Los complejos meses del obispo Carlos Pellegrin

Por: Nicole Contreras 10:35 AM 2018-08-12

Desde que el obispo de Chillán, Carlos Pellegrin, comenzó a revelar nuevos casos de sacerdotes investigados o sancionados por abuso, en junio, las críticas se han centrado en el por qué no entregó los antecedentes a la justicia cuando tuvo conocimiento. 

“Hasta hoy los obispos no estamos obligados a entregar información a Fiscalía”, fue la respuesta que dio hace una semana al ser consultado sobre la razón por la cual no entregó los antecedentes de la sanción canónica al sacerdote Renato Toro en 2012, cuando fue apartado durante tres años del ministerio por abuso a menor. Solo lo reveló hace un par de meses cuando recibió una nueva denuncia por presunto abuso. 

También fue cuestionado por no apartar de la actividad sacerdotal a Héctor Bravo, investigado por la Fiscalía local por posible abuso a menor en 2009. Este miércoles reveló el nombre del sacerdote Osvaldo Salgado, contra quien luego de ser informado por Fiscalía en 2012 inició una investigación previa que determinó la verosimilitud de la denuncia por estupro. 

Pellegrin sacó los antecedentes de su carpeta, que también contenían el inicio de una investigación contra el vicario de la parroquia Buen Pastor, Luis Ricardo Montenegro. ¿Qué otros antecedentes hay en la carpeta del obispo?

Pero el punto más álgido de su cuestionamiento surgió el viernes pasado, luego de que la fiscal regional de Bío Bío, Marcela Cartagena, confirmara que el 2 de agosto ingresó una denuncia en su contra por delitos de índole sexual. De confirmarse la acusación, sería el primer obispo en ejercicio en ser acusado directamente por abusos sexuales. En 2011 ya había enfrentado una denuncia anónima que se conoció a través de una carta que relataba abusos en el Colegio Verbo Divino, del que Pellegrin fue rector desde 1999 hasta que asumió el mando de la Diócesis.

La Red laical Chillan reconoció su “derecho a presunción de inocencia”, pero desde hace casi dos meses luego de su constitución le piden que clarifique su situación  reconociéndolo como un interlocutor no válido hasta que el Papa lo confirme en el cargo o acepte su renuncia. Si hay algo de lo que los laicos de Chillán tienen certeza es sobre “los abusos de poder que se han dado dentro de la Diócesis”.  

Polémicas 

Y es que los cuestionamientos al obispo de Chillán surgen poco después de su llegada a la Diócesis en 2006. Su estilo “autoritario y poco austero” como lo definen los laicos, se empezó a conocer antes de que llegara.  

“Nosotros sabemos que antes de llegar mandó a renovar la casa donde vivía el obispo Jara, que se hizo de nuevo, que se ha construido una casa en Buchupureo, y que su estilo de vida no se ha manifestado tal vez en lo que esperaríamos de un obispo, eso ha chocado un poco en la sensibilidad cristiana de Ñuble”, afirmó Eduardo Albornoz, vocero de la Red laical Chillán. 

“Tenía sentimientos muy positivos cuando supe que a nuestra Diócesis llegaría un obispo misionero. Pero en un primer encuentro, le dije padre obispo, como acostumbrábamos a tratar al obispo emérito Alberto Jara, pero su respuesta fue: a mí me dices monseñor, yo soy el que mando y yo decido quién se va va o se queda”, recuerda Marisol Fernández, exidirectora diocesana de obras misionales pontificias. 

En 2007 comenzaron los despidos de funcionarios del Obispado o de colegios que pertenecen a la Fundación Colegios de Iglesia. 

“El despedía a la gente el día viernes, porque así cuando los demás llegaban a trabajar el día lunes, no tenían nada que decir, y no había ningún comentario, ese es su postulado. A mí me despidió un día viernes”, recuerda una ex funcionaria del Obispado de Chillán. 

Mirena Romero, vocera de la Red laical, recuerda su despido en diciembre de 2007. 

“Lo que yo fui testigo directo es del trabajo que él hizo llegando a Chillán con los colegios católicos, especialmente con el Colegio Padre Hurtado, yo no guardo rencor a que él me haya despedido, un dueño de colegio tiene el derecho a sacar aquellas personas que no son de su línea de trabajo, pero junto conmigo salieron muchas personas que yo considero que pueden haber sido un buen aporte, fue un abuso de poder despedir 26 personas de un mismo colegio, al mismo tiempo, yo lo encuentro un despedir injustificado”, sostuvo. 

También se recuerdan entre los laicos las ocasiones en que el obispo Pellegrin ha estado en desacuerdo con los invitados a algunos seminarios. 

Felipe Berríos, en entrevista con LA DISCUSIÓN el mes pasado, recordó cuando Pellegrin, en agosto de 2008, vetó su invitación a una charla en el Colegio Padre Hurtado, “por no estar de acuerdo con sus planteamientos”. 

Al ser consultado, el obispo Pellegrin aclaró que “no voy a responder a lo que aparece en medios de prensa donde no hay fundamentos”. 

Tampoco quiso referirse a la situación a la que la exdirectora del Instituto Santa María, Angélica Caro, se vio enfrentada en 2010, cuando en el marco de un encuentro nacional de jóvenes investigadores humanistas, ella y su equipo invitaron al escritor Pablo Simonetti para que diera una charla a más de 150 jóvenes secundarios provenientes de distintos puntos del país. 

“En ese tiempo Pablo estaba recién iniciando la Fundación Iguales y no tenía aún visibilidad mediática por su lucha por las reivindicaciones de los derechos de las minorías sexuales, sin embargo, asumía públicamente su homosexualidad. El día de la conferencia, cuando iba camino al aeropuerto de Concepción a buscar al escritor, el obispo de Chillán llamó a mi celular para manifestar su opinión respecto a nuestro invitado”, recuerda Caro.

“Fue muy duro respecto a la condición de Pablo Simonetti, haciendo alusión incluso a uno de sus libros, La Razón de los amantes, en donde un homosexual se enamora de un heterosexual”, precisa. 

“También hizo hincapié en mi supuesta falta de criterio por invitar a una persona que desorientaba a los alumnos y finalmente me precisó que esa noche enviaría a su gente para ver qué se hablaría en la actividad. Nunca me pidió suspender la conferencia, pero yo sabía cuál era su intención”. 

A ocho años del episodio Angélica cuenta que “no sentí presión, sino dolor. Me preguntaba desde mi fe y compromiso cristiano si había sido poco criteriosa: y la respuesta era siempre no. El apoyo de las religiosas del Santa María me hacían reafirmar que la Iglesia como pueblo de Dios no discrimina”, detalló. 

Otro hecho en que el obispo decidió intervenir fue en la conferencia del teólogo y biblista argentino Ariel Álvarez en 2012. 

“Mandó una carta a toda la gente de pastoral, colegios, parroquias, todo lugar donde él tenía cierto rango de poder sobre ellos, diciéndole que no podían asistir a la charla de Ariel porque era un hombre sancionado por la Iglesia”, recuerda Nelson Agurto, coordinador de la Fundación Diálogo, que gestionaba la visita del teólogo. 

“Les informo que no ha sido invitado por la Diócesis, ni ha existido contacto previo con el Obispado esta vez, ni las veces que estuvo en Chillán anteriormente. De ello se desprende que su presencia y charlas no son de conocimiento, ni tienen el respaldo, de nuestra Iglesia local”, escribió en la carta Carlos Pellegrin. 

“Mi recomendación es no participar en estas charlas, pues el contenido de ellas es de dudoso fundamento doctrinal, lo que atenta contra la comunión por la que tanto trabajamos a diario en nuestra Diócesis”, enfatizó. 

Su explicación fue que el obispo de Santiago del Estero en Argentina lo había vetado de realizar publicaciones porque sus contenidos no serían “compatibles con la enseñanza del magisterio”. El Papa Francisco levantó esta sanción en 2016. 

Eduardo Albornoz y Guillermo Stevens, coordinadores del movimiento de profesionales católicos de Chillán en ese entonces, pidieron una entrevista con él para entregarle una carta y aclara su postura.  

“Fuimos a entrevistarnos con él para decirle que eso nos parecía un abuso de autoridad, y que nosotros hacíamos corrección fraterna al obispo porque él no nos puede decir a quién escuchar o no. Él nos dijo que quiénes éramos para corregir al obispo”, recuerda Albornoz, quien tampoco olvida que el obispo Pellegrin prohibió que en la Diócesis existiesen acólitos mujeres. “Un grupo de sacerdotes le preguntó si eso no era excesivo, y él le contestó que era autoritario como el Papa Juan Pablo Segundo”, asegura Albornoz.

Consultado sobre posibles abusos de poder, el obispo asegura “que no se le vienen a la mente”.  Si alguien tiene una denuncia de abuso de poder están los canales abiertos, y si se desconfía de la Diócesis, también se puede hacer en la Nunciatura”. 
 

Comentarios