¿Y el compromiso por lograr calidad educativa?

Por: Germán Gómez Veas 2018-07-30
Germán Gómez Veas
html head title/title /head body phtml head title/title /head body phtml head title/title /head body p style="text-align: justify;"Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial./p /body /html/p /body /html/p /body /html

El romance de la ideología con la demagogia del que hemos sido testigos en los últimos 25 años ha tenido nefastas consecuencias en el ámbito educativo. Simultáneamente, no cuesta demasiado advertir que el más espurio efecto que ha emergido desde esa chocante relación es el equívoco, inasible, y en muchos sentidos locuaz, pero engañador eslogan por la calidad educativa.

¿No es hora de que los actores tomadores de decisiones políticas de largo plazo sitúen una organización que, en serio, acompañe a las unidades educativas en el propósito de que ellas sean realmente dotadas de lo apropiado para brindar un servicio educativo de calidad en ambientes seguros? Nadie podrá desconocer que los hechos demuestran que la estructura y funcionamiento de las reparticiones gubernamentales, tal como están delineadas hoy, no son capaces de impulsar y apuntalar con eficacia, el propósito de que los niños y jóvenes reciban una buena educación. Sin embargo, en este sentido cabe reconocer como oportuna la definición de la actual Administración en cuanto a poner el foco en el aula para conquistar el propósito anhelado. Ahora bien, a fin de no continuar por el infructífero camino que nos ha llevado al nivel de deficiencia educativa escolar en que nos encontramos, es necesario preguntarse por los indicadores que permitirían evaluar si acaso el actual equipo que lidera el Ministerio de Educación conseguirá, al finalizar su período de Gobierno, permear los eslabones de la cadena obstaculizadora que ha demostrado ser muy firme en empantanar el trabajo educativo junto a la gestión administrativa apropiados para conseguir calidad. En mi parecer, se están dando pasos interesantes para moderar en los colegios la enorme burocracia que hoy los distrae respecto de las capacidades del eje pedagógico, y también se ha dado un paso valioso en cuanto a crear nuevas instancias para impulsar la innovación pedagógica. Con todo, es fundamental hacer más. 

Algo semejante se debería exigir a los otros actores de políticas públicas educacionales. De hecho, acerca de los más visibles, por ejemplo centros de estudios, partidos y movimientos políticos, y las universidades, entre otros, se observa que no han contribuido decidida y considerablemente en plantear acciones concretas para remecer la actual estructura pública (y el funcionamiento de la misma). Debo subrayar que en la compleja realidad existente, no resulta exagerado razonar que estos actores tienen una cuantiosa deuda moral y han de salir prontamente de la inercia y desidia propositiva.

De igual modo, irrita y genera sentimientos de contrariedad, ver que en gran medida los parlamentarios se han limitado a sostener discusiones de salón, desatendiendo sin pudor alguno, la urgencia por lograr calidad educativa. Algo similar ocurre al advertir que al interior de las coaliciones políticas el interés y el tiempo lo están orientando preferentemente a organizar luchas internas por capturar mezquinos espacios de poder, sin proclamar el menor interés por proponer acciones concretas para que los colegios reviertan sus inestabilidades o deficiencias. 

 

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