Necesitamos maestros

Por: 03:35 PM 2016-05-21

Medio siglo atrás la palabra maestro le atribuía un carácter de enorme trascendencia a la persona del docente, no solo porque se dedicaba a enseñar, sino porque era un ejemplo a seguir. Esa experiencia, sentida por muchos alumnos, decantaba entre ellos y su maestro o maestra una relación imborrable construida en el curso del proceso de enseñanza-aprendizaje. Un vínculo en el cual obraban el reconocimiento por parte del menor y sus padres por la labor docente y, por parte de quien enseñaba, la responsabilidad de obrar con las capacidades que exigía el ejercicio de su vocación.

El prestigio interno y externo que supo ganar nuestra enseñanza a partir de las primeras décadas del siglo XX empezó a declinar en la década del 70 y se hizo más notorio en el siglo actual, donde la profesión docente está a medio camino del pasado y ante el advenimiento de un futuro que reclama habilidades en continua renovación. 

A ello se suma para quien enseña hoy la necesidad de otras habilidades para conducir personas. La labor docente exige el ejercicio de un liderazgo en el aula, actividad que demanda una riqueza de matices de acción positivos e implica estar dispuesto y preparado para asumir innovaciones y no declinar en un espíritu de renovación y creatividad en el ejercicio profesional.

Lamentablemente, de la formación docente y el modelo de aprendizaje se habla mucho, pero se hace poco en nuestro país, a diferencia de naciones que lideran los rankings internacionales como Japón, Singapur y Finlandia, donde la carrera docente es altamente valorada. De ello dio testimonio en Chillán el embajador de Finlandia, Mika-Markus Leinonen, quien explicó que los jóvenes que ingresan a Pedagogía provienen del 20% más exitoso de su generación y que además de las altas notas de la enseñanza media hay que rendir pruebas especiales y apenas un 9% de los postulantes logra un cupo. En Chile ocurre lo contrario: un tercio de los estudiantes de Pedagogía no rindió la PSU y el promedio de los que sí la dieron es de 498 puntos.

Por otra parte, las condiciones para desarrollarse profesionalmente tampoco son óptimas. Según un reciente informe de la OCDE, los docentes chilenos son los que más trabajan y a los que peor les pagan entre los 34 países -miembros y asociados que integran el grupo. El texto detalla que en Chile un profesor de prebásica alcanza las 1.103 horas al año. Es decir más de una centena de horas que sus pares en los países de la OCDE, los que cumplen un promedio de 1.000 horas, 782 en básica y 655 en Educación Media. Además, del total de su jornada, los docentes chilenos pasan hasta un 90% en la sala de clases, mientras que en los países líderes el tiempo en aula bordea el 45%. Esto, obviamente, se traduce en poco tiempo para preparar las clases, corregir pruebas y perfeccionarse.  

Si miramos hoy nuestro sistema educativo y aspiramos a su revitalización futura, la clave de los cambios necesarios seguirá dependiendo principalmente del eficaz desempeño de sus profesores. Lamentablemente, hasta ahora muy pocos han puesto el foco de su discurso en la valoración de los maestros. Da la impresión de que el anhelo de contar con una educación de calidad ha cedido ante otro deseo, el de una educación gratuita. Sin embargo, calidad no es sinónimo de gratuidad y parafraseando el dicho popular -de no mediar un cambio en el foco de la discusión política- “lo barato podría resultar muy caro”.

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