Pequeños viticultores del Valle del Itata fortalecen su estrategia

Por: Fotografía: José Luis Montes 05:00 PM 2016-05-17

Apoyo  estatal: Sin subsidios, sino fomento productivo, como financiamiento de cuatro Centros de Acopio, pedidos por los viñateros organizados en la Mesa Regional del Vino y o un presupuesto millonario para mejora de bodegas, el Estado a través de Indap apoya a la pequeña viticultura a nivel regional.
Se considera para lo que resta del Gobierno un presupuesto especial para el sector que supera los 6 mil millones, a lo que se suma una inversión similar realizada en el anterior período de Bachelet. 


Lo que se busca es fortalecer la actividad vitivinícola, basándose en el gran potencial que tiene la zona para determinadas cepas. Los “terroir” (microclimas del Valle Itata) se presentan especialmente aptos para Moscatel de Alejandría, Cinsault y País, que son las cepas tradicionales. 


El plan de fomento también considera apoyo a productores de uva que no vinifican, con asesoría para la comercialización.

Asociatividad: La organización de los viñateros de Ñuble solo tiene una década, pero les ha dado luces a los productores que sin asociatividad es poco lo que se puede hacer en la pequeña viticultura. 


Actuando unidos los productores se han convertido en artífices de su destino, ya que han sido capaces de establecer mesas publico-privadas en que se determinan conjuntamente las políticas públicas para el sector.


En otro ámbito, proyectos asociativos como el Pipeño de Quillón, el Espumante de Ránquil y otras  iniciativas como la Cooperativa de Batuco, muestran las fortalezas que le dan al sector actuar en forma conjunta frente al mercado. Además de los beneficios del actuar conjunto, han nacido las responsabilidades, como la elaboración de productos de calidad homogénea que permitan ir dando vida a la imagen de calidad que busca el Valle del Itata.

Innovación: La correcta elaboración del producto y la presentación son claves. En este aspecto se aprecia una corriente innovadora en los pequeños productores del Valle Itata, que apunta a vinos colectivos.


En algunos casos son procesos homogéneos con tecnología adecuada como el uso de cubas y máquinas de acero inoxidable, para hacer un producto de la misma línea, como el Pipeño de Quillón, un vino dulce de 8 grados (que se sale de lo habitual en este aspecto) que hacen 5 viticultores; o el Brutall un espumante de Moscatel de Alejandría o Cinsault, que están haciendo unos 30 productores de Ránquil y Quillón.


El vino embotellado y etiquetas atractivas hacen que los productores miren con interés a un grupo de vanguardia que ha cambiado el concepto de la garrafa. Otro grupo ha logrado ingresar al mercado con el pipeño de Moscatel para los famosos “Terremotos”.

Identidad: Pequeños viticultores y técnicos de la zona hicieron este año una gira al corazón del mundo del vino, con apoyo de Innova Bío Bío. Conocieron Borgoña, Bordeaux y Montpellier. Una de las experiencias de este viaje, que recalcaron en la difusión posterior es cómo un país entero se identifica con un producto comercial.


Los franceses de cada una de estas zona trabajan en pocas cepas, pero en ellas se juegan la vida por la identidad, al punto que para elaborar vinos se han definido estándares mínimos de calidad que nadie puede obviar.


Un adelanto en identidad son los cambios a la reglamentación de denominación de origen, que reconoce como cepas a la variedad País y Cinsault. Por tratarse de variedades de alta presencia local, esta situación se convierte en una buena herramienta de marketing, que se sumará a una identificación de los “terroir” con que cuenta el Valle Itata.

 

 

 

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