[Editorial] Salud mental al límite

Por: 10:25 AM 2016-05-12

Chillán parece estar acostumbrándose a vivir en un clima de tensión y aceleración. Una atmósfera que aún no está a la altura de los grandes centros urbanos, pero que igual produce enfermizos estímulos. Inestabilidad laboral, bajos ingresos, congestión de tránsito y altos niveles de inseguridad son solo algunos de los ingredientes de un cóctel que comienza a amenazar de forma generalizada la salud de nuestra población. A esto se suman también los efectos de la utilización de la tecnología, que ha modificado el trabajo cotidiano, como también la vida familiar y social y que más allá de sus innegables ventajas, imprime también un ritmo de aceleración creciente y una preocupante dependencia que ha dado origen a nuevas adicciones. 

Los costos son altos: el ausentismo laboral por problemas de salud mental se estima entre 35 y 40 por ciento y las licencias de este tipo corresponden al segundo mayor gasto entre aquellas que son tramitadas. La lógica nos lleva a suponer que el Estado debe destinar recursos proporcionales al impacto que tiene en la productividad esta área de la medicina, sin embargo, la realidad muestra todo lo contrario.

Según el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud de Chile, el año 2007 el sector público destinó 2,14 por ciento del presupuesto total del área a salud mental, cifra que en 2012, llegó a 2,16 por ciento, muy debajo de 5,0 por ciento que propuso como meta el Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría del Minsal para el año 2010. 

Mientras tanto, en Chillán se han incrementado las consultas por diferentes trastornos. Patologías tales como las fobias, las obsesiones o la depresión ya no son algo desconocido y quien se acerca a un establecimiento de salud lo hace, pues sabe que pueden tratarse, y es así como la capacidad de atención también ha experimentado una fuerte demanda, desbordada en algunas circunstancias. En 2013, el Programa de Salud Mental (PSM) de los diversos centros de salud públicos de la provincia atendió a 25.776 personas. De este total, al menos el 80% se trata en centros de salud de atención primaria. Es decir, dos de cada 10 persona requieren atención más especializada. Por otra parte, los establecimientos de salud chillanejos concentran al menos la tercera parte de los pacientes (aproximadamente 8.000) y son la depresión, los trastornos ansiosos y los problemas asociados al consumo de alcohol y drogas, las patologías con mayor prevalencia. 

El aceleramiento y la prisa que parecen guiar el comportamiento a cada vez más habitantes de la ciudad potencian las preocupaciones. Así, la ansiedad se presenta como un estado emocional dominante (25% del total de casos). También han aumentado los registros de depresión, no necesariamente grave, que invaden de desánimo y potencian su incapacidad para afrontar dificultades o asumir iniciativas. A estos estados se suman las fobias, los trastornos de ansiedad y los obsesivos compulsivos, entre otros.

Insertos en un mundo laboral exigente, las obligaciones básicas pueden tornarse también agobiantes al punto de dificultar el afianzamiento de relaciones sociales, familiares y sentimentales sólidas que contribuyan al crecimiento espiritual. 

Otro ingrediente se revela como fundamental: la soledad. En esta era de hiperconectividad, los vínculos se han tornado muchas veces superficiales, descartables, volátiles. En consecuencia, si el ambiente se está tornando insalubre para la vida, deberíamos considerar cómo modificarlo y no potenciar al sujeto para que lo soporte al límite, como hoy lamentablemente ocurre.

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