[Editorial] Cultivo de transgénicos

Por: Fotografía: Agencia Uno 10:15 AM 2016-05-19

Este martes, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos presentó un informe en que concluye que los organismos genéticamente modificados (OGM), o transgénicos, “son indiferenciables del resto y que no hay ni una prueba de que tengan un impacto negativo en la salud de las personas”. El principal organismo asesor de dicho país en temas científicos, tampoco ha encontrado pruebas “concluyentes” de que causen problemas medioambientales.

El informe es fruto de un trabajo que se centró en el análisis de 900 estudios científicos publicados en los últimos 30 años.
Si bien hasta ahora los cultivos transgénicos que más desarrollo comercial han tenido son la soya, el maíz, el algodón y la canola, cuyas principales características son la resistencia a insectos plaga y la tolerancia a herbicidas, existe un enorme potencial para el cultivo de un sinfín de especies, con la ventaja de que se pueden obtener mayores rendimientos.

Lamentablemente, en Chile no se ha definido una política al respecto, en buena medida, por la fuerte oposición que existe desde sectores ambientalistas, indigenistas y de quienes promueven cultivos orgánicos, que sostienen que los transgénicos son nocivos para la salud y el medio ambiente, siguiendo la línea argumentativa de algunas organizaciones europeas.

Desde que las tecnologías de modificación genética comenzaron a aplicarse en el mundo, hace más de 20 años, en la opinión pública, y más recientemente en las redes sociales, ha abundado la desinformación y los prejuicios. No obstante, en el mundo científico la situación es totalmente distinta, pues existe un creciente consenso respecto de la seguridad y eficacia de estos cultivos. De hecho, recientemente, en la prestigiosa revista Science, más de 1.400 científicos firmaron una declaración apoyando el desarrollo de estos cultivos.

Y mientras los cultivos transgénicos siguen avanzando en el mundo, Chile está estancado.
En 2014 la superficie mundial con cultivos transgénicos alcanzó las 181,5 millones de hectáreas, un 4% más que en 2013, representando, a su vez, el 12% de la superficie arable mundial.
Por su parte, Chile ocupa el primer lugar en exportaciones de semillas transgénicas del Hemisferio Sur, con cerca de 23.904 hectáreas destinadas a estos cultivos. Pero la norma que regula los transgénicos en Chile permite solo la multiplicación de semillas con fines de exportación y pruebas de campo. No obstante, no se producen transgénicos para su uso local, debido a la falta de una regulación que “raye la cancha”. Lo contradictorio es que Chile produce y exporta las semillas transgénicas y luego importa los productos generados a partir de ellas, destinándolos para alimentación humana o animal.

De esta manera, los agricultores chilenos presentan una menor competitividad y están en desventaja frente a los demás agricultores de la región (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Paraguay, Uruguay producen transgénicos).

Como consecuencia de esto, Chile hoy está impedido de buscar por medio de la transgenia soluciones a problemas locales como el desarrollo de variedades tolerantes a la sequía, o a virus que afectan a los cultivos, mientras Argentina y Brasil, en cambio, en los últimos meses han aprobado para su distribución comercial varias nuevas variedades desarrolladas por consorcios público-privados.

Es necesaria, entonces, una discusión legislativa de este tema sobre la base de estudios científicos serios, dejando de lado los prejuicios, definiendo una planificación adecuada para el uso del suelo, estableciendo restricciones cuando corresponda y atendiendo las aprensiones de los involucrados, particularmente de los productores que han advertido sobre el riesgo de “contaminación” por cruza de cultivos convencionales y orgánicos con transgénicos. Solo de esta forma, el país podrá dar los siguientes pasos con el objetivo de ser una verdadera potencia agroalimentaria.

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