Corporación Jesús Niño evalúa su futuro

Por: Nicole Contreras 04:20 PM 2018-07-30

En 1981, en una casa arrendada en Chillán Viejo, comenzó a funcionar la Villa Jesús Niño, que posteriormente derivó en un conjunto de 10 viviendas ubicadas camino a Las Mariposas.

Hace tres semanas, con lienzos colgados desde las rejas de la villa, los niños y jóvenes residentes advirtieron sobre el cierre del espacio destinado a menores de edad en situación de vulnerabilidad, con mensajes como “Queremos nuestra villa, somos importantes, no nos dejen sin nuestro hogar”.

El proyecto cerraría en diciembre, aparentemente por falta de recursos para seguir manteniendo las casas donde un matrimonio junto a sus hijos alberga a 10 niños de situación vulnerable, convirtiéndose en una familia para ellos.

Dirige la villa la Corporación Comunidad Jesús Niño, que terminará su vínculo con el Sename, por lo que ya no tendrán menores de edad bajo su cuidado permanente. Si bien la entidad se negó a hablar con LA DISCUSIÓN, a través de una carta al director confirmaron el fin de la relación con Sename, precisando que “nuestra decisión de terminar nuestro convenio con Sename no tiene que ver con la disolución de nuestra Corporación y mucho menos con terminar con la infraestructura ubicada en km 7 camino Las Mariposas”.

La carta, firmada por Ludmila Ortiz Novoa, presidenta de la Corporación Comunidad Jesús Niño Chillán, agrega que “cualquier resolución adoptada en cuanto a quien se hará de este proyecto le corresponde en forma legal solo a la directiva de la Corporación, la que se encuentra evaluando la institución más idónea para el traspaso de dicho proyecto”.

Rol del Obispado

El Obispado de Chillán, respecto del rol que tiene sobre la villa y su cierre, informó que “la Villa Jesús Niño fue creada por un grupo de laicos en 1981. Es una corporación de derecho privado que tiene su propio directorio para su administración. El directorio es elegido por votación de la asamblea conformada por los socios de la corporación”. 

En ese contexto, confirmaron que según los estatutos, existe la figura del sacerdote asesor. “El directorio debe proponer al obispo el nombre del sacerdote asesor para que este lo designe. De existir un sacerdote asesor, este tendría derecho a voz, voto y veto”, precisaron.

Respecto a una eventual disolución de la corporación y las propiedad de los terrenos donde está ubicada la villa, en el Obispado precisaron que “de acuerdo a los estatutos, en caso de disolución de la corporación, los bienes de esta pasan al Obispado de Chillán. Pero, reiteramos que nuestro deseo como Iglesia, es que la corporación siga funcionando y prestando la ayuda a los niños vulnerables de nuestra zona. Todos los caminos nuevos que se tomen por parte de la Corporación, si van en ayuda de los niños y niñas de la región de Ñuble, siempre serán bendecidos por este obispo”.

En el Obispado agregaron que “la iniciativa de servir a niños y niñas en situación de vulnerabilidad sigue siendo una dimensión preferente de nuestra Iglesia, por ello, a la fecha, la propiedad es de absoluta disponibilidad de la Corporación, a menos que ellos indiquen lo contrario. La Diócesis no desea tomar decisiones por sobre lo que decida la Corporación, que es autónoma, solamente tiene la misión de velar para que la intención inicial del proyecto no se pierda, y ello es atender a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad. Por eso nos alegra lo declarado en el diario LA DISCUSIÓN, por la presidenta de la Corporación, que indica que continuarán como institución ayudando a los niños que lo requieran.

Desde el Sename informaron que en relación a los menores de edad que están en la villa, “se trabaja con Tribunal de Familia su reubicación, viendo caso a caso”.

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