Paulina Facuse cuenta cómo la murga la llevó hasta Uruguay

Por: Felipe Vergara 09:20 PM 2016-05-15

Sus movimientos sobre  el escenario y los colores que la acompañaron en cada ocasión, siempre dieron que hablar cuando Chillán contó con ella como un número infaltable durante cada fin de semana. 

Es que siempre quiso que su ciudad se contagiara de alegría a través de sus ritmos andinos, los que le dieron un lugar protagónico en la escena local. 

Sin embargo, Paulina Facuse hoy tiene instalada su creatividad fuera de la provincia y del país. 

Es Uruguay el espacio que tiene a la chillaneja encantada, sobre todo por la vida carnavalera que hizo que fuera en busca de un aprendizaje inmedible. 

“Mi relación con Uruguay comienza cuando me enamoré de la murga. Yo estaba escribiendo una obra de teatro para bufones y quería que fuera un coro que hiciera crítica política y terminara con una canción que dejara un mensaje y hablara del carnaval como metáfora de la liberación de los pueblos. Muchos elementos de esa idea son la definición de la murga uruguaya”, asume. 

Es por eso que desde el 2008 viaja constantemente al país charrúa y hoy se encuentra nuevamente en una larga estadía. Hasta el momento lleva dos meses allá y no volverá hasta cerca de julio. 

Y razones sobran. “Es común que vayas por la calle y aparezca una enorme comparsa de tambores y la gente salga a la calle a bailar. Hay mucha influencia de Brasil y Argentina. También hay un gran movimiento de cantautores”, asegura. 

Es en ese círculo donde también ha mostrado sus melodías. “Ha sido muy lindo conocer y compartir experiencias con artistas que admiro. Formar parte del movimiento de cantautores, hacer amistad a través de la música, especialmente con María Nohel y Fernando Cortizo”, señala. 

Contrario a lo que se podría imaginar, la capital de Ñuble no es un lugar tan desconocido en aquellas latitudes. “Hay varias personas que conocen la ciudad, pero no la distinguen por su valor artístico. Ahí hay algo que tenemos que hacer. Pasan muchas cosas y se difunden poco. Hay que prestar atención a los artistas de la ciudad. Eso es clave. En Chillán hay una distancia entre la comunidad en general y los creadores”, afirma. 

Deseos que seguro comparten sus colegas, aunque por ahora ella lo mira desde lejos. Mientras recorre nuevos escenarios, debe apelar al recuerdo para sentirse cerca de los suyos. “Extraño a mi familia, amigos, la estación de trenes, la Plaza de Armas, la Avenida Libertad. La relación con lo mágico, las historias del diablo, del tue tue, del cementerio”, confiesa. 

Ahora, solo queda esperar que regrese a compartir su aprendizaje. “Tenemos mucho por hacer con Alejandro Alvarado y Francisco Toledo, dos músicos chillanejos muy talentosos que se han hecho parte de El Circo del Delirio”, adelanta.

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