Advierten que remolacha se encamina a la extinción

Por: Roberto Fernández 12:25 PM 2018-07-29

La decisión de Iansa de cerrar definitivamente la planta Linares en agosto próximo sigue dando que hablar a nivel local, pues tanto personeros de Gobierno como dirigentes del agro sostienen que el hecho constituye una señal de advertencia para la agricultura de Ñuble, pues desde distintas ópticas coinciden en que el futuro del rubro remolachero no es muy auspicioso y que un escenario similar se podría observar en la planta de San Carlos.

Y es que si bien el cierre de la planta en Linares significará que se potenciará la planta de San Carlos, ya que la producción remolachera del Maule Sur será procesada en esta última, los pronósticos apuntan a una progresiva reducción de la superficie de remolacha en el país.

Marcelo San Martín, presidente de la Asociación de Remolacheros de Ñuble, recordó que Chile llegó a tener 50 mil hectáreas de remolacha y que Iansa tenía seis plantas, sin embargo, se fueron cerrando las de Rapaco, Llanquihue, Curicó (en 2016) y ahora, Linares. Hoy solo quedan funcionando las de Los Ángeles y San Carlos.

Reconoció que la caída en la superficie, que en la temporada 2017-2018 bordeó las 17 mil hectáreas (6 mil en Ñuble) responde a factores como la fuerte caída en el precio internacional del azúcar, “ya que hay una sobreoferta de azúcar de caña, cuyos cultivos estaban orientados a la producción de biocombustibles, pero frente a la reducción del precio, se destinaron a la producción de azúcar. Además, como la producción de azúcar de caña es más barata, el ingreso de azúcar refinada importada a Chile ha aumentado considerablemente, y sin ningún tipo de restricción, porque Chile es una economía abierta, a diferencia de otros países que protegen a su industria azucarera, como Estados Unidos y México, así como las políticas que hay en Europa para proteger a la agricultura”.

Frente al escenario más pesimista, San Martín expuso que “la planta de San Carlos debiera ser la última en cerrar, pero yo soy optimista, no creo que eso ocurra. Yo creo que esta tendencia a la disminución en el consumo de azúcar que hay en Chile, en que hay campañas comunicacionales para consumir menos azúcar, más el efecto de la Ley de Etiquetado, que redujo en un 15% el consumo, tendrá que revertirse más adelante, porque siempre el país va a necesitar azúcar; lo mismo pasó con el huevo y la leche”.

Consultado por los altos costos operacionales que mencionó Iansa como un factor determinante, el dirigente gremial explicó que por el lado de los remolacheros “ya no podemos bajar más nuestros costos, actualmente el costo de una hectárea es de aproximadamente 100 toneladas, y si en promedio estamos produciendo 110 toneladas por hectárea, resulta que la utilidad por hectárea es de $300 mil, lo mismo que puedo obtener con el trigo o el maíz”.

Apuntó a las ineficiencias que exhibía la planta Linares y destacó que los remolacheros han logrado incrementar sus rendimientos a niveles récord. Y comentó que desde Iansa han planteado que con este ajuste se espera lograr una mayor eficiencia en la planta Cocharcas, lo que permitiría mejorar los precios. 

“Para esta temporada están ofreciendo 47 dólares por tonelada limpia, 3 dólares menos que en la temporada anterior, es decir, la remolacha es un cultivo cada vez menos atractivo, por lo que son muchos los que se están reconvirtiendo a los frutales”, explicó.

De igual forma, el vicepresidente de la Asociación de Agricultores de Ñuble, Carlos Smith, hizo hincapié en que la falta de políticas enfocadas en los cultivos tradicionales por parte del Estado están favoreciendo este escenario, donde la consecuencias serán la desaparición paulatina de cultivos como la remolacha, el maíz y el trigo, entre otros, para dar paso a cultivos más rentables, como las frutas.

La remolacha es un cultivo anual, de rotación, por lo que su disminución o desaparición también impacta a otros cultivos tradicionales, como el trigo. Smith también apuntó a la falta de una adecuada protección de la industria, “lo que ha favorecido el aumento de las importaciones de azúcar”, y anticipó que en dos o tres años el cultivo de remolacha podría desaparecer en el Maule.

El dirigente gremial advirtió que “no es fácil renunciar a la remolacha, al trigo o al maíz” y que “no podemos convertir todo en frutales”, pues aseguró que se produciría una alta dependencia de una limitada canasta que tiene un mercado limitado, así como también se pondría en riesgo la seguridad alimentaria del país. 

“Aquí hace rato que el Estado dejó de cumplir un rol, y el mercado es el único que toma decisiones, si es así entonces yo me pregunto para qué tenemos Estado. Resulta que para la mayoría de los cultivos tenemos un solo comprador o muy pocos, entonces de qué competencia me hablan”, enfatizó Smith.

Reconversión

Desde el Gobierno, en tanto, además de la pragmática frase del Presidente Sebastián Piñera, quien afirmó que “para que nazca un árbol nuevo tiene que morir uno viejo”, personeros locales plantearon que el cierre de la planta de Linares es una señal de advertencia de la necesidad de diversificar la matriz productiva de Ñuble y específicamente en el rubro agrícola, de trabajar en la reconversión.

El delegado presidencial para la instalación de la Región de Ñuble, Martín Arrau, sostuvo que “nosotros como región tenemos un tremendo desafío, y cuando ves que un rubro productivo va terminándose, es una señal de advertencia de que nosotros tenemos que darnos cuenta que el mundo cambió y que los rubros son más perecibles que hace 100  años. Hoy tenemos que renovar nuestra matriz productiva y Ñuble hace años que tiene ese desafío y hay que enfrentarlo de manera mucho más decidida, tenemos que meter nuevos rubros en el sector agrícola sin duda y tratar de meter innovación y tecnología para desarrollar nuevos rubros que ni siquiera hoy pensamos cuáles son”.

Arrau, quien también es agricultor, subrayó que Chile optó por el camino del libre comercio y que en una economía global cada vez más dinámica, Ñuble no puede quedarse fuera, “tiene que subirse al carro y competir, tenemos que ser innovadores”.

En el caso de la remolacha, Arrau planteó que hay un problema de estructura de costos de la producción de azúcar en Chile, y destacó como algo muy positivo los aumentos en los rendimientos que han logrado los agricultores, sin embargo, hizo hincapié en la importancia de la diversificación productiva de la nueva región. “El Ñuble del futuro es con muchos rubros nuevos, ojalá que este rubro pueda sobrevivir, pero con los niveles de cesantía y pobreza que tenemos, lo que tenemos que hacer es generar más rubros productivos, más valor agregado y nos tenemos que ir acostumbrando a que ciertos rubros vayan quedando desplazados”.

En esa línea, reconoció que los frutales son una alternativa del presente, pero enfatizó que “debemos ser mucho más innovadores, y en el sector agrícola apuntar al desarrollo genético, alimentos orgánicos, muchas otras cosas, y también como región no podemos depender solamente de la agricultura”.

De igual forma, el seremi de Agricultura de la Región del Bío Bío, Fernando Bórquez, coincidió con Arrau en cuanto a que esto es una señal de advertencia para Ñuble.

“El mundo está consumiendo menos azúcar y el azúcar de caña es aparentemente más competitiva, pero no creo que el rubro remolachero vaya a desaparecer. Creo que va a quedar en manos de los mayores productores, no sería extraño que una de las dos plantas pudiera cerrar en el futuro si la superficie disminuye, quizás la de Los Ángeles, pues entiendo que la de San Carlos está más fortalecida”, expresó el seremi.

En materia de costos, Bórquez planteó que debiera explorarse la opción del transporte combinando el camión y el tren, aprovechando el emplazamiento de las plantas de Iansa junto al tendido ferroviario.

El seremi de Agricultura expresó que “ciertamente es lamentable lo que pasa, porque se empiezan a cerrar las opciones para los agricultores, porque la remolacha es un cultivo que se va rotando con otro, como el trigo o el maíz, que también se van a ver afectados”.

Frente a ello, Bórquez reconoció que “todo indica que vamos hacia una reconversión hacia cultivos más rentables, como la fruta, la ganadería y las hortalizas, entonces también es preocupante, porque si ya hay problemas hoy de mano de obra, tenemos que empezar a introducir mayores niveles de mecanización en la cosecha, especialmente que estén al alcance de agricultores chicos, por ejemplo, en los casos de la frambuesa y los arándanos”.

La autoridad recordó el proceso de reconversión a frutales que se ha observado en la zona central, el que ha ido avanzando hacia el sur con un progresivo aumento de la superficie de frutales en Ñuble, que entre 2012 y 2016 creció cerca de un 40%.

En ese escenario de reconversión, que Bórquez calificó como positivo, el seremi sostuvo que “nosotros como ministerio estamos buscando que los pequeños productores empiecen a incursionar en ese sentido, porque los cultivos tradicionales demandan mayor superficie y tienen baja rentabilidad. Eso puede resultar para un productor que tiene 100 hectáreas, pero para un agricultor que tiene 8 ó 10 hectáreas, los $100 mil de ganancia que puede lograr por hectárea no le da para vivir el año. Entonces, tenemos algunas experiencias a través de los PTI (Programa Territorial Integrado) y con Indap, con pequeñas superficies de cultivos intensivos, como lo que se está haciendo con frutillas, castaños, arándanos y frambuesas. Y eso ha tenido muy buenos resultados para los productores, donde la asociativa se ha convertido en una herramienta clave para la comercialización”.

Política de Estado

Lo ocurrido con Iansa es interpretado por el economista Renato Segura como un síntoma de la ausencia de una política de Estado enfocada en el mundo agrícola.

El director del CER Regional, expresó que “a partir de los tratados de libre comercio, la agricultura tradicional se ha situado en la categoría de ‘árbol viejo’. El problema es que los árboles nuevos dan poco resguardo a las familias campesinas, quienes han tenido que migrar hacia las zonas urbanas. Y la Región de Ñuble es una de las pocas zonas del país donde aún queda población rural”. 

Segura añadió que “el cierre de la planta de Iansa en Linares es otra señal de que la agricultura no ha estado en primera línea de la política pública. Mientras los productos alimenticios ingresan a precios bajos, la falta de competitividad y el bajo valor agregado está matando lentamente la agricultura tradicional”.

“Comparto plenamente con los líderes gremiales del agro su preocupación por la negativa señal que implica el cierre de la planta para el desarrollo de la nueva región del país. Por otra parte, llama la atención la ausencia de empatía de la autoridad con el genocidio que imponen los precios a nuestros viejos árboles que subyace sobre la actividad agrícola”, manifestó el investigador.

El exdirector regional de ProChile aseveró que “hace tiempo que la sociedad y los sectores afectados están pidiendo una definición a las autoridades del país para que mire la actividad agrícola con visión de Estado en un horizonte de largo plazo. Los precios vigentes de la industria están generando un proceso irreversible en la matriz productiva local. Dicho fenómeno explica, en buena parte, el inequitativo desarrollo del territorio nacional”.

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