[Editorial] Una realidad ominosa

Por: Fotografía: Víctor Orellana 10:20 AM 2016-05-18

La siniestralidad vial sigue cercenando, desde hace décadas, las vidas de muchísimas personas en Ñuble. Como ya hemos consignado en reiteradas oportunidades desde estas columnas, no corresponde referirnos a “accidentes de tránsito”, pues, en la amplia mayoría de los casos, son hechos prevenibles, no accidentales, que lamentablemente vuelven a reiterarse año tras año.
Por lo mismo, debe preocupranos que en los primeros cinco meses de este año ya hayan muerto 37 personas en accidentes viales en rutas de la zona, un número que supera a lo registrado en años anteriores y confirma una nefasta tendencia alcista, que nos tiene ubicados como la provincia de la Región del Bío Bío con mayor número de accidentes fatales, mientras que a nivel nacional lideramos en materia de decesos por atropellos. 
Lo cierto es que la cantidad de víctimas es muy elevada y, proporcionalmente, ubica a esta zona en los primeros lugares de los rankings nacionales sobre muertos en accidentes de tránsito. 
Pero el de las muertes no es el único saldo. El otro es el de los heridos, con sus secuelas físicas y psíquicas. Datos internacionales señalan que ocho de cada diez personas que sobreviven a un accidente de tránsito terminan con secuelas físicas parciales o permanentes. A ello deben agregarse las secuelas psíquicas, a veces más invalidantes que las físicas y, como éstas, con su correlato de sufrimiento personal y familiar e incidencia en lo laboral. 
El 30 por ciento de los lesionados graves integra el segmento creciente de personas discapacitadas. Y no se ha llegado a este preocupante nivel por obra y gracia del azar, sino por la existencia de innumerables inconductas de quienes no acatan, en todo o en parte, las reglamentaciones viales vigentes; por la falta de sanción de estas inconductas por parte de quienes tienen la facultad para hacerlo, y por la desidia manifiesta de aquellas autoridades que no se esfuerzan para imponer la sana costumbre de hacer respetar la ley. 
Hasta aquí el problema cultural de una sociedad irresponsable, con un evidente desprecio por la vida. Pero hay otras respuestas y ésas las dan los técnicos y los propios usuarios de la red de caminos de la provincia, que tiene, básicamente, las mismas vías que hace 30 años, de modo que es evidente la falta de una intervención mayor, a fin transformar en autopistas -que previenen 7 de cada 8 accidentes mortales- rutas como la de las Termas, Yungay y Costera. 
Como contrapartida, va en aumento la cantidad de autos que las transitan. De hecho, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Ñuble fue la provincia de la Región del Bío Bío que más ha incrementado su parque vehicular, en 8,5%, alcanzando 115 mil unidades, entre las cuales hay muchos camiones y buses en pésimo estado de mantenimiento. 
A la luz de las últimas estadísticas, que no hacen más que ratificar una realidad ominosa de víctimas mortales y heridos con secuelas graves y daños materiales incontables, se hace perentorio poner fin a esta verdadera epidemia que sufrimos todos los ñublensinos. 
Todo avance relacionado con la prevención es positivo y por eso es de destacar el aumento de sanciones y controles para quienes conducen bajo los efectos del alcohol, lo mismo que la idea de instalar fotorradares en las rutas más peligrosas de la provincia. Sin embargo, de nada valdrán los adelantos tecnológicos, las leyes o la educación vial en las escuelas, si la sociedad toda no se hace eco de la gravedad del tema y comprende, de una vez por todas, que si se pueden evitar, no son accidentes.

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