Se acabó la marcha blanca por ruidos molestos: van 3 multas

Por: Felipe Ahumada Fotografía: Mauricio Ulloa 08:15 PM 2018-07-21

Los locales que quieran hacer una medición de ruidos para regular sus sistemas de audio, pueden pedirlo a la Inspección.

El término “incivilidad” se hizo parte del glosario chillanejo común hace no más de uno o dos años, y le permitió a los vecinos designar en una sola palabra todo aquello que le molesta de las actitudes del resto.

Aquí, entonces, cabe el botar basura en la calle, el beber o drogarse en la vía pública, el comercio ambulante ilegal, la generación de microbasurales, cruzar a media cuadra, circular en bicicleta por la vereda o estacionarse en lugares no habilitados.

“Pero había una que en particular ha estado arruinando la calidad de vida de muchas personas, ya sea en sus trabajos o en sus propias casas”, dice Renán Cabezas, jefe de la Oficina Municipal de Seguridad (Omse) de Chillán: los ruidos molestos.

“Lo bueno es que ahora podemos medirlos, por lo tanto regularlos y fiscalizar a aquellos locales comerciales o casas particulares que estén infringiendo la normativa”, prosigue, en referencia a la adquisición de un sonómetro certificado y que está en manos de la Inspección Municipal.

Así, el ruido se mide en decibeles y quien sobrepase lo permitido se arriesga a las multas que impone el Juzgado de Policía Local.

La normativa dice que en los sectores residenciales, los decibeles máximos permitidos antes de las 21 horas deben marcar hasta 50. 

En el sector comercial, es de 55 decibeles; en zonas industriales se permite hasta 60 decibeles; y en las zonas mixtas, hasta los 50 decibeles.

Sin embargo, pasadas las 21 horas, la tolerancia baja 5 decibeles en cada zona.

La marcha blanca no ha terminado, pero ya es más bien gris. No hay un ánimo de cursar multas a diestra y siniestra por parte del municipio, pero el local Costa Cuervo se hizo acreedor del primer parte por esta infracción a la normativa, el pasado 22 de junio.

Al momento de la inspección, la conocida discoteca emitía un promedio de 67.3 decibeles, cuando el máximo permitido por la zona de ubicación y horario era de 55, superando en 12 puntos la norma.

En tal oportunidad, el alcalde Sergio Zarzar dijo respecto a la fiscalización con sonómetro que “ahora habrá mayor tranquilidad para los vecinos”.

Pese a esto, la semana pasada, el mismo centro de entretención, fue multado por segunda vez debido a esta causa.

“Ellos se encuentran  en una zona mixta, además se han empezado a instalar algunas villas en ese sector, y justo detrás de ese local hay una casa, por lo que para ellos debe ser muy molesto tener tanto ruido por las noches”, apuntó Cabezas.

Es más, según los inspectores que participaron de esa fiscalización aseguraron que “el ruido era tal que si uno se paraba en el living de esa casa, el ruido era como estar en la misma disco. El dueño de la disco se molestó cuando le cursamos la segunda infracción, pero si uno se pone en el lugar del vecino, la molestia era más que comprensible”

El equipo tuvo un costo de 5 millones de pesos, fue presentado en sociedad en abril de este año, pero conforme se capacitaba al personal sobre las formas de medición (que incluso contempla la dirección y velocidad del viento), se originó una suerte de marcha blanca que consistía en advertirle a los infractores sobre los riesgos de multas y otras sanciones a las que se exponían si no bajaban los decibeles.

Un tercer infraccionado fue el dueño de un gimnasio. “Solía hacer clases de aeróbica los sábado en la mañana con la música a un nivel mucho mayor de lo permitido, entonces, se hicieron las denuncias, se realizaron las inspecciones y se constató con el sonómetro que estaba actuando fuera de la norma y a él también se le había advertido sobre esto”, detalló Cabezas.

Luego de hacerse público la adquisición del sonómetro por parte del municipio, las denuncias comenzaron a crecer en forma exponencial.

En los últimos diez años, las denuncias se han elevado a un 308%, es decir, si en 2007 hubo 97 quejas formales en Carabineros, el año pasado fueron 187.

En 2016 fueron 127; un año antes hubo 116, otras 106 en 2015 y así se puede seguir hasta llegar al 2005, cuando estas denuncias no superaban los 24 casos.

En la inspección aclaran que “quienes quieran hacer una medición de ruidos para saber hasta qué punto pueden poner su música, no tienen más que llamarnos, ya hay un par de locales que lo han hecho y valoramos esa responsabilidad”. Al mismo tiempo advierten que los sonómetros que se consiguen por aplicación de celulares no son exactos.

El ruido en los barrios

El aumento de denuncias por ruidos molestos se ha expandido a sectores residenciales.

Principalmente apuntan a iglesias y a vecinos que tienen el hábito de hacer fiestas en sus casas.

“Es un tema complejo por múltiples razones, y la primera es que no tenemos la cantidad de inspectores ni los turnos para poder acudir a todos esos llamados”, aclara Cabezas.

Como segundo punto se advierte que habrá ocasiones en que si bien el vecino puede propiciar ruidos molestos en las noches, como celebraciones en el patio, con risotadas y griterío eventual que no necesariamente superen los decibeles permitidos. “Esos casos no ameritan multas y solo queda conversar con ellos para llegar a algún acuerdo”.

“Por lo general son personas jóvenes, muchos de ellos estudiantes que hacen fiestas los fines de semana, pero también hay muchos adultos que no solo hacen fiestas, asados o karaoke un viernes o un sábado, sino cualquier día de la semana y hasta las 2 ó 3 de la mañana”, apunta Ignacio Marín, juez del Juzgado de Policía Local.

El juez advierte que las multas van de 1 a 4 UTM (desde los 45 a los 180 mil pesos), y que “basta con que carabineros haga de ministro de fe para que se les aplique una sanción”, a la vez que comenta que “hemos encontrado muchos casos de personas reincidentes y a ellos se les va aumentando la multa”.

Para entenderlo, una conversación normal al aire libre tiene unos 50 decibeles. Una aspiradora, cerca de 80, lo mismo que el paso de un camión.

Un grito puede tener sobre 70 decibeles, una bocina de auto cerca de 95.

Las motos sin silenciador llegan a los 115 decibeles, y el cantar de los pájaros, 20.

 

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