar políticas de apoyo al agro, así como definir una mirada estratégica que considere, por ejemplo, incentivos para la educación superior orientada a las actividades productivas agropecuarias. Recordó que en Francia, por ejemplo, existen políticas que promueven el desarrollo rural, entregando financiamiento a jóvenes que estudian carreras agrícolas para la adquisición y explotación de los campos.

Pero los expertos sostienen que frenar el proceso migratorio también tiene que ver con generar mejores condiciones de vida para los habitantes del mundo rural, lo que significa superar las brechas de acceso a servicios básicos de calidad (salud, educación, electricidad, agua potable) y aumentar la conectividad vial y de telecomunicaciones, aspectos en los que Ñuble tiene un enorme desafío, pues basta mencionar que apenas un 21% de sus rutas cuentan con pavimento y que la penetración de internet sigue siendo baja, aunque en los últimos años ha crecido rápidamente.

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