[Editorial] Expectativas del discurso

Por: Fotografía: Agencia Uno 10:15 AM 2016-05-20

Todo mensaje presidencial ocupa un lugar especial en la trayectoria de un gobernante, ya que es el documento más importante de los jefes de Estado y como tal está siempre precedido de grandes expectativas: de la ciudadanía, de los distintos grupos de interés e incluso de expertos, historiadores y cientistas sociales, que los analizan y estudian, en cuanto allí se inscriben grandes definiciones para tratar de entender a los distintos gobiernos. 

Este año las expectativas se amplifican, considerando la compleja situación política del país y particularmente de la Mandataria y de la coalición de gobierno. 
En efecto, la Presidenta Michelle Bachelet prepara su séptimo discurso del 21 de mayo ante el Congreso nacional, el tercero de su nuevo mandato, luego de cuatro del anterior. Lo hace en el momento probablemente más difícil de nuestra nueva democracia.

El país enfrenta graves problemas. Los partidos se han desplomado ante el electorado y como organización, y cuestionados por su vinculación con el poder económico. Hay, evidentemente, una crisis de representación. La Mandataria, por su parte, tiene un bajísimo apoyo ciudadano, su credibilidad aún no se repone del escándalo de su hijo y nuera y los partidos de su coalición están más divididos que nunca. Finalmente, el crecimiento de la economía es cada vez más bajo, responsabilidad en buena parte del equipo económico gubernamental y de reformas mal diseñadas.

En psicología, la expectativa suele estar asociada a la “posibilidad razonable” de que algo suceda; una definición que aplicada al mensaje presidencial de mañana debe llevar a quienes habitamos esta parte del país a no hacernos muchas ilusiones en torno a una verdadera regionalización, municipalización y descentralización. Por el contrario, la reforma para elegir gobernadores regionales (intendentes) no tiene urgencia, ni siquiera borrador conocido de forma de elección. No se llegó al 2016, como propuso unánimemente la Comisión Presidencial en la materia, y hay una razonable duda de si hay voluntad política para al menos sacarla el 2017. Tampoco se ha cumplido el compromiso de una ley de rentas regionales que ponga fin a las evasiones grotescas del pago de patentes municipales y sobre la transferencia de competencias a las nuevas autoridades regionales electas, las señales a la fecha nada bueno anticipan.

La misma suerte han corrido los compromisos con el sector agrícola que vio en esta gestión la posibilidad de avanzar hacia mejores políticas públicas, sin embargo, tres años después, del romance de la Agricultura de Ñuble con el Gobierno poco queda y de los primeros hemos comenzado a escuchar críticas por la falta de proactividad y sensibilidad ante sus problemas.

Hay cierta coincidencia entre los analistas que mañana habrá más recuento que novedades y que difícilmente se apreciará un relato distinto al programa de reformas. Los más críticos van más allá y anticipan apenas un inventario de cosas conocidas, con énfasis en el proceso constituyente. Igualmente, es seguro que conducirá a las también tradicionales disputas entre el oficialismo y oposición al evaluar su contenido. 
Enfriadas entonces las expectativas de grandes anuncios, cada ciudadano y ciudadana deberá sacar sus propias conclusiones, en un ejercicio de accountability sobre los grandes compromisos que Michelle Bachelet asumió al iniciar su gestión.  
 

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